
La ley no escrita de la economía argentina establece que la actividad crece en los años impares y retrocede en los impares, dinámica asociada a los años de expansión del gasto por los procesos electorales agendados en los primeros y los consecuentes períodos de ajuste que los suceden en los años en los que no hay comicios. Esa ley quedó alterada desde 2019, cuando las elecciones no fueron un motor suficiente para frenar la crisis económica, tras lo que arreciaron las consecuencias económicas de la pandemia para volver a la regularidad de ese comportamiento el año pasado, cuando la economía recuperó el terreno perdido el anterior y dejó un buen piso de crecimiento “en los papeles” para este año, denominado arrastre estadístico. Así, la economía argentina registrará dos años consecutivos con signo positivo a la hora de consignar las estadísticas lo que quebrará -en esta ocasión para bien- la maldición de los años pares.
Sin embargo, otro movimiento, en principio totalmente casual, deja en evidencia una realidad más compleja. Desde que se inició el año, la actividad industrial no logra sostener el ritmo de crecimiento que evidenció el año pasado y, al revés de lo que ocurre con los años pares, la maldición para este sector parece haberse trasladado a los meses impares. Para los fuertes retrocesos en cada uno de ellos desde que empezó 2022, se puede explicar una explicación diferente, no necesariamente conectada. Pero las marchas y contramarchas son constantes y, de acuerdo al economista Fausto Spotorno, indican en definitiva que “simplemente, la economía está estancada”.
En este contexto, con el dato de ayer difundido por el INDEC que marcó una caída de 1,2% respecto al mes anterior, a julio la actividad industrial se ubica levemente por debajo del nivel de diciembre del año pasado. Enero, mes marcado por la fuerte turbulencia cambiaria producto de las ríspidas negociaciones con el FMI que incluyeron la posibilidad de un default, la industria arrancó con un derrape de 8,5% que recuperó en febrero ya con las aguas más calmas, aunque no totalmente. Nuevas incertidumbres se sumaron en marzo, con la aceleración inflacionaria y el estallido de la guerra entre Rusia y Ucrania, para ser superadas en abril pero insostenibles en mayo. Así, en junio volvió a signo positivo pero en julio, otra vez un mes traumático por la crisis financiera derivada de la salida de Martín Guzmán y sobre todo por el impacto del cierre de las importaciones por la acuciante falta de dólares, el INDEC volvió a informar una caída.

“Si un mes sube, al otro baja, lo mismo está pasando con las expectativas de los industriales, que son un termómetro de lo que termina ocurriendo. En agosto, por ejemplo, mejoraron un poco respecto de julio”, explicó Spotorno, quien dirige el departamento de Investigaciones Económicas (INECO) de la UADE que todos los meses elabora el Índice de Expectativas Industriales (IEI). De acuerdo a este indicador, otra vez en agosto se ratificaría una mejora tras la caída del mes anterior. Con todo, la encuesta releva cuatro rubros: producción esperada, horas trabajadas, cantidad de empleados y utilización de capacidad instalada. Si bien el promedio arroja una mejora, la “producción esperada” marca una expectativa negativa.
En cualquier caso, el informe de la UADE señala que “el comportamiento de las expectativas y la producción efectivamente realizada medida por el Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) se comportan de manera similar”.
Lo cierto es que, si bien la dinámica hasta el séptimo mes del año arroja un empate respecto de fin del año pasado, a partir de agosto comenzará para la economía en general el trance más duro. Las proyecciones privadas indican que el trimestre en curso será recesivo mientras que durante los últimos meses del año no se registrarían variaciones significativas. En este sentido, el nivel de actividad económica estará impactado no sólo por la cantidad de dólares disponible para la producción sino también por el alto costo del financiamiento, con tasas efectivas anuales que se proyectan, a partir de la semana próxima, por encima de 100%.
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