Leoncio Arizu llegó a la Argentina desde Unzué, un pueblito del país Vasco, en 1890. Once años después fundó una bodega con la familia piamontesa Bosca como socio. Así nació lo que hoy se conoce como Bodega Luigi Bosca-Familia Arizu, una marca que es sinónimo de exportación de vino premium local.

La empresa factura unos $1.000 millones por año y es dueña de 600 hectáreas de viñedos, en ocho fincas en las zonas mendocinas de Luján de Cuyo, Maipú y Valle de Uco. Produce unas 400.000 cajas por año, principalmente de la marca Luigi Bosca, y vende más de la mitad en el exterior.

Alberto Arizu (hijo), parte de la cuarta generación de bodegueros, está al frente de esta empresa familiar que el año pasado, por primera vez en sus 118 años de historia, abrió su capital para que ingrese como accionista L Catterton: el mayor fondo de inversión del mundo dedicado al sector de consumo que nació hace 30 año y tiene como socios a Catterton, LVMH y Groupe Arnault. Si bien no trascendieron ni el monto de la operación ni la participación del fondo en la bodega, Arizu le asegura a Infobae que el acuerdo aportará mucho al proceso de internalización de la empresa.

(Crédito: Santiago Saferstein)
(Crédito: Santiago Saferstein)

"Podemos ser uno de los competidores más importantes del mundo en los próximos años, nos preparamos durante muchas décadas para eso", asegura el empresario.

El impacto en el sector del acuerdo UE-Mercosur, la pelea previa entre integrantes de la industria por ese convenio comercial, la situación complicada del segmento y los desafíos que vienen para el país son otros de los temas a los que se refirió uno de los bodegueros más prestigiosos del país, quien además es presidente de Wines of Argentina, la entidad que nuclea a los exportadores locales.

Cualquier acuerdo que haga que nuestra porción de mercado se amplíe, que podamos acceder a mercados de mejor calidad, con mayores ingresos per cápita que permitan pagar mejor por los vinos, es una noticia más que positiva

Arizu se recibió de administrador de empresas de la Universidad Nacional de Cuyo, tiene un posgrado en marketing estratégico de la United States International University de San Diego, en EEUU, y realizó un Programa de Desarrollo Directivo en el IAE.

— ¿Cuál es tu opinión sobre el reciente acuerdo anunciado con la Unión Europea?

— Hay dos grandes drivers de la expansión del negocio internacional de vinos. Uno es la premiumnización: los países consumen menos pero cada vez de mejor calidad. Segundo, el comercio internacional. Hace 20 años de todo el conjunto de vinos que se consumían en el mundo el 29% era producto del intercambio comercial, hoy es el 44%. Prácticamente se duplicó. Cualquier acuerdo que haga que nuestra porción de mercado se amplíe, que podamos acceder a mercados de mejor calidad, con mayores ingresos per cápita que permitan pagar mejor por los vinos, es una noticia más que positiva. Este es un gran paso para llevar a la Argentina a otra instancia. Vamos a tener, con el acuerdo Unión Europea-Mercosur, acceso a casi el 30% del PBI mundial cuando antes teníamos acceso al 3%. Esto genera una serie de elementos que van a poner en agenda a la Argentina, pero también tenemos que pensar hacia adentro cómo empezamos a equilibrar nuestras asimetrías respecto a estos nuevos socios que son más competitivos.

La bodega nació en 1901
La bodega nació en 1901

— Justo en los días previos a la confirmación del acuerdo hubo un duro debate público en la industria. Y agrupaciones que decían que el convenio no era bueno para el sector. Se habló de la "guerra del vino".

— Más allá de los títulos, fueron opiniones y es válido en un sector que tiene una cadena de valor tan amplia, una economía regional que tiene tanto impacto. Que existan distintas opiniones es válido y constructivo. Hay algunos que ven que a partir de este acuerdo podemos llegar a tener ciertas vulnerabilidades: los vinos europeos van a tener también arancel 0 para importarse a la Argentina, y los nuestros para Europa. Lo que demuestra la historia es que estos acuerdos en general favorecen a industrias con elementos competitivos. Lo vemos en la experiencia de Chile y Australia, dos fuertes competidores nuestros. No me preocupa lo que los vinos europeos puedan hacerle al mercado argentino. Producimos vinos de extraordinaria calidad con una relación de precio impresionante.

