Robots que surcan las pampas, máquinas inteligentes por todos lados y una revolución que impacta en la vida cotidiana, la macroeconomía y el trabajo. Ese es, a grandes rasgos, el terreno de estudio y análisis de Ramiro Albrieu, el economista de la UBA e investigador principal de Desarrollo Económico del Cippec (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento).

¿Se puede hace foco en la revolución de la Inteligencia Artificial (IA) y su influencia en el PBI en estos días de extrema volatilidad económica en la Argentina? Albrieu no dudó en responderle a Infobae con un contundente "sí, claro, se puede". Si bien reconoce que es "más difícil" en el contexto actual, está convencido de que hacerlo será vital para salir mejor parados de este escenario de crisis. Todo en medio de lo que él define como la "cuarta revolución industrial", un proceso de refundación global del que saldrán ganadores y perdedores. "La ventana está abierta por un tiempo. Hay que entrar rápido y bien", asegura.

Hay a nuestro alrededor una revolución tecnológica que va a ocurrir más allá de lo que se haga acá

– Un concepto que usás mucho en tus trabajos es el de la "cuarta revolución industrial". ¿Cómo lo definirías?

– Hasta mediados del Siglo XVIII el PBI per cápita, el bienestar de cada uno, era constante. No pasaba nada. Hasta que hubo una apuesta por la tecnología. La idea de progreso que tenemos no existía, llegó con las revoluciones tecnológicas. La primera con la máquina de vapor y las textiles, la segunda con la electricidad y la tercera con las TIC (Tecnologías de la Información). Lo que está pasando ahora es que vivimos un episodio tan disruptivo como esos tres del pasado. Fueron los únicos en toda la historia de la humanidad que permitieron que las economías crezcan. Entonces, cuando uno mira lo que está pasando ahora con IA, aparecen tecnologías que están generando un efecto disruptivo en la economía que es tan grande como los del pasado. Éste proceso recién empieza y hay una ventana de oportunidad que se abre. Todavía no se sabe qué países van a liderar: en el pasado, el que condujo en términos de adopción de tecnología, terminó siendo líder global.

– ¿Quiénes por ejemplo?

– El Reino Unido en la primera revolución industrial, Estados Unidos con la electricidad y Asia emergente, China, con las TIC.

El economista en los estudios de Infobae
El economista en los estudios de Infobae

– ¿Y quién asoma para quedarse con esta cuarta revolución?

– Todavía no sabemos quién. Recién hace tres o cuatro años que IA pasó a ser una tecnología. Cuando los economistsa vemos estos procesos, enseguida ponemos el ojo porque ahí es donde aparecen las ganancias de bienestar que permanecen en el tiempo.

– ¿Hay forma de adaptar IA, machine learning, la robótica y los desafíos para el mundo del trabajo, algo que fue uno de los temas del G20 durante la presidencia de Argentina, en la difícil coyuntura local?

– Hay a nuestro alrededor una revolución tecnológica que va a ocurrir más allá de lo que se haga acá. Y va a generar ganancias de productividad y oportunidades de crecimiento en los países que aceleren el cambio. Si acá no se hace, si se sigue pensando en una dinámica muy de corto plazo, se lo va a terminar pagando porque no se cobrará el dividendo de ese crecimiento económico. Otros países lo van a cobrar. Trabajaremos con tecnologías más antiguas, no se van a poder pagar los mismos salarios que en otros países, van a aparecer los conflictos, se va a tener que proteger a la economía… Un poco lo que ya nos pasó cada vez que nos rezagamos en términos tecnológicos. Esta coyuntura, que es más de crisis y ajuste, también nos tiene que ayudar a pensar cómo vamos a crecer cuando salgamos. Necesitamos un modelo para crecer y no caer de nuevo en cinco años. La tecnología es la principal fuente de crecimiento.

Cuando se mira el mercado del trabajo los resultados no son tan buenos, apenas el 15% tienen las habilidades que complementan a las nuevas tecnologías

– ¿Cómo le fue a la Argentina en la revoluciones anteriores?

