
El calendario escolar está en la mira hace años en Argentina. Para algunos, es demasiado corto para las necesidades educativas que atraviesa el país. Para la mayoría, sin embargo, la preocupación pasa por el cumplimiento efectivo de esos 180 días que marca la ley. Ahora un nuevo informe refuerza esa inquietud: las primarias estatales argentinas están entre las que menos días y horas tienen cuando se las compara con los países miembros de la OCDE.
En concreto, si se cumplieran los 180 días de clase establecidos por ley desde 2003, los chicos tendrían 774 horas de clase por año, considerando la escasa cobertura de la jornada extendida. Pero el boletín del Centro de Estudios de la Educación Argentina (CEA), perteneciente a la Universidad de Belgrano, se sirve de otro informe para plantear que solo se cumplen un promedio de 168 días por los paros docentes, lo que da un total de 719 horas anuales.

Ese indicador ubica al calendario escolar argentino entre los más cortos del mundo si se lo compara con los países de la OCDE. De los analizados, solo queda por debajo de Francia, cuyo ciclo lectivo es de 162 días, pero que tiene una fuerte carga horaria por la presencia de la doble jornada. En el otro extremo, el ciclo escolar más extenso es el de Israel, con 219 días.
"No hay un calendario ideal porque depende de las condiciones climáticas, de las costumbres. Pero sí hay una serie de características que son importantes: una de ellas es que sea previsible, que la cantidad de días efectivos se corresponda con la cantidad de días formales. Eso permite la planificación a los docentes y a las familias", le djio a Infobae David Jaume, economista e investigador del Banco de México, autor del informe sobre días perdidos por paro docente en Argentina del que se valió el nuevo estudio.
En el plano regional, el calendario escolar argentino también está por debajo de los cinco países que toma en cuenta el informe. México, Brasil, Colombia y Costa Rica -todos con 200 días anuales- superan el promedio de la OCDE ubicado en 185. Solo Chile, con 180, está por debajo, pero al mismo tiempo tiene un ratio altísimo de horas de clase por día: 5,8.
"Nuestra escuela primaria se caracteriza por tener pocos días y pocas horas de clase. Más allá del sistemático incumplimiento del calendario legalmente obligatorio, incide el escaso acatamiento en muchas provincias de la ley que dispuso la jornada escolar extendida, aun en este siglo XXI caracterizado por los acelerados avances científicos y tecnológicos", sostuvo Alieto Guadagni, director del CEA.

En 2006 se sancionó la Ley Nacional de Educación que rige hasta hoy. En su artículo 28 estipula: "Las escuelas primarias serán de jornada extendida o completa con la finalidad de asegurar el logro de los objetivos fijados para este nivel". La meta que se fijó fue, para 2010, alcanzar al menos el 30% de cobertura. Según datos oficiales, en 2016 apenas el 14,4% de todos los alumnos de primaria estatal accedía a la jornada extendida.
"Ante la misma cantidad de días de clase, en la Argentina se dicta un 25% menos de horas que en Chile y algo similar ocurre en la comparación con Costa Rica, contemplando la cantidad de días de clase que pierden los alumnos de nuestro país debido a los paros docentes", explicó Francisco Boero, autor del estudio.
La discusión por los días y las horas va de la mano con el impacto, con cuánto influye ese tiempo más breve o más largo en los aprendizajes. Al respecto, Jaume indicó: "En muchos estudios se encuentra una relación entre cantidad de horas de clase y mejores resultados educativos. A veces no se refleja en el corto plazo, pero sí a la larga se observa. Por ejemplo, aquellos alumnos que acceden a la jornada completa mejoran sus desempeños".
La relación no es lineal: más horas de clase no siempre implican mejores aprendizajes. Hay matices. "Mientras mejor es la calidad educativa, más efecto va a tener el día adicional de clase", razonó Jaume. De hecho, una referencia como Finlandia representa uno de los países donde menos tiempo pasan los chicos en las aulas. Son múltiples las variables que entran en juego como el nivel educativo de los padres, el clima familiar y escolar, el nivel socioeconómico de la familia, cómo se alimenta y descansa el chico, entre otras. Pero también hay una coincidencia: en un contexto de urgencias educativas siempre más es más.
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