
La caída de reservas se aceleró en las dos primeras jornadas de la semana. Luego de un saldo vendedor de USD 150 millones, ayer el Banco Central perdió otros USD 145 millones, un reflejo del escaso ingreso de divisas de los exportadores y la demanda de empresas. En el mes las ventas ya están en USD 535 millones. Los inversores observan con cierta preocupación esta sequía de divisas, aunque Sergio Massa promete que pronto llegará cierta tranquilidad, a partir de desembolsos previstos por organismos internacionales como el Banco Mundial, el BID y la Corporación Andina de Fomento.
El ministro de Economía busca compensar el saldo negativo que deja la intervención diaria del BCRA con préstamos a largo plazo del exterior. Según las proyecciones que maneja, de acá a fin de año ya estarían comprometidos unos USD 3.000 millones, al tiempo que intenta sumar otra cifra similar de parte de otros prestamistas.
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El cerrojo a las importaciones no funciona como esperaba Massa porque empieza a cumplirse el plazo que el propio Gobierno había estipulado para las empresas que accedieron al mercado cambiario. A través de las antiguas SIMI se les permitió a las empresas que importen, pero con entrega de dólares diferida en el tiempo por parte del BCRA. Ese plazo de 180 días empieza a vencer, agregándole presión a las reservas. Estimaciones privadas indican que esa suerte de “deuda flotante” ya acumuló unos USD 10.000 millones.
El “dólar soja” adelantó el ingreso de divisas a septiembre, pero prácticamente no quedó nada para el resto del año. En octubre el complejo agroexportador liquidó 82% menos que el mes anterior y la cifra no levantaría en noviembre.
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Al mismo tiempo, la sequía también es una amenaza y sin lugar a dudas reducirá la liquidación de divisas en 2023 respecto a lo que entró en 2022. Por eso también tiene apuro el Gobierno en terminar el nuevo gasoducto. El objetivo es que la pérdida de dólares por la sequía sea compensada por una menor necesidad de importaciones de energía durante el año próximo.
A pesar de la caída de reservas de las últimas semanas, los dólares financieros siguen prácticamente planchados. ¿Cuál sería la explicación? Posiblemente que el Banco Central estuvo llevando adelante una fuerte tarea de absorción de pesos, que hizo bajar el circulante. Por lo tanto hay menos pesos en la calle y eso reduce la presión sobre el dólar. El costo, sin embargo, es alto. Las últimas estimaciones indican que los pasivos monetarios del BCRA, como las Leliq y otros títulos, ya generan intereses por $ 500.000 millones mensuales. Esos intereses que cobran los bancos, decía Alberto Fernández en campaña electoral, serían aplicados para el aumento a los jubilados. Nada más lejano a la realidad.
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La incipiente caída de las reservas es solo una de las variables que inquieta a los inversores. La otra es el comportamiento de los bonos en pesos, que ya en junio dieron un susto mayúsculo. La acumulación de vencimientos en el primer semestre del año próximo no para de crecer y el temor es que resulte cada día más difícil de refinanciar.
En Economía dicen que no están preocupados porque más del 55% de los vencimientos del Tesoro están en poder del sector público y resultan fáciles de refinanciar. Pero las ultimas licitaciones obligan a ser más cautos. Las tasas superan el 85% anual y aún así la mayor parte de los nuevos títulos colocados por el Tesoro fueron a un plazo menor a cuatro meses. Es decir que el mercado no está dispuesto a comprar deuda que se acerque al período electoral.
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La especulación es que antes de fin de año habrá un nuevo canje de deuda local que “limpie” todo lo posible los vencimientos del primer semestre del 2023. En Economía aseguran que por el momento no hay nada planificado y describen a la situación como “manejable”.
Tras sus 100 primeros días de gestión, Massa puede sacar a relucir la “paz cambiaria” y la reducción de la brecha como sus principales logros, luego de haber llegado al ministerio de Economía en un contexto de alta peligrosidad. Pero sería un grave error relajarse, teniendo en cuenta la alta inestabilidad que aún hoy muestran las variables financieras.
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Por lo pronto, los altos rendimientos en pesos (con tasas efectivas superiores al 100%) en un contexto de dólar planchado permitieron fuertes ganancias a los que se animaron al plazo fijo o a bonos atados con CER. Pero no conviene confiarse demasiado. En los primeros cinco meses del 2022 pasó lo mismo y todo se evaporó de la noche a la mañana, con el salto de casi 50% que tuvo el dólar financiero, desde $ 200 a $ 300.
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