
El salario real cayó 25% en la última década, en un contexto de alta inflación, donde el mercado ajustó por precio en lugar de cantidad, permitiendo mantener el nivel de empleo. El Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) señaló que en el nuevo escenario de estabilidad, si no se avanza con las reformas estructurales, el ajuste vendrá “indefectiblemente” sobre la ocupación.
De acuerdo a la entidad, la contrapartida de la tranquilidad cambiaria observada tras la implementación de la flexibilización del cepo es que los problemas de competitividad mantienen plena vigencia. “La tradición en la Argentina es que los cambios en la política cambiaria estén asociados a grandes devaluaciones que alivian la situación de los exportadores y de quienes compiten con importaciones. En esta ocasión, las dificultades se mantienen y la tendencia es al agravamiento de la falta de competitividad en el futuro”, consideró el informe.
En perspectiva, teniendo en cuenta el desempeño de la economía entre 2013 y 2024, y según datos del Ministerio de Economía y la Secretaría de Trabajo, IDESA indicó que el Producto Bruto Interno (PBI) es un 2,5% inferior, el empleo asalariado registrado en empresas privadas es un 2,4% superior y el salario real bajó un 25%.

“Estos datos muestran que, en un contexto de contracción de la producción, el empleo tuvo una muy modesta expansión y la clave para que no hubiera destrucción de empleos formales fue la enorme caída del salario real. Aun con esta fuerte caída del salario real se generaron muy pocos empleos formales, forzando a que la gente se insertara en empleos precarios", aseguran desde IDESA.
Un punto a destacar también, según el CETyD, es que el aumento en el salario de los trabajadores privados registrados (7%) no se debe a un incremento sustancial de sus sueldos normales, dado que “las paritarias efectivamente están pisadas”.
Más horas extras
Por el contrario, los ingresos se incrementaron por mayor cantidad horas extra. Dicho de otro modo, los trabajadores no cobran más porque el valor de su salario normal y permanente se incrementó, sino porque trabajan más horas. Es decir, las empresas están optando por aumentar las horas extra antes que por contratar más trabajadores a sus plantillas.
Los aproximadamente 3 millones de entrantes al mercado laboral se insertaron en empleos de menor calidad, donde un 40% lo hizo como monotributista y el 60% restante como asalariado o cuentapropista no registrado. “Bajo este paupérrimo desempeño productivo y laboral no sorprende que la pobreza pasara del 30% en el 2016 (primer año que se volvió a medir) al 46% en el 2024″.

Durante la última década, la inflación actuó como el mecanismo que permitió licuar los salarios en una proporción suficiente para sostener el empleo formal pese al estancamiento de la producción. Sin embargo, la reducción de la inflación dificulta que ese proceso continúe en el futuro. En este contexto, si no se producen cambios en la estructura económica, el ajuste derivado de la pérdida de competitividad recaerá sobre el nivel de empleo.
“La estabilidad hace más explícita las consecuencias de las malas reglas de juego bajo las que se desenvuelve la economía. Se necesita un entorno más amigable con la inversión, la producción y la generación de empleos de calidad. Impuestos y coparticipación, legislación laboral, infraestructura, seguridad social, educación, integración al mundo son las cuestiones centrales a mejorar”, afirman en IDESA.
La agenda de reformas estructurales es amplia y compleja. El mayor desafío es que en la mayoría de los casos depende de acciones que involucran a más de un nivel de gobierno. Por ejemplo, la única manera de avanzar hacia un sistema tributario amigable con la competitividad de la producción nacional es con acciones coordinadas entre la Nación, las provincias y los municipios. Se necesita mucha inversión en infraestructura de transporte y logística dentro de cada provincia y ciudad, pero también en obras interprovinciales que están a cargo de la Nación.
“En este contexto difícil, el argumento de que hay que esperar a que pasen las elecciones de octubre para abordar las reformas estructurales es débil. Por un lado, porque aun con un resultado muy favorable el oficialismo seguirá necesitando aliarse con parte de la oposición en el Congreso. Pero lo más importante es que después de octubre los gobernadores con los que hay que acordar las reformas seguirán siendo los mismo que en la actualidad. Es hoy que hay que activar los acuerdos estructurales con impacto federal puestos en el Acta de Mayo“, concluyó el informe.
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