Martín Pérez, fundador de Pinny (Franco Fafasuli)
Martín Pérez, fundador de Pinny (Franco Fafasuli)

Un día de noviembre del año pasado a Martín Pérez (33) se le encendió la lamparita mientras cocinaba un ragout de cordero en su casa, en Castelar. Se tiene mucha fe con ollas y fuegos y se le ocurrió que alguien podría querer pagar por ese plato al que le estaba poniendo tanta pasión. "¿Y si pudiera venderle mi comida a otro? ¿Y si mucha gente pudiera hacerlo?", se preguntó, repasador en mano.

Desde ese momento no pudo sacarse la idea de la cabeza y a los tres meses ya estaba haciendo pruebas beta de Pinny, la primera aplicación móvil que une cocineros amateurs con clientes que buscan comprar comida casera. Invirtió USD 100.000, puso en stand by su trabajo de despachante de aduana y se focalizó en su nuevo emprendimiento.

En Pinny estiman que a fin de año venderán 1.000 platos por día con unos 2.700 chefs y 50.000 usuarios. Entonces, facturarán $1,5 millones mensuales y habrán llegado a Rosario, Córdoba, Santa Fe y Mendoza

La semana pasada Pinny comenzó a funcionar en La Plata y en los primeros días de septiembre debutará en Buenos Aires. Es similar a otras apps de moda por estos días, pero tiene un modelo más complejo que además generó polémicas varias: en lugar de restaurantes, del otro lado de las pantallas de los smartphones hay personas –chefs, profesionales o no– que cocinan en sus casas.

El tema ya causó revuelo: algunas asociaciones y cámaras de restaurantes, como Pulpa, de La Plata, sugieren competencia desleal y amagan con ir a la Justicia. Las autoridades, en tanto, ponen el foco en cuestiones bromatológicas y de cuidado que se debe tener con la manipulación de los alimentos.

La app muestra un menú geolocalizado de opciones
La app muestra un menú geolocalizado de opciones

"No hay ninguna competencia desleal: cumplimos con todo y le pedimos a nuestros chefs que lo hagan también", se defiende Pérez, que se sabe de memoria algunos tramos del Código Alimentario Argentino. Por ejemplo, el artículo 152 que describe que "las familias que en sus domicilios particulares preparen, para ser repartidas, un número no mayor de seis viandas diarias (o doce comidas)" deben avisar la autoridad sanitaria pertinente y autorizar a que "inspectores puedan entrar en sus domicilios" a controlar cómo se preparan esos alimentos.

"No va a haber problemas legales. No proponemos cocinar de formas distintas a las que permite la ley: el cocinero tiene que cumplir con la normas sanitarias e impositivas", detalla Pérez. En ese sentido, el sitio tiene un extenso documento online "con las condiciones generales de uso y contratación" que los chef deben firmar. Allí se detalla que Pinny sólo es una plataforma tecnológica, que "no es responsable de la sanidad o seguridad de los establecimientos en donde se preparan los platos" y que no "verifica el cumplimiento de las leyes y normas legales aplicables a su preparación y habilitación".

Desde la Agencia Gubernamental de Control creemos que comprar alimentos sin ningún tipo de control puede ser realmente peligroso. Les pedimos a los vecinos de la Ciudad que cuiden su salud y la de los suyos (Pedace)

"En realidad somos un marketplace que hace de nexo entre partes, como Mercado Libre. Hoy si vos comprás a través de PedidosYa, por ejemplo, una hamburguesa y te intoxicás, ¿a quién harías responsable, al que lo cocinó o al que te lo trajo?", le dice a Infobae.

Desde la Agencia Gubernamental de Control porteña aseguran que todos los lugares que elaboran alimentos para su comercialización deben estar habilitados y quiénes no cumplan con esta exigencia está actuando de manera ilícita.

Pérez invirtió USD 100.000 en desarrollar la app (Franco Fafasuli)
Pérez invirtió USD 100.000 en desarrollar la app (Franco Fafasuli)

"En la Agencia Gubernamental de Control creemos que comprar alimentos sin ningún tipo de control puede ser realmente peligroso. Les pedimos a los vecinos de la Ciudad que cuiden su salud y la de los suyos", aseguró el director ejecutivo de la ACG, Ricardo Pedace. Según el ente, entre los controles que se realizan a los comercios que elaboran y/o comercializan alimentos están las condiciones higiénicas y, también, tener vigente libreta sanitaria y el curso de buenas prácticas de manipulación de alimentos, obligatorio para quienes elaboren o vendan comida.

Cómo funciona

Pinny funcionó en modo beta en Buenos Aires a principios de este año y ahí se vendieron unos 1.000 platos por mes. Hicieron ajustes en la plataforma y primero lanzaron en La Plata, donde ya tienen más 550 chefs registrados y 2.500 usuarios activos. La primera semana de septiembre lanzarán en Buenos Aires.

El sistema tiene dos aplicaciones, una para clientes y otra para los chef. La primera usa geolocalización y muestra los platos cercanos, los precios y la descripción quienes cocinan. Pinny Chef, en tanto, es sólo para los cocineros inscriptos, quienes pueden exhibir hasta 22 platos al mismo tiempo y fijar sus precios. El pago y la coordinación de la entrega se realizan a través de la app, donde los usuarios eligen si pagan con tarjeta o efectivo.

En promedio, hoy los platos cuestan unos $200
En promedio, hoy los platos cuestan unos $200

Pérez estima que a fin de año venderán 1.000 platos por día con unos 2.700 chefs y 50.000 usuarios. En ese momento habrán llegado a Rosario, Córdoba, Santa Fe, Mendoza y alguna ciudad grande más. El sistema cobra un 12,5% de comisión por cada venta y les ofrece a los chef una lista de personas que hacen delivery para que los contraten directamente.

Hoy, el plato promedio cuesta unos $200 y si las proyecciones del fundador se cumplen en diciembre Pinny facturarían $1,5 millones mensuales. "Tenemos una cantidad de chefs muy balanceada. La mitad son profesionales recibidos y la otra es gente que les gusta cocinar. Ven a Pinny como una salida laboral, o una ayuda para la economía", dice el emprendedor.

No hay ninguna competencia desleal: cumplimos con todo y le pedimos a nuestros chefs que lo hagan también (Pérez)

Luis vive en La Plata y está en el primer grupo. Trabaja desde los 15 años en gastronomía y es el cocinero de un restaurante. "Empecé con Pinny cuando se lanzó, a mediados de agosto. Es nuevo, la gente desconfía un poco pero se mueve. Es una oportunidad maravillosa y ya estoy vendiendo. Para mí es un complemento: me cansé de renegar por la crisis", asegura. Por ahora ofrece clásicos, como carré de cerdo a la riojana con papas españolas y aros de cebolla, que cuesta unos $250, y wok de vegetales y pastel de papas, ambos por $180. "Tengo la libreta sanitaria gastronómica e hice cursos de manipulación de alimentos. Mi casa esta impecable", asegura y promete hacer pronto el alta para que lo inspeccionen.

Pinny ya está marcha. Promete delivery de comida "hecha en casa" y una salida laboral para muchos que también levanta críticas de los sectores formales de la industria. La polémica que ya está servida.

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