– En general, no las aprovechamos. Con las TIC no nos fue tan mal, pero países de la región lo hicieron mejor. No hay que compararse con China: Costa Rica, Chile y Perú les fue mejor que a nosotros. Por otro lado, es difícil hablar de la "economía Argentina". Hay sectores que están conectados al mundo, que están en la frontera tecnológica, pero salís de ese micromundo, de esa isla, y todo es mucho más heterogéneo, con grandes brechas de productividad. Cuando uno piensa dónde está Argentina, en realidad depende el tipo de empresa, del sector, de muchos factores.

Hay muchas iniciativas dentro del Gobierno que me parece que son las correctas; incluso tendrían que haber empezado un poco antes, hace cuatro o cinco años

– Hay un consenso en el mundo emprendedor de alto impacto que destaca el talento del argentino en cuestiones como creatidad y habilidades tecnología. ¿Eso es así o es una ilusión?

– Cuando uno mira historias específicas o los grandes jugadores en América Latina, Argentina aparece como un país bastante dinámico. Pero en realidad es un conjunto de empresas, una pequeña porción de mercado de trabajo. Islas con gente muy capacitada, pero pocas. Esas compañías, muchas del agro, por ejemplo, "vuelan" en el mundo. La gran pregunta es cómo hacemos para tener cien unicornios en lugar de cuatro.

Inteligencia Artificial aplicada al campo
Inteligencia Artificial aplicada al campo

– ¿Cómo hacemos?

– Cuando se mira el mercado de trabajo los resultados no son tan buenos, apenas el 15% tienen las habilidades que complementan a las nuevas tecnologías. Estados Unidos tiene un tercio, que igual es poco, pero allá una empresa sale a buscar talento y lo encuentra. Ese 15% es parecido en Brasil y México. El gran desafío es cómo se tracciona al resto, a los que creen que la inteligencia artificial es un robot que quiere conquistar el mundo. Todavía estamos en esa etapa en mucha de nuestra estructura de productividad.

– ¿Cuán lejos estamos de aprovechar o no esa ventana de oportunidad que todavía hay para subirnos a la cuarta revolución?

Si nos comparamos con los países que están liderando, como Alemania, obviamente estamos muy lejos. No sólo en términos de capacidades o competencias, sino en el conocimiento de las empresas y las políticas públicas. La llamada a la acción que es para todos, porque si vamos a aprovechar la ventana, este statu quo no es una opción. Cuando se mira la penetración de las nuevas tecnologías en el sistema productivo argentino se ve que es muy baja. Una de cada veinte empresas puede llegar a tener alguna noción o estar implementando algún plan. En Alemania es una de cada cinco o una de cada seis.

Albrieu es economista del Cippec
Albrieu es economista del Cippec

– ¿Cuál es el camino que siguió Alemania?

Llevó adelante un plan súper ambicioso que involucró al mismo tiempo a las empresas de frontera y a las que tenían miedo de cambiar. Un plan para llegar a las compañías de muchas maneras y adaptar las habilidades de los trabajadores junto con los sindicatos. Planes financieros, planes de desgravaciones impositivas, todo un paquete sistémico. También con políticas que estudian hacia adelante las habilidades que van a importar para luego ir al sistema educativo a decir para donde tiene que ir la currícula. Nosotros todavía fallamos en tener instituciones de aprendizaje. No somos buenos generando conocimiento en nuestro sistema de formación. Hay mucho para hacer. Casi todos los países asiáticos tienen planes de industria 4.0 que ahora son planes de IA. Son ambiciosos y tratan de atacar la heterogeneidad, llegar al de arriba y llegar al de abajo. En Argentina y en América Latina, en general, recién estamos pensando estas ideas. Tenemos que ir un poco más rápido porque los países que ya empezaron ya están sacando diferencias en esa carrera.

Si bien estos temas no son tan urgentes como saber cómo se va a acomodar la macroeconomía, también hay que entender que incluso la forma en la que ajustamos hoy nos va a determinar los espacios para poder crecer

– ¿Cuánto peso tiene que tener el Estado en este proceso? ¿O es un tema de privados?

