
El dólar oficial totalmente planchado se vuelve cada día más insostenible. El atraso cambiario es tal que hay que remontarse al arranque del 2017, en pleno gobierno de Mauricio Macri, para asistir a una situación similar. Ahora todas las miradas de los inversores apuntan al 21 de noviembre: es el primer día hábil luego del balotaje (ya que el lunes 20 es feriado) y se esperan cambios rápidos en la política cambiaria.
Aunque sin dar mayores detalles, Sergio Massa aseguró que si gana avanzará con cambios en la política económica inmediatamente después de la segunda vuelta, aprovechando las tres semanas antes del recambio de gobierno. Por otra parte, el propio ministro de Economía y candidato presidencial ya había indicado que según lo negociado con el FMI volvería el “crawling peg”, es decir el ajuste gradual del tipo de cambio.
Ese 21 de noviembre, por lo tanto, seguramente comenzará el descongelamiento del tipo de cambio oficial, que se mantiene en $350 desde el 14 de agosto, luego de un ajuste del 22% inmediatamente después de las PASO.
Según Massa, otras de las medidas que también estaría analizando pasa por un ordenamiento de las empresas del sector público, pero también avanzaría con medidas impositivas, que incluirán la exención de impuestos y un sistema tributario con mayor equidad. Poner el foco en el mercado cambiario es inevitable a esta altura.
El índice tipo de cambio real multilateral, que divulga diariamente el Banco Central se ubica en 85 puntos, cuando el ajuste post PASO lo había llevado a 116 puntos. Esto implica que para devolver al dólar oficial a aquel nivel debería subir 36%, lo que lo elevaría a unos $ 476.
Este tipo de cambio que regresaría a los niveles post elecciones primarias se acerca mucho al valor que reciben los exportadores al menos hasta el 17 de agosto. Como pueden liquidar un 30% de divisas a través del contado con liquidación, el tipo de cambio efectivo que reciben por cada dólar exportado se acerca a los $ 500.
Sin embargo, en caso de una victoria del actual ministro de Economía la idea sería que esa adecuación se vaya dando gradualmente. Así se buscaría evitar una nuevo ajuste brusco como el sucedido en agosto, que solo logró acelerar la inflación en los meses subsiguientes. Tanto en agosto como en septiembre, el índice se ubicó por encima del 12%.
En el caso de Javier Milei, el candidato libertario confirmó ayer que mantiene su plan de dolarización, más allá del acuerdo alcanzado con Patricia Bullrich y Mauricio Macri. Bancos y analistas habían advertido hace tiempo que esta propuesta implicaría un tipo de cambio sustancialmente más alto que el actual.
En la previa a las elecciones, de hecho, los distintos dólares financieros y el libre subieron a más de $1.200 ante la expectativa de una victoria de Milei en primera vuelta, lo que finalmente no sucedió, descomprimiendo las cotizaciones. El dólar MEP y el CCL se mantienen por debajo de los $900, mientras que el dólar libre trepó 1% hasta los $ 925.
Gane quien gane quien, gane el cepo cambiario continuará vigente y nadie tiene claro por cuánto tiempo. Pero ni Massa ni Milei están dispuestos a liberar los controles cambiarios, ante el peligro que el millonario exceso de pesos presione sobre el tipo de cambio y desate un proceso parecido a una hiperinflación.
Por lo tanto, el “sinceramiento cambiario” deberá esperar en cualquier escenario. La esperanza velada que tiene Massa es que la cosecha del año que viene aporte un piso de USD 10.000 millones adicionales, pero que seguramente podrían ser más considerando las copiosas lluvias de los últimos días. Esa mayor oferta de divisas, a su vez, permitiría aliviar los controles cambiarias y reducir la brecha. Sin embargo, por ahora es todo hipotético. En cualquier caso, la lección de agosto parece aprendida: devaluar sin un plan de estabilización que acompañe no lleva a ninguna parte y solo desata mayor inflación.
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