
Entre los bancos y las billeteras virtuales de la Argentina conforman un sistema de 130 millones de cuentas disponibles pero solamente un 11% de ellas, unos 14 millones, realizaron operaciones en el último mes. Los datos reflejan todo el potencial que tiene por delante la enorme arquitectura conformada por las cuentas bancarias (con Clave Bancaria Uniforme, CBU) y las cuentas de las fintech (con Clave Virtual Uniforme, CVU) para reemplazar con mecanismos digitales muchos millones de pagos que hoy se hacen en efectivo, con el consiguiente beneficio de comodidad para los usuarios y formalización para la economía.
Según datos proporcionados por Coelsa, la cámara compensadora de pagos y transferencias que utilizan tanto bancos como las principales fintech, hay 100 millones de cuentas bancarias y 30 millones de cuentas virtuales. Un año atrás, había 93 millones de cuentas CBU y 12 millones de cuentas CVU. En febrero, mostrando una tendencia creciente, hubo 7,3 y 6,7 millones, respectivamente, que registraron actividad. Si se analiza por tipo de cuenta, los porcentajes de cuentas activas sobre el total existente es de un 7% de las CBU y un 25% de las CVU. Es decir que, proporcionalmente, hay más cuentas activas dentro del mundo fintech que del mundo bancario.

La inactividad de decenas de millones de cuentas proviene de diversos motivos. Un ejemplo clásico son los paquetes bancarios que incluyen cajas de ahorro en dólares o cuentas corrientes en manos de muchos clientes que para sus gastos cotidianos les alcanza con una caja de ahorro en pesos. Esas cuentas existen pero no se usan. También aparece el hecho de que los bancos son renuentes a cerrar esas cuentas, aún inactivas, para contabilizar una mayor cantidad de clientes.
Otro factor que refleja ese dato es un fenómeno muy extendido en la Argentina: la sub-bancarización. En ese universo se incluye a millones de argentinos que poseen una cuenta bancaria para cobrar cada mes un salario, una jubilación o un plan social de cualquier índole pero no por eso están bancarizados. Se trata de usuarios que por lo general retiran sus fondos de esa cuenta a principios del mes y se mueven exclusivamente en efectivo. Una vez retirado el dinero a través de un cajero automático, su siguiente contacto con el mundo bancario se producirá al mes siguiente, cuando vuelva a cobrar.

Los sub-bancarizados, en ocasiones, desconocen los servicios a los que pueden acceder, incluso en forma gratuita. Un ejemplo clásico es pagar las facturas de servicios públicos a través de muchas vías digitales disponibles, sin necesidad de hacerse de efectivo y hacer una fila. El primer Informe de Inclusión Financiera que publicó el Banco Central, en 2019, señaló que el 80% de los argentinos adultos tenía una cuenta bancaria pero casi la mitad de ellos manifestaba no tenerla.
Un punto clave en el proceso de bancarización es la adopción de las transferencias online, inmediatas y gratuitas desde hace muchos años, cuya practicidad que llevan a muchos usuarios a salir del efectivo. Según los últimos datos disponibles de Coelsa, en febrero su plataforma fue utilizada por 11 millones de personas que hicieron o recibieron transferencias, solicitaron débitos inmediatos o bien hicieron pagos con débitos inmediatos y transferencias desde billeteras mediante códigos QR.

Las estadísticas de Coelsa muestran además la interacción entre ambos mundos, el de los bancos y el de las fintech. De los 11 millones de personas que durante febrero hicieron las operaciones antes descriptas, hubo 4,2 millones que utilizaron exclusivamente cuentas bancarias (CBU), otros 2,4 millones que operaron solamente con cuentas virtuales (CVU) y hubo también 4,4 millones de usuarios que a lo largo del mes utilizaron ambos tipos de cuentas.
Un punto central para la expansión de los medios digitales de pago es el plan Transferencias 3.0, que el Banco Central puso en marcha en noviembre del año pasado. A través de ese programa, todos los pagos con código QR son interoperables. Esto último significa que cualquier comercio que reciba pagos QR debe aceptar por parte de cualquier billetera o aplicación, sea de un banco o de una fintech. Según datos del Banco Central, el plan ya concentra pagos por $1.500 millones por mes y sus perspectivas de crecimiento son muy elevadas, sobre todo en el comercio minorista. El ticket promedio es de 2.000 pesos.
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