
Si la situación en materia de disponibilidad de divisas antes del inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania era compleja, a partir de esta contienda lo es mucho más. La cuenta que había hecho el equipo económico respecto de cuánto iba a tener que pagar de importación de energía se incrementó notoriamente y si bien habrá un impacto positivo del aumento en el precio de las commodities por la exportación de granos, el efecto neto podría ser negativo, analizan por estas horas en el Gobierno.
El ministro de Economía, Martín Guzmán, dijo la semana pasada que ese balance sería neutral para el ingreso de dólares al país. Pero tratándose de un escenario con tanta volatilidad de precios, nadie tiene claro qué sucederá con esa cuenta final, por lo que esta incertidumbre hace que la liberación de las divisas, que siguen siendo pocas a pesar del acuerdo con el FMI, sea especialmente cuidadosa.
La norma que publicó el Banco Central (BCRA) -comunicación 7466- a comienzos de mes estableció un criterio de liberación de los dólares bastante restrictivo, según las empresas, pero que garantiza, de acuerdo con la visión oficial, que las importaciones que se realicen no se destinen al sobrestockeo. El atraso del dólar, la brecha cambiaria y la debilidad de reservas resulta el combo perfecto para que una empresa busque cubrirse y adelante compras al exterior, pero las divisas escasean y el Gobierno quiere evitar esta maniobra.
Es por eso que dispuso, a través de esa normativa, que todos los pagos de importaciones de productos bajo licencia automática (LA) se habilitarán bajo los siguientes parámetros: si no superan el 70% de lo que esa empresa importó durante el mismo mes de 2020 y el 5% respecto de 2021. Si los pedidos superan esos valores, la compañía deberá buscar el financiamiento para realizar esa operación. En el caso de los productos que tienen licencia no automática (LNA), no hay restricciones por parte del BCRA, pero ahí la que pone el freno es la Secretaría de Industria, que se toma su tiempo para autorizar estos permisos.
Esta decisión generó, como todas las normas que el BCRA viene aplicando para frenar el drenaje de divisas, quejas por parte del sector empresario. En primer lugar, porque los precios de los insumos subieron fuertemente en el último tiempo, y más a partir de la guerra, por lo que en muchos casos el aumento interanual de las importaciones por encima del 70% y del 5% se relaciona exclusivamente con una suba del precio. Por otro lado, durante el año de la pandemia las empresas produjeron muy poco (no es un año comparable) y, a su vez, algunas firmas ampliaron la capacidad productiva y requieren de más cantidad de insumos, explicaron en la UIA. “El BCRA aprieta torniquetes y luego va liberando. Estamos esperando a ver cómo corrigen esto”, añadieron fuentes de la central fabril.

En el Gobierno observan que en 2021 la importación de bienes intermedios estuvo “muy por encima de lo que deberían haber crecido por la recuperación económica” y que mientras que el salto de los productos bajo licencia no automática treparon 25% versus 2020, los que están bajo licencia automática -implica que Industria lo aprueba inmediatamente- se incrementaron 65%. “La norma castiga a quienes se sobrestockearon. Entonces a esas empresas les decimos que usen sus stocks y si no, que busquen financiamiento”, dijeron fuentes oficiales, al tiempo que agregaron que “es cierto que históricamente un tercio de las importaciones estaba financiado y actualmente ese número es mucho menor”.
“Las empresas argentinas, con excepción de las multinacionales o aquellas de mayor tamaño, no tienen acceso a financiamiento internacional. En el caso de las que sí lo tienen, el costo operativo se incrementará con su consecuente traslado a precios al consumidor final y mayor erogación de dólares el próximo año por parte del Banco Central (para afrontar el pago de estos costos financieros). El resultado para la economía será de menor actividad, menor abastecimiento de productos y una mayor presión inflacionaria por las restricciones”, precisó la Cámara de Importadores de la Argentina (CIRA) en un comunicado dado a conocer ni bien se conoció la norma.
La explicación que dan en el Gobierno es que no tienen resto para “bancar stockeos preventivos”, ya que la importación de gas demandará muchas más divisas de las previstas. “Las importaciones de combustibles están volando, tanto en cantidades como en precio. Y lo más probable es que la cuenta entre lo que exportará el agro y lo que tengamos que pagar de energía sea negativa, por lo que hay que ir con mucho cuidado”, dijeron en el Gobierno. Los datos de la balanza comercial de febrero, por ejemplo, ya mostraron un alza de las importaciones de combustibles del 420%
De todos modos, en el BCRA analizan algún tipo de flexibilización que contemple los casos de empresas que tuvieron un crecimiento alto de importaciones pero por el efecto precio de los insumos. El objetivo no es sacar normas que exceptúen sectores o productos específicos, sino algo más general, explicaron las fuentes. Según repasó la CIRA en su comunicado, la mayor demanda de divisas para las importaciones de gas podría ubicarse entre USD 5.000 y USD 7.000 millones. “En 2021, la Argentina importó GNL por USD 1.100 millones y en 2022 el valor podría ascender una cifra cinco veces mayor”, remarcó la entidad.
El presidente de Industriales Pymes Argentinos (IPA), Daniel Rosato, alertó por el inicio de una retracción en diferentes sectores de la industria provocada por un “parate productivo” en las fábricas pymes, debido al desabastecimiento de materias primas que ya se siente en empresas locales. El dirigente dijo que “las pymes están sufriendo la falta de materia prima que no se produce en el país”. No obstante, admitió que las autoridades del Banco Central “se están haciendo eco” del problema y “buscan una solución”.
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