– El sector privado es el agente innovador. Si no está no hay nada. Hablamos de actividades de mucho riesgo y las políticas públicas tienen que absorber una parte, entender que son cosas que le sirven al país. Es muy difícil para una startup, por ejemplo, encontrar financiamiento porque vende algo que es el futuro y acá nosotros estamos acostumbrados mirar el pasado, a pedir la garantía y no ver el proyecto. Internet, sin ir más lejos es un subproducto de la política pública de innovación de EEUU. Además, los primeros procesos de innovación tienen que ver con fallar, con equivocarse y probar otra vez, y ahí también tiene que estar lo público. ¿Quién puede arriesgar su capital dos o tres veces? ¿Cuánto financiamiento nuevo vas a conseguir si te equivocaste? Es difícil pensar que los dos sectores solos pueden liderar ese proceso. Tiene que ser especie de matrimonio entre la inventiva y la toma de riesgo del sector privado con mucho de soporte de lo público.

“IA no tiene nada que ver con los robots”, asegura el especialista
“IA no tiene nada que ver con los robots”, asegura el especialista

– ¿Se puede hablar de financiamiento para startups en un contexto de tasas de interés a más de 70 por ciento?

– Es más difícil hablarlo en este contexto que en otros. Hay países estables que tienen ventanas de cinco o diez años para pensar políticas públicas, nosotros no la tenemos. Hay que entender que la oportunidad está y la vamos a perder. Si queremos crecer sostenidamente en 2022-2023, lo tenemos que pensar hoy porque cuando llegue ese momento no va a estar abierta la oportunidad para decir "bueno, me subo a la ola". Esa ola habrá pasado. Si bien estos temas no son tan urgentes como saber cómo se va a acomodar la macroeconomía, también hay que entender que incluso la forma en la que ajustamos hoy nos va a determinar los espacios para poder crecer. Y eso conecta con muchas de las discusiones que hay ahora. Las políticas públicas activas requieren de financiamiento para Ciencia y Técnica, por ejemplo.

– Está pasando todo lo contrario.

– Sí, como parte del ajuste. Es la historia argentina: siempre que hubo ajuste vino de la inversión pública y ciencia y técnica. Hoy nadie se va a quejar, pero si vos tocás ahí no vas a poder crecer mañana.

– ¿Ves al Gobierno y al arco político en general preocupados por perder estas oportunidades?

– Hay muchas iniciativas dentro del Gobierno que me parece que son las correctas; incluso tendrían que haber empezado un poco antes, hace cuatro o cinco años. Se está empezando a discutir el Plan Nacional de Inteligencia Artificial y hay muchas iniciativas en mesas sectoriales de Producción sobre tecnología. Pero al final del día es difícil llegar a cosas concretas por la urgencia, el ciclo electoral y todo lo que pasa ahora. Me gustaría un sistema político que esté un poco más involucrado con lo que va a pasar en los próximos cinco años. Uno encuentra interlocutores –incluso en sindicatos–, pero es difícil en esta coyuntura no terminar discutiendo cosas muy del día a día. Así, se hace mucho más desafiante recomendar políticas, pero con las nuevas tecnologías se puede sostener el crecimiento un punto porcentual al año por una década. Es un montón.

Machine learning, otra de las tecnologías disruptivas de la cuarta revolución
Machine learning, otra de las tecnologías disruptivas de la cuarta revolución

– ¿Cómo nos va a cambiar la vida la inteligencia artificial?

Con IA hay mucho miedo, mucha ansiedad. Googleás y te aparece un robot, un androide. No tiene nada que ver con eso: es simplemente una mejor forma de usar datos. Son máquinas predictivas. Los humanos somos buenos guardando información evolutiva, pero no para almacenar información diaria. Eso lo hacen mejor las máquinas, es así. El conflicto viene porque está sacándonos de encima como sociedad un montón de tareas que a nadie le gustaba hacer, pero las sociedades no están 100% preparadas para dejar de hacerlas.

– Por eso impacta muchísimo en el mundo laboral.

