
El proceso para asegurar la importación de gas natural licuado (GNL) durante el invierno de 2026 en la Argentina experimentó un giro inesperado: ante la paridad en las ofertas de Naturgy y Trafigura, y en medio de una coyuntura internacional marcada por precios elevados y menor disponibilidad, será finalmente el Estado, a través de Enarsa, quien asumirá la responsabilidad de compra y logística de este recurso esencial.
Fuentes oficiales señalaron a Infobae que la decisión obedece “a la suba y volatilidad del precio internacional, agravada por el conflicto en Medio Oriente: no es momento de convalidar condiciones que puedan sumar costos al sistema justo cuando Argentina está bajando el uso de GNL”. “La estrategia no cambia: seguimos convencidos de privatizar esta operatoria y avanzar hacia un esquema competitivo, transparente y con señales de precio para que se conozca el costo real de la energía”, agregaron.
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El objetivo inicial era que el sector privado se hiciera cargo de todo el proceso: desde la coordinación de los buques y la gestión de inventarios, hasta la operación de la terminal y la asunción de los riesgos comerciales, es decir, cualquier variación en los costos o en la demanda. Para esto, se preveían contratos anuales y la licitación debía adjudicarse a la empresa que ofreciera el menor costo total, sumando tanto el precio internacional del GNL como los gastos logísticos asociados. Tiempos y costos habría demorado el esquema, que se espera se implemente en 2027.
Según estimaciones de la industria, este año se deberían importar entre 20 y 24 buques de GNL. A pesar del superávit energético récord que viene mostró la Argentina en el primer trimestre —con un saldo positivo de USD 2.405 millones— el país todavía necesita importar GNL durante los meses de invierno. La razón no es falta de recursos, sino una combinación de factores estructurales. Por un lado, la demanda de gas se dispara de forma estacional con las bajas temperaturas, especialmente en el consumo residencial. Por otro, la infraestructura de transporte y almacenamiento no alcanza para trasladar todo el gas desde las cuencas productoras hacia los centros de consumo. En ese contexto, el GNL funciona como un seguro para cubrir esos faltantes puntuales y garantizar el abastecimiento del sistema. Sin embargo, la mayor parte del gas importado será destinado a la industria.
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Cabe destacar que hasta el año pasado, el Estado importaba GNL a precios internacionales—entre USD 15 y USD 17 por millón de BTU—y lo revendía en el mercado local subsidiando hasta cerca de USD 2,7 por millón de BTU. El Gobierno quería eliminar esta intervención pública.
La licitación inició en febrero y llegó a su instancia final con dos propuestas. Una, de la firma española Naturgy y la otra, del gigante petrolero Trafigura que en la Argentina comercializa la marca de combustibles Puma. Ya por esos momentos, referentes de la industria energética alertaban sobre la necesidad de acelerar los plazos, ya que, históricamente, el Estado concretaba la compra de los buques de GNL para el invierno durante los primeros meses del año.
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Sin embargo, la ronda siguió hasta la semana pasada. La diferencia entre las propuestas económicas de las empresas en la última ronda de la licitación fue inferior al 1%, un margen particularmente estrecho. Naturgy ofertó USD 4,50 por millón de BTU, mientras que Trafigura presentó USD 4,57. Esta paridad se produce en un contexto donde, según precisó la Secretaría de Energía, el precio spot internacional del GNL trepó hasta USD 22 por millón de BTU, más del doble del valor observado en febrero, tras la escalada del conflicto armado que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán.
El costo de la importación de GNL podría duplicarse respecto a 2025
Juan José Carbajales, economista especializado en energía, calculó, en diálogo con Infobae, que la compra de GNL para cubrir el invierno de 2026 podría alcanzar USD 1.400 millones, una cifra que duplica la estimada para el año anterior. El incremento en el costo, explicó Carbajales, obedece principalmente a la disparada global de los precios de la energía producto de la crisis en Medio Oriente, que no solo elevó los valores sino que complicó la disponibilidad de cargas y buques en el circuito internacional.
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De esta manera, la incertidumbre sobre la adjudicación y los valores ajustados también reflejan el nuevo esquema de consulta que implementó la Secretaría de Energía este año. Por primera vez, la administración consultó directamente a las distribuidoras, omitiendo la habitual intervención de Enarsa, las transportistas y el Enargas. El cambio obedeció a la urgencia de definir el volumen de importación ante el impacto de las fluctuaciones internacionales y de la menor oferta vinculada al conflicto bélico, tal como detalló Carbajales.
En la licitación vigente, la diferencia de precios entre los oferentes había generado una situación inusual: en la primera ronda, Trafigura había presentado una oferta de USD 4,91 por millón de BTU, apenas USD 0,04 por debajo de los USD 4,95 propuestos por Naturgy. Esta diferencia mínima activó el mecanismo de desempate contemplado en el pliego, lo que derivó en una nueva reducción de los precios en la última ronda. Pero el contexto internacional alteró los supuestos iniciales: la volatilidad de los costos y la incertidumbre global hicieron que la definición quedara en manos de la Secretaría de Energía, que postergó la adjudicación definitiva y anunció una nueva revisión de “costos y condiciones”.
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Frente a este escenario, Enarsa, la empresa estatal con casi dos décadas de experiencia en el proceso, retomó un papel protagónico. Según adelantó el medio especializado Econojournal, Enarsa ya inició gestiones para asegurar la llegada de los dos primeros buques en mayo, anticipándose a la baja de temperaturas propia del inicio del invierno.
La conjunción de precios internacionales en alza, la menor oferta y una licitación sin definición obligó a que el Estado argentino retome el control de la importación de GNL, dejando en manos de Enarsa la tarea de garantizar el abastecimiento energético en un contexto de alta volatilidad global y márgenes cada vez más estrechos para los privados.
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