El acuerdo genera una serie de elementos que va a poner en agenda a la Argentina, pero también tenemos que pensar hacia adentro cómo empezamos a equilibrar nuestras asimetrías respecto a estos nuevos socios que son más competitivos

— ¿Podemos competir?

— Muy tranquilamente. Ahí no veo ningún problema. Uno podría pensar que también en Brasil. Brasil es un mercado muy apetecible y Argentina ha tenido una ventaja competitiva respecto a los aranceles por nuestro tratado de Mercosur.

— Por ahí venía parte del cuestionamiento de algunos sectores locales.

— Posiblemente.

Lo que demuestra la historia es que estos acuerdos en general favorecen a industrias con elementos competitivos. Lo vemos en la experiencia de Chile y Australia, dos fuertes competidores nuestros

— Por perder esa ventaja para exportar a Brasil.

— No, no perdés ventaja. Equiparas la ventaja con los europeos. Ahí hay una buena demostración: un país que lo hemos tenido atado con arancel cero durante muchísimos años y sin embargo fuimos perdiendo lugar. Ninguna ventaja arancelaria garantiza preferencias de los consumidores. Argentina tiene todavía mucho por ganar en Brasil: aún con aranceles, hoy Portugal exporta más a Brasil que nosotros, e Italia está por superar a la Argentina.  Estos acuerdos comerciales generan un ámbito de intercambio comercial que retroalimenta los bloques y favorece las inversiones, no es lo mismo venir a invertir a un país que tiene acuerdos comerciales con el 33% del PBI mundial que hacerlo a un país que tiene su economía totalmente cerrada.

Arizu en Infobae (Crédito: Santiago Saferstein)
Arizu en Infobae (Crédito: Santiago Saferstein)

— El vino fue uno de los últimos puntos que se acordaron en este debate entre países en Bruselas hace algunos días. ¿Cuáles fueron las variables de ese intercambio y por qué la industria pesó tanto en esta discusión?

— El vino siempre fue un capítulo conflictivo, principalmente por Brasil, un país que ha tenido una postura muy cerrada. Es inexplicable. Hay otros países que tienen una vitivinicultura con ciertas posibilidades, como México, pero con su actividad empresaria abierta. Brasil debería haber tenido esa postura, pero no la tiene. Siempre fue cerrado, siempre hemos tenido conflictos con Brasil de esa índole.

— ¿Por qué se da esa situación?

— Han tenido siempre una mirada negativa sobre la competencia. Ahora, dentro del acuerdo, quedaron bien y lo pelearon. Uno de los productos donde más competitivos son es en los espumantes. Los espumantes tuvieron un tratamiento distinto que los vinos por Brasil, por las chances de competir que tiene.

Parte de la familia Arizu (Foto: Luigi Bosca)
Parte de la familia Arizu (Foto: Luigi Bosca)

— ¿Cómo está Luigi Bosca?

— Estamos trabajando, como siempre. La bodega tiene un enorme desafío para los próximos años que es realmente salir al mundo a competir. Como lo hicimos en los últimos 20 años, pero sobre una base distinta.

— Históricamente son una de las empresas bandera de la exportación local.

— Sí, más allá de la historia que nos liga a este país, Luigi Bosca fue una bodega que rápidamente se plegó a la onda expansiva que trajo la exportación hacia mediados de la década del '90. Lo hicimos de manera súper decidida, de hecho somos unos de los primeros diez exportadores argentinos en valor. Hacia el futuro hay un desafío porque gran parte del negocio va a pasar por la exportación y no porque el mercado doméstico pierda relevancia sino porque los principales drivers de expansión van a venir del mundo. Argentina ocupa apenas 2,7% del share mundial, hay muchísimas oportunidades. Nuestros competidores más cercanos, más directos, como Chile o Australia tienen hasta el 12% de share mundial. Por su infraestructura y calidad, perfectamente el país podría ser un jugador de primer nivel internacional. Vemos esa competencia y creemos que tenemos muchos atributos para poder liderar esa onda de expansión.

Argentina tiene todavía mucho por ganar en Brasil: aún con aranceles, hoy Portugal exporta más a Brasil que nosotros, e Italia está por superar a la Argentina

— Hace algunos meses anunciaron un acuerdo con el fondo L Catterton que ingresó a la compañía como socio. ¿Cómo fue ese proceso?