Todas esas tareas que son rutinarias, y que antes estaban bien pagadas, las máquinas las hacen mejor. En el país hay muchas empresas que son ejemplo de esto, muchas del agro. Antes había un experto que miraba el cielo y decía en qué momento cosechar. Ahora ahí ganan las máquinas, son mejores. Y la ganancia productiva es mucho más alta que cuando tenías al especialista parado en el campo. Puedo dar ejemplos de casi cualquier sector porque IA, machine learning y otras disruptivas pertenecen a familia selecta de las "tecnologías de propósito general". Es un nombre aburrido, pero son las que cambian todo. Un robot es caro y lo pueden usar empresas grandes, como las automotrices. IA puede estar en cualquier computadora o sensor. Todo esto genera oportunidades y también un conjunto de riesgos: todos esos datos están ahí, alguien los tiene, alguien los puede vender.

Se necesita una especie de gobernanza global de las transacciones digitales. Es un desafío grande porque estamos bastante lejos de ponernos de acuerdo a nivel global sobre qué hay que hacer y qué no

– ¿Una reforma laboral en la Argentina tendría que tener en cuenta todos estos temas?

– Sí. Pero la penetración de lo digital en los mercados de trabajo, salvo en algunos casos, todavía es relativamente baja. La economía de plataformas, desde Wework hasta Rappi, es una parte todavía muy pequeña de la economía. Puede ser el 2% de la población activa.

– Sin embargo ya genera mucha tensión y hubo protestas.

– Si, porque con el tiempo vamos a ir para ahí. Los países todavía no saben bien cómo regular esto y no es tan fácil delimitarlo geográficamente.

– ¿Cómo se tendría que regular?

– Hay un capítulo importante que es el global. El mundo digital no tiene fronteras y también está lo tributario. Se necesita una especie de gobernanza global de las transacciones digitales. Es un desafío grande porque estamos bastante lejos de ponernos de acuerdo sobre qué hay que hacer y qué no. Después hay empresas que dan servicios físicos y que muchos son de baja calificación, tipo Rappi y Uber. Tendríamos que trabajar en cómo sería la regulación, pero el objetivo no tendría que ser mantener la que existe, que está hecha para otro mundo. Estas leyes incluso no incorporan un 30% de trabajadores que están en el mundo informal. Tratamos de parecernos a los países ricos, pero ellos ya están reformándose porque lo que tienen no les sirven para el mundo que se viene. Hay que hacer un atajo entendiendo que lo importante es mantener los beneficios. Por ejemplo, una empleada trabaja hace veinte años y tiene beneficios sociales de su compañía. En el futuro difícilmente alguien trabaje tanto tiempo en una empresa por eso ese beneficio tendría que ser portable, de la persona.

Al final del día es difícil llegar a cosas concretas por la urgencia, el ciclo electoral y todo lo que pasa ahora. Me gustaría un sistema político que esté un poco más involucrado con lo que va a pasar en los próximos cinco años

– Decime tres cosas que Argentina no hace y que tendría que hacer para no perder oportunidades.

Hay que repensar en serio los sistemas de aprendizaje, en todos los niveles, para poder empezar a incluir lo digital. Y evaluar ese aprendizaje, algo que nos cuesta mucho hacer. Sindicatos y empresas deben trabajar más en conjunto para que los sistemas de formación y capacitación profesional y técnica funcionen mejor. El segundo desafío es llegar a las empresas: se puede tener mucho capital humano, pero si no hay negocios que usen la tecnología, no va a funcionar. Y la tercera pata es la del mundo laboral, la regulación. No creo que en el contexto en el cual hoy se discute la reforma laboral estemos pensando en estas cosas. En estos tres mundos tendríamos que empezar a trabajar más fuerte si queremos aprovechar las oportunidades que nos está dando el mundo.

– ¿Del 1 al 10 mundo qué nota tiene Argentina de cara a la cuarta revolución industrial?

– Depende del sector de la economía que se mire. Somos tan diversos que una nota promedio sería injusta para los de arriba y también para los de abajo.

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