-Más vale que me quede bien, porque si no, te mato.
Hernán Gumy estaba recostado en una camilla, con la cara inflamada, mientras Walter Mira, médico del equipo argentino, le aplicaba dos puntos de sutura debajo de un ojo. Media hora después, el herido tenía que salir a jugar por la Copa Davis.
“Aún tengo la marca. Y fue sin anestesia”, recuerda. Minutos más tarde, en el Buenos Aires Lawn Tennis, Gumy (entonces 113° del ranking ATP) derrotaría al eslovaco Karol Kucera, número 6 del mundo, por 6-1, 6-1 y 6-4. En aquella tarde de septiembre de 1998, el apodo de Titán dejó de ser una etiqueta simpática para transformarse en una definición.
Hoy, a los 54 años, el ex jugador sonríe. “Ya nadie me dice Titán. Hay que tener mucha memoria para acordarse”, comenta a Infobae con la misma sencillez que lo acompañó durante toda su carrera.
A finales de la década del ‘90, el tenis argentino no pasaba por su mejor momento. Guillermo Vilas y José Luis Clerc ya habían quedado lejos en el tiempo. Gabriela Sabatini había anunciado su retiro en octubre del ‘96. A la Legión aún le faltaba un puñado de años para explotar.
La televisión de aquellos días la dominaban Susana Giménez, Nicolás Repetto y Julián Weich. En la radio seguía con su liderazgo Héctor Larrea con su clásico Rapidísimo, que se metía en las cocinas de los hogares argentinos. En los cines de la peatonal Lavalle se cortaban tickets para Caballos Salvajes y 101 Dálmatas. En la música, hacía varios años que Madonna era un aluvión imparable.
Los abanderados albicelestes del tenis masculino eran, por entonces, Javier Frana y Hernán Gumy, alias Titán, por su actitud de nunca darse por vencido.
Su único título ATP llegó en Santiago de Chile en 1996, cuando venció al local Marcelo Ríos, ex número 1 del mundo, con más de 4 mil personas en contra en el club Universidad Católica. No fue casualidad: Gumy construyó su carrera desde la resistencia, en escenarios adversos y partidos largos.
Esa identidad tuvo uno de sus puntos más extremos en Roland Garros 1998, cuando protagonizó el segundo partido más largo de la historia del torneo frente a Alex Corretja. Fue una batalla de más de 6 horas y 5 minutos, con victoria para el español por 6-1, 5-7, 6-7, 7-5 y 9-7.
Meses después, el cruce ante Eslovaquia, en Buenos Aires, por el ascenso al Grupo Mundial. Aquel día, ante Kucera, Gumy salió a jugar con un apósito debajo de su ojo izquierdo. “Fue una historia curiosa y graciosa. Estaba en la entrada en calor. Le erré a una pelota que picó en el fleje y me pegué con el filo de la raqueta debajo del ojo. Se me hinchó y a la media hora tenía que salir a la cancha”, evoca, y sigue: “Jugué mi mejor partido y ahí se reforzó lo de Titán, je”. Argentina, finalmente, cayó por 3-2 en el global de la serie.
Pero si hubo un partido que marcó emocionalmente a Gumy, fue su triunfo contra Guillermo Vilas en el Challenger de San Pablo, en agosto de 1991. Fue victoria para Hernán -319 del mundo esa semana- por 7-6, 1-6 y 6-2 ante un Vilas ubicado en el escalón 1037 de la clasificación de la ATP. “Estaba muy nervioso. Era mi ídolo. Sin él, muchos de nosotros no hubiéramos jugado al tenis”, reconoce hoy.
Gumy alcanzó el puesto 39 del ranking mundial y venció a varios Top 10, entre ellos, los estadounidenses Michael Chang (cuando era número 2) y Jim Courier (8°), además de Kucera. Tras su retiro, inició una carrera como entrenador que lo llevó a trabajar con figuras como Gustavo Kuerten, Marat Safin, Agustín Calleri y Guillermo Cañas, a quien acompañó en su recordado título en Toronto 2002.
Hoy trabaja en el desarrollo. En su academia, Gumy se dedica a la formación de jóvenes y colabora con Horacio Zeballos, número 1 del mundo en dobles. “Que esté entrenando acá es un ejemplo. En el día a día, el que está más con él es Alejandro Lombardo (socio de Hernán), aunque yo aporto mi granito de arena. Los chicos lo ven y aprenden. Tiene la energía de un pibe”, destaca.
Su tarea cotidiana está lejos de los flashes, pero no es menos exigente. “Armar el calendario de los más chicos es como un tablero de ajedrez. En muchos casos hay que combinar torneos ITF y Junior porque están haciendo esa transición. Hay que acompañar la evolución de cada uno. La tecnología te obliga a aggionarte”, remarca, y da un ejemplo reciente: “Hoy podés ver a casi cualquier jugador en YouTube cuando enfrentás a alguien que no conocés. Me pasó en Junín con una polaca (Gina Feistel) que teníamos poco vista”.
Sin embargo, hace una aclaración: “La contra de la tecnología es que los más chicos están todo el día con el aparatito (celular) en la mano. Es terrible. Hay demasiada información y cuesta mucho mantenerlos concentrados. Si les sugerís que lean un libro, te miran con una cara como diciendo que estás muy viejo”.
Sobre el presente del tenis argentino, su mirada es clara y sin romanticismos. “Que haya varios jugadores, y muchos estén en el Top 100, no me sorprende. Lo atípico fue cuando estábamos únicamente Javier (Frana) y yo. Después Javi se retiró y entró Franco (Squillari) conmigo. Y luego vino la Legión”, enumera, y sigue: “Después, tener algún Top 10 o no es otro tema. Acá no hay milagros: es trabajo. Y la explicación de este momento es que el tenis argentino tiene excelentes formadores”.
Gumy también resalta el crecimiento en los últimos años de la cantidad de torneos que se realizan en el país. “Es una gran ventaja por los costos. Y nosotros, los entrenadores, podemos estar cerca de los jugadores para mejorar detalles del juego. Para descubrir cosas que no vemos cuando entrenan. Creo que el calendario de los chicos y de las chicas es bueno en la Argentina en particular y en la región en general”, destaca.
Y agrega: “Imaginate que hay 10 o 12 torneos para cada género y eso es más o menos la mitad de lo que habitualmente jugás en el año, que son unos 24 o 25 campeonatos. Simplifica mucho las cosas en varios aspectos”.
Pese a haber recibido propuestas para volver al circuito mayor, Gumy prefirió seguir vinculado al tenis desde otro lugar. “Nada me movió lo suficiente como para volver a viajar todo el año”, dice, aunque deja una puerta abierta a futuro: ”Si algún día viene una oferta irresistible desde lo deportivo, ahí podría ser”.
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