El plan Massa: los riesgos obvios y las trampas escondidas de una devaluación

El mercado aguarda la principal definición del nuevo superministro de Economía: cuál será su política cambiaria. Además del impacto inflacionario, la corrección del tipo de cambio enfrenta una dificultad adicional en la venta de dólar futuro

Sergio Massa Diputados
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Resuelta la llegada de Sergio Massa a un megaministerio de Economía, se abren a partir de ahora una serie de interrogantes que deberán ser respondidos cuanto antes en función de alcanzar una nueva pax cambiaria, tras la tregua que ofrecieron los mercados en las últimas 48 horas.

El primero de ellos es, sin duda, la conformación del equipo económico. Después de todo, aunque tiene peso político, Massa no es economista, por lo que no dejará de ser una señal contundente el perfil de las “mentes económicas” en las que se apoye para desanudar los múltiples nudos que enfrentará en su gestión. Y el principal es, sin duda, el capítulo cambiario. De ahí la tensión alrededor de la continuidad o el eventual reemplazo -y por quién- del titular del Banco Central, Miguel Pesce. Su silla es hoy la más caliente de todo el Gobierno ya que desde ahí se deberán implementar las medidas centrales para la estabilización de las variables económicas. Lo que equivale a decir, una política cambiaria que permita acumular reservas. O, en términos más sencillos, un ajuste del tipo cambio que el consenso del mercado ya considera inevitable.

Cómo devaluar para incentivar el ingreso de divisas y evitar al mismo tiempo tanto una espiralización inflacionaria como nuevos shocks de emisión -ya no para sostener el precio de los bonos en pesos sino para evitar pagar los contratos de dólar futuro que pactó el Central en los últimos- tiene un lugar preponderante, más bien excluyente, en la agenda.

Encarar ese proceso presenta hoy múltiples riesgos. El más obvio es que intentar corregir el valor del dólar sin contar con un volumen mínimo de reservas es asomarse al abismo de una corrida terminal. Las estimaciones privadas ubican las reservas netas en un nivel cercano a los USD 1.700 millones, con una pérdida en julio de unos USD 3.000 millones. De ahí que el primer paso apuntaría a crear una red de contención que habilite una corrección del tipo de cambio que, a su vez, incentive el ingreso de dólares del campo y, finalmente, se logre acumular reservas.

Pero la devaluación -se sabe- tiene un efecto colateral fulminante: alimenta la inflación. Las restricciones extremas a las importaciones vigentes desde hace un mes, combinadas con el impacto en el mercado de la traumática salida del ex ministro Martín Guzmán, provocaron un salto inflacionario que distintas proyecciones -incluídas las del propio BCRA- ubican entre 7% y 8% para este mes. Eso sin que el precio del dólar haya experimentado un salto discreto, aunque es cierto que Pesce aceleró en las últimas semanas el ritmo devaluatorio, que ya está en 5,5% mensual.

Ese aceleración, sin embargo, no contribuyó al objetivo planteado en marzo de este año de acumular reservas. “Quedó demostrado con que este crawling peg pasivo, con tasas de interés que están incluso por debajo de la tasa de devaluación, no acumulás reservas”, apuntó el jefe de Research de Aurum Valores, Pablo Repetto. Esto a pesar de la fuerte suba de tasas que aplicaron tanto el Tesoro como el Banco Central, el primero el miércoles en la licitación de títulos en pesos y el segundo ayer con la suba a 60% de la tasa de política monetaria. Si bien la señal va en la dirección contraria a la política aplicada hasta ahora, las tasas siguen siendo negativas.

Pero existe un tercer factor, hasta el mes pasado irrelevante, que tomó protagonismo en las últimas semanas. Se trata de la venta de dólar futuro, que alcanzaría los USD 8.000 millones, un mecanismo que a fines de 2015 implicó un serio dolor de cabeza para el recién asumido en ese entonces titular del BCRA, Federico Sturzenegger. Para calmar las expectativas devaluatorias cuando comenzó la corrida a fines de junio, Pesce comenzó a vender dólares en el mercado de futuros a precios en línea con la cotización oficial actual.

La operatoria implica que, si al vencimiento del plazo estipulado el precio del dólar oficial está por encima de lo acordado, el BCRA debe compensar, en pesos, la diferencia. Es decir, debe emitir para cubrir el bache. El volumen total de esos contratos, que vencen todos los meses, se acerca al límite impuesto por el FMI para todo el año, de USD 9.000 millones. En las próximas horas, vencerán los contratos de julio que ascienden según cálculos privados a unos USD 3.500 millones. Eso despeja una porción importante del “cupo” para que el Central pueda seguir vendiendo en agosto, ya que la demanda se potenció con la última ola de restricciones al dólar oficial.

La contrapartida es que, en la medida que más dólar futuro vende el Banco Central, más emisión será necesaria para compensar los contratos si se produce una devaluación, lo que implica mayor emisión y, por ende, mayor presión sobre la inflación.

“Una de las preguntas que deberá responder Massa es si se intentará revertir el proceso de atraso cambiario, en la búsqueda de acumular reservas. En el acuerdo con el FMI se explicita un compromiso de mantener un tipo de cambio competitivo al menos al nivel de fines de 2021. Hoy el tipo de cambio real está bastante lejos de ese nivel. La falta de acumulación de reservas y la amplia brecha son señales muy contundentes de ese atraso”, aseguró el informe diario de mercados de Aurum.

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