Donald Trump, en la cena que compartió con el líder chino, Xi Jinping, en Buenos Aires. (AP)
Donald Trump, en la cena que compartió con el líder chino, Xi Jinping, en Buenos Aires. (AP)

No cabe duda de que el proteccionismo es consecuencia inmediata del populismo. El primero se refiere a la política económica centrada en "proteger" la economía nacional frente a la amenaza de importación de productos y bienes, que brindan competencia en el mercado interno. Y el populismo se focaliza en generar bienestar inmediato, claro que a costa del futuro al debe hipotecar; por ello, le abre la puerta al proteccionismo.

Las democracias pueden enfermarse de populismo porque los políticos tratan de ganar votos con un bienestar momentáneo para la sociedad. Surge así el proteccionismo, hoy, con el argumento de que la globalización no trae beneficios para todos.

La libertad de comercio se halla en la vereda de enfrente del proteccionismo.

Si un país tiene tal libertad, las barreras de entrada son bajas o nulas, por lo tanto los precios de los productos y servicios resultan más baratos, porque son importados desde países con costos internos más reducidos.

Así muchas empresas tienden a desaparecer y, en consecuencia, los puestos de trabajo involucrados caminan hacia su extinción. Este es el caso de EEUU que importa bienes más baratos desde Asia. Ello es una realidad. Pero también lo es que con la entrada de bienes, los consumidores, es decir la gente mejora su capacidad adquisitiva y eleva su nivel de vida.

Los políticos tratan de ganar votos con un bienestar momentáneo, por eso apelan al proteccionismo

Donald Trump ha interpretado el enojo de los desocupados y de aquellos que temen perder sus trabajos. Por ello, ha impuesto nuevos aranceles para disminuir la entrada, por ejemplo de acero y aluminio, del exterior donde los salarios son más reducidos.

La política de Trump intenta reducir drásticamente la importación, fundamentalmente de China, con aranceles sobre el acero, el aluminio y diversos productos tecnológicos y de telecomunicaciones. Los aranceles impuestos no sólo se aplican a las importaciones de este país, sino de otras economías como Japón, Australia, Brasil, la Unión Europea, etcétera.

Su propósito es bajar en un tercio el déficit comercial con China que, en el año 2017 llegó a 337.000 millones de dólares.

Ahora bien, no es sencillo tomar medidas como éstas sin recibir golpes. Los países suelen tomar represalias. Y ello es lo que sucede con China.

Hoy EEUU está envuelto en una guerra comercial con China, donde ambos y todos los demás países quedan sometidos a frenos en sus economías. Porque con esta guerra pierden todos.

La soja es la principal arma que muestra China para contraatacar. Y vaya que golpea con cruenta fuerza sobre la balanza comercial de EEUU.

A pesar de las medidas proteccionistas de EEUU su déficit comercial se ha incrementado

Mire el lector la contundencia de las pruebas. El déficit comercial de EEUU se ha incrementado; así ha llegado a un nivel máximo en 10 años. De acuerdo al Departamento de Comercio, el rojo comercial de octubre llegó a 55.000 millones de dólares. Se trata del déficit más elevado desde octubre de 2008. ¿Por qué? La respuesta está en la represalia china. Las exportaciones de soja cayeron abruptamente, a resultas de los aranceles aplicados por el gobierno oriental.

Hoy EEUU acumula, por tal represalia, un impresionante stock final de algo más de 24 millones de toneladas de soja. Para tomar una idea de lo que representa, vale remarcar que en el quinquenio anterior el nivel de stock final giraba entre 3 y 4 millones de toneladas. Imagine el lector cuán satisfecho está el productor agrícola estadounidense.

Para quien todavía crea en las bondades del proteccionismo, permítanme contarles que, según los datos oficiales, el déficit se ha incrementado un 11,4% en lo que va de año con relación al mismo período del año anterior.

El remedio más que curar está agravando la enfermedad... ¿no?

 

(*) Manuel Alvarado Ledesma es Economista y Profesor de la UCEMA