— Para el plan de negocios que teníamos previsto para los próximos años decidimos abrir nuestro capital e invitar a una compañía como L Catterton, con su experiencia internacional y sus diferentes inversiones alrededor del mundo que generan un networking muy particular, muy importante para nosotros. En el mundo es muy común tener empresas con el 80% de su capital abierto al mercado; en la Argentina es apenas el 20%. No solo compañías que llegan a comprar otras, sino que deciden invertir en empresas para ayudarlas a potenciar su salida al mundo.

— ¿Cómo fue tomar la decisión dentro de una empresa netamente familiar?

— La bodega tiene 118 años, para ser exactos. No es una decisión que se toma de la noche a la mañana. Llevó su tiempo, su maduración. Lo más importante fue que primero tomamos la decisión nosotros, la familia, de empezar a ver la posibilidad de abrir el capital, de poner la compañía en otro lugar. Lo que nos motivó en estos 118 años de historia fue la ambición de crecer, de producir los mejores vinos del mundo, poder exportarlos y venderlos localmente para ampliar nuestra base de consumidores. Eso llevó un tiempo madurativo interno y después llevó un tiempo también con nuestros socios, para encontrar el formato en el cual ambos estábamos cómodos.

Aruzi es cuarta generación de bodegueros (Crédito: Santiago Saferstein)
Aruzi es cuarta generación de bodegueros (Crédito: Santiago Saferstein)

— ¿Y entre los integrantes de la familia hubo mucho debate sobre la apertura?

— No, la mirada siempre fue positiva y proactiva. Internamente no tuvimos diferencias con eso. Se discuten los caminos posibles para llegar al mismo objetivo, pero no se discute el objetivo. Hubo mucha cohesión y también fue un ejercicio familiar muy sano.

— Hablemos un poco de la industria. Más allá del acuerdo, ¿cómo describirías la situación de la industria en este momento?

— La situación no es fácil para el sector. Viene atravesando distintas problemáticas en una economía que no termina de hacer pie. Ahora empezamos a ver las cosas con una mirada más positiva, parece que la economía de a poquito va saliendo y encauzándose. Argentina viene con problemas macroeconómicos desde hace mucho tiempo. Tenemos, en los últimos casi 15 años, niveles de inflación que hoy prácticamente no existen en el mundo. Eso es lapidario para un sector como el nuestro, que además tiene bastante escasez de recursos de financiación. Tenemos una carga impositiva muy grande, que supera el 50%, cuando nuestros principales competidores en el mundo no llegan al 25. Eso genera un ámbito de asimetría en términos de competitividad. 

Las reformas impositiva, fiscal, previsional, laboral creo que son temas de fondo que Argentina tiene que resolver. Tenemos una legislación laboral que, en líneas generales, tiene más de 50 años. En un mundo donde cambió todo

— Con algunos debates en sectores como bancos y pilotos, estos días volvió a hablarse de la reforma laboral. ¿Es necesaria?

— Sí, definitivamente. Las reformas impositiva, fiscal, previsional, laboral son temas de fondo que Argentina tiene que resolver. Tenemos una legislación laboral que, en líneas generales, tiene más de 50 años. En un mundo donde cambió todo. Se hicieron algunos intentos muy buenos; no de reforma pero sí de flexibilización, o mejor dicho de negociación, como en Vaca Muerta, que dieron muy buenos resultados. Tanto desde la mirada sindical, como desde la empresarial hay que lograr consensos para conseguir esa tan ansiada competitividad. Pero todo en base al diálogo. Nos merecemos todos como argentinos tener esta discusión en buenos términos, de manera pacífica, planteando temas que son trascendentales, de fondo, y que van a legislar la actividad argentina en los próximos 50 años.

— La última, ¿dónde ves a Luigi Bosca en 10 años?

— Definitivamente, somos muy ambiciosos y estamos convencidos que tenemos un valor muy grande en lo que hacemos. Luigi Bosca puede ser una de las grandes marcas globales del mundo en el nivel alto de calidad de vinos. Podemos ser uno de los competidores más importantes del mundo en los próximos años, nos preparamos durante muchas décadas para serlo. Tenemos un nombre muy fuerte y una experiencia de 120 años con una mirada muy abierta al negocio internacional que nos va a permitir llegar a ese objetivo.