
Durante más de un siglo, el comercio internacional fue una de las fuerzas motrices del desarrollo económico global, pero la Argentina tuvo una inserción intermitente en ese proceso.
Aunque sigue siendo uno de los principales proveedores mundiales de alimentos, su participación en las exportaciones globales es hoy marginal: representa apenas 0,3% del total mundial. En comparación, su peso en el PBI global es más del doble (0,7%), lo que refleja una desconexión entre el tamaño de la economía y su capacidad para integrarse de forma sostenida en los mercados internacionales.
¿Podrá hacerlo en los próximos años? Los desafíos actuales en materia de competitividad son importantes, no sólo por problemas de la economía doméstica (cuyos costos en dólares se encarecieron mucho, el Gobierno aún no avanzó con las reformas estructurales y el peso se aprecia cada día más), sino también por el contexto global. ¿Cuáles son entonces las perspectivas para este 2025, que no arrancó pujante en términos de exportaciones, y los años que vienen?
Según repasa un informe de Fundar, en 2024 las exportaciones argentinas alcanzaron a USD 96.899 millones, de los cuales el 82% correspondió a bienes, fuertemente concentrados en el complejo agroindustrial, y el 17,7% restante fueron servicios, especialmente los basados en el conocimiento y el turismo. Los productos primarios -como soja, maíz y trigo- y las manufacturas de origen agropecuario -aceites, pellets, carnes- conforman aproximadamente la mitad del total exportado.
El 82% de las exportaciones correspondió a bienes, fuertemente concentrados en el complejo agroindustrial, y el 17,7% restante fueron servicios (Fundar)
El crecimiento de las exportaciones argentinas ha sido muy desigual en las últimas décadas. Mientras que entre 1880 y 1915 el país logró insertarse con fuerza en el comercio mundial, alcanzando una participación del 4% en los envíos globales, esa tendencia se revirtió a partir de la segunda mitad del siglo XX.
Desde 1975, la participación argentina en el comercio global ronda 0,3%, con estancamientos marcados. En particular, desde 2007, los volúmenes exportados apenas variaron, tanto en bienes como en servicios.

En el plano regional, el retroceso también es evidente. En 1948, Argentina era la economía más exportadora de América Latina; hoy ocupa el cuarto lugar detrás de México, Brasil y Chile. Estos países, a diferencia de Argentina, lograron insertarse mejor en cadenas globales de valor a través de tratados comerciales e integración regional efectiva.
Una estructura concentrada
Uno de los principales desafíos que enfrenta el país es la concentración del patrón exportador. La mayor parte de las ventas al resto del mundo sigue dependiendo de un grupo limitado de sectores tradicionales.
“Es muy difícil que seamos un país exportador importante si solo 15 empresas venden más de USD 1.000 millones por año, y apenas 60 superan los USD 100 millones”, advirtió a Infobae Marcelo Elizondo, especialista en comercio internacional. Para él, la clave está en fortalecer el frente interno: generar condiciones macroeconómicas que permitan a las empresas escalar, ganar productividad e invertir en tecnología.
La baja competitividad actual es una limitante clara, pero Elizondo confía en que una vez que se logre estabilizar la economía, llegará la etapa de las reformas estructurales que le permitirán al Gobierno bajar impuestos y otros costos que compensarán así lo que no se gana por la vía cambiaria. Los planes de estabilización llevan habitualmente a apreciaciones cambiarias y eso no es bueno para la competitividad, “pero después de estabilizar y con la economía creciendo, si el Gobierno puede avanzar en bajar retenciones o sacar el impuesto al cheque, por ejemplo, eso va a mejorar”, manifestó.
