
La referencia fue inmediata. Pocos minutos después de conocida la noticia de la posible creación de una Empresa Nacional de Alimentos las redes sociales y referentes de la oposición salieron a comparar la propuesta con la fallida y cuestionada PDVAL, la Productora y Distribuidora Venezolana de Alimentos que surgió en Venezuela en 2008, con Hugo Chávez como presidente.
“Presidente Fernández, crear una ‘Empresa Nacional de Alimentos’ es recurrir a prácticas que fracasaron. Ya se hizo en Venezuela con PDVAL y el resultado es conocido: más corrupción, más hambre, una inflación de casi 700% anual y 76% de pobreza extrema”, cuestionó Patricia Bullrich, presidenta del PRO.
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“¿Qué puede salir mal de una empresa estatal de alimentos?”, ironizó el radical Alfredo Cornejo, senador y ex gobernador de Mendoza. “Como mínimo que es una idea del chavismo venezolano”. Otros referentes también criticaron la idea oficial que mencionó esta mañana portavoz presidencial Gabriela Cerruti y que luego apoyó el director nacional de Políticas Integradoras del Ministerio de Desarrollo Social, Rafael Klejzer.
“La inflación es un daño para la mesa de los argentinos y el Gobierno evalúa una solución, no porque le interese políticamente, sino porque es su deber modificar la vida de la gente”, aseguró Cerruti. En ese contexto, confirmó que existe la posibilidad de crear una empresa de alimentos estatal para garantizar precios bajos y ayudar a los pequeños productores de verduras frescas. “Si hubo petróleo en Argentina es porque hubo YPF. Una Empresa Nacional de Alimentos recupera para el Estado la potestad de la planificación”, afirmó Klejzer en una entrevista radial.
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Desde la industria local aseguran que no hay antecedentes de este tipo. “Nunca hubo iniciativas en este sentido... quizás Guillermo Moreno con ‘Carne para todos’”, aseguró Carlos Leyba, economista y Subsecretario de Programación y Coordinación de la tercera presidencia de Juan Perón.
Leyba señaló que los antecedentes más parecidos a la intervención en el mercado de alimentos fueron las creaciones de las Juntas Nacional de Granos y Junta Nacional de Carnes (1933 bajo la presidencia del gobierno conservador de Agustín P. Justo), que garantizaban precios mínimos; o el IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio) en 1946, bajo la órbita del Banco Central y la presidencia de Edelmiro Farrel.
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“En el peronismo original (1944/55) la ‘burguesía nacional’ ocupaba ese espacio, con empresarios que se favorecían por distintos mecanismos (créditos subsidiados, protección aduanera, etc.). Si no hay una estructura industrial, hay que producir a fason toda la gama de los alimentos que se quiere ofertar. Como el Estado es un mal pagador, los fasoneros van a cotizar por encima de lo que hoy le cotizan a los supermercados. Ergo, en lugar de bajar, los precios van a subir”, destacó Jorge Vasconcellos, de Ieral Fundación Mediterránea.
PDVAL, Mercal y Clap
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“Luego de los sucesos verificados a partir del Paro Petrolero del año 2002 y los hechos de desabastecimiento y acaparamiento vividos durante el año 2007, el Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela dispuso una serie de acciones con miras a combatir esas contingencias y lograr una disponibilidad continua de los productos de la cesta básica”, asegura la web de PDVAL, un servicio que sigue funcionando, pero ya sin peso.
La Productora y Distribuidora Venezolana de Alimentos fue noticia dos años después de su lanzamiento, cuando se encontraron miles de toneladas de alimentos vencidos que había sido importados con subsidios de PDVAL. Se habló de casi 120.000 toneladas de alimentos involucradas y hasta hubo detenidos, algunos delos cuales luego volvieron a sus cargos. Muchos en Venezuela se refirieron al caso como “Pudreval”.
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PDVAL fue reemplazado por Mercal, que también está en funcionamiento aún, al menos en las redes, a pesar de ser sustituido por los actuales Comités Locales de Abastecimiento y Producción, o CLAP, polémico sistema que está vinculado con Alex Saab, muy vinculado a Nicolás Maduro. El empresario ahora preso en EEUU, y señalado por ese país como informante de la DEA, fue uno de los encargados de comprar la comida para los Comités.
“PDVAL subsidió la oferta y su objetivo, directamente, fue la sobrefacturación. Luego fue reemplazado por Mercal, que tampoco funcionó y así llegó el actual sistema CLAP, con el que se busca hacer llegar los alimentos a la gente con precios por debajo del mercado. No llega y el problema es que los niveles de corrupción son tremendos”, le dijo a Infobae desde Caracas Henkel García, analista financiero y directo de Econométrica.
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“Estos subsidios a la oferta terminan siempre igual, acá y donde sea. Si lo plantean de esa manera tendrán el mismo sistema”, agregó.
“Crearon PDVAL dentro de PDVSA para tener la libertar de comprar, vender y endeudarse por fuera delos sistema de control del Estado... que tampoco se cumplen. Lo hicieron para controlar la importación de alimentos y subsidiarlos, en medio de una gran escases. Se importaba a dólar preferencial, algo que ustedes conocen bien en Argentina. Alrededor de ese programa hubo muchos temas de corrupción”, resumió Mercedes de Freitas, de Transparencia Venezuela.
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Desde ese país, fuentes de plataformas del derecho a la alimentación, aportan más datos y lo definen directamente como una violación del estado de derecho. Lo hacen en off the record para evitar problemas. “Teníamos un sistema que fue reemplazado por el pensamiento alimentario de Higo Chávez. Eso fue el PDVAL, una red de alimentos subsidiados, que tuvo incluso un ‘Pedevalito’, con llegada más capilar que llegaba al consumidor final de los barrios más podres. Luego dejó de existir y llegaron las cajas de alimentos que se vende a la población pobre a través de estructuras de las CLAP. Fue un salto en falso, de PDVAL y Mercales a las cajas que se repartieron en medio de la crisis de alimentos de 2006, cuando había grandes colas para comprar comido”, explican desde la capital venezolana. Esos CLAP fueron caballo de Troya y no fueron temporales: se coinvirtieron en parte del control social y parte de la actividad política de base del oficialismo, manejados incluso por militares.
“Hoy los CLAP son mecanismos clientelares para pagar la fidelidad de algunos gremios, herramientas de control político. Son sistemas basados en calorías. Subsidian una alimentación que no efectiva: la gente come pésimo y habrá consecuencias a futuro brutales. Es una barbaridad lo que están haciendo. Es la ruta segura para aniquilar el sistema alimentario de un país”, agregaron.
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