Es muy difícil que seamos un país exportador importante si solo 15 empresas venden más de USD 1.000 millones por año, y apenas 60 superan los USD 100 millones (Elizondo)
Los industriales vienen reclamando “nivelar la cancha” desde hace varios meses, más aún en un contexto en el que no sólo se les dificulta competir con el mundo para exportar sino que también en el mercado interno, frente a la competencia de los productos importados. Días atrás el Gobierno hizo un gesto al sector industrial mediante la baja a 0% de los derechos de exportación de más de 4000 posiciones arancelarias de Manufacturas de Origen Industrial (MOI), y en la UIA aplaudieron la medida, pero plantean que es apenas una pequeña señal en el camino de la competitividad, según precisó su flamante presidente, Martín Rappallini.
La paradoja productiva-competitiva
Los economistas de la consultora FIEL expertos en comercio exterior, Marcela Cristini y Guillermo Bermúdez, destacaron en un reciente informe que, pese a las oportunidades que tiene, la Argentina enfrenta una “paradoja productiva-competitiva”. Remarcan que si bien el país tiene capacidad para producir a precios competitivos en origen, los costos logísticos internos, la infraestructura deficiente y la volatilidad macro impiden que esa oferta llegue en condiciones favorables a los mercados globales. La baja inversión pública en conectividad y transporte -apenas 16% del PBI en la última década, por debajo de la media regional- ha sido un freno estructural para el desarrollo exportador.

Asimismo, Argentina presenta uno de los coeficientes de apertura más bajos del mundo: solo el 12% del PBI proviene de exportaciones e importaciones, frente a un promedio mundial superior al 30%. Esto refleja no solo barreras internas, sino también una política comercial históricamente cerrada, agravada por la escasa participación en acuerdos de libre comercio de escala internacional.
Impacto del plan económico de Milei
En el plano coyuntural, el gobierno de Javier Milei ha avanzado en un programa de estabilización económica centrado en el equilibrio fiscal, la reducción de la inflación y la desregulación. Uno de los pasos más significativos fue la eliminación parcial del cepo cambiario en abril, lo que permite ahora mayor libertad para el acceso al mercado de cambios por parte de empresas y personas.
No obstante, el impacto de esta apertura aún se considera limitado. En el primer trimestre de 2025, las exportaciones crecieron apenas 5,3%, mientras que las importaciones aumentaron 35%, reduciendo el superávit comercial a USD 761 millones. Parte de este deterioro fue compensado por la mejora de los términos del intercambio, ya que los precios de importación cayeron más que los de exportación.
En el primer trimestre de 2025, las exportaciones crecieron apenas 5,3%, mientras que las importaciones aumentaron 35%, reduciendo el superávit comercial a USD 761 millones
El informe de FIEL también subraya que Argentina sigue siendo uno de los 10 principales exportadores de alimentos del mundo, pero no ha logrado diversificar su canasta exportadora ni aprovechar los ciclos favorables de precios para impulsar inversiones.
El escenario global agrega incertidumbre. La intensificación de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, combinada con la caída de precios de commodities agroindustriales, minerales y energéticos —alrededor de un 5% en promedio— complica aún más las perspectivas.
En este entorno, avanzar en una estrategia de inserción internacional se vuelve clave, dice el informe. FIEL destaca la necesidad de activar mecanismos como el Mercosur, cerrar los acuerdos con la Unión Europea, EFTA y Emiratos Árabes Unidos, y explorar nuevos mercados en regiones dinámicas como India, Vietnam o África.
La última reunión de cancilleres del Mercosur en mayo fue un paso en ese sentido. Coincide con este punto Elizondo, quien insistió en retomar el acuerdo con la UE y avanzar con Estados Unidos, si ése es el objetivo. “Hoy es muy difícil exportar si no pertenecés a los grandes acuerdos de impacto internacional”, remarcó el analista.
La competitividad
La Argentina enfrenta un doble desafío: salir del estancamiento exportador crónico y aprovechar las oportunidades que ofrece el mundo, incluso en un contexto de tensiones geopolíticas. La estabilización macroeconómica es una condición necesaria, pero no suficiente.
Sin reformas que mejoren la competitividad, reduzcan los costos logísticos, modernicen la infraestructura y diversifiquen mercados y productos, el país seguirá exportando por debajo de su potencial.
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