
En medio de la caída de reservas por el pago al FMI y la renovada presión sobre el dólar libre, que ayer tocó los $204, las miradas en el mundo financiero ya apuntan a cómo se desarrollará el mercado cambiario durante los meses de verano. Las presiones son fuertes por dos motivos que se presentan en forma simultánea: la megaemisión monetaria típica del mes de diciembre (los adelantos transitorios al Tesoro aumentaron $400.000 millones en los últimos 30 días), al tiempo que se sigue debilitando la posición de reservas netas del Banco Central.
Con este escenario, aparece una variable que podría resultar salvadora para pasar el primer bimestre de 2022: la cosecha récord de trigo, que según las últimas estimaciones estaría aportando unos USD 4.000 millones al mercado local.
Este ingreso de divisas resulta fundamental para transitar los meses en donde puede haber mayor presión para el tipo de cambio. No es casual que muchas de las crisis financieras que se desatan en la Argentina ocurra justamente entre enero y febrero.
El arranque de 2022 no le ofrecerá al Banco Central ninguna dosis de espacio para relajarse, considerando los desequilibrios que se van acumulando. Por un lado, un tipo de cambio oficial que se sigue retrasando en relación a la inflación (aún cuando en diciembre se aceleró el ritmo de devaluación), que se combina con una brecha cambiaria que no afloja del 100% y una posición neta de reservas en el BCRA que apenas supera los USD 2.500 millones. Con estos recursos se pagarán las deudas a bonistas privados y al propio Fondo Monetario de los dos primeros meses del año. Pero después será inevitable arreglar con el FMI para postergar los futuros vencimientos y evitar caer en un nuevo default.
El saldo de diciembre viene hasta ahora negativo en materia de intervención cambiaria. Aunque en las últimas jornadas terminó con saldo neutro, el Central acumula ventas por USD 365 millones en el mes. En la previa, el mercado esperaba exactamente lo contrario, es decir que el saldo de intervención resultara favorable por unos USD 500 millones. La explicación extraoficial que dan en el BCRA es que la demanda de importaciones superó las expectativas previas, lo que reduce las divisas disponibles.
A pesar de las dificultades cada vez más evidentes que asoman por el frente cambiario, la economía termina el 2021 con algunas buenas noticias. El repunte de la actividad finalmente se ubica en el 10% y la actividad ya superó los niveles prepandemia, más allá de algunos sectores puntuales que vienen rezagados.

Además, el resultado fiscal del año será sustancialmente mejor que el planificado en el Presupuesto de este año e incluso mejor que lo anunciado por el ministro de Economía, Martín Guzmán, en su presentación de hace diez días en el Congreso.
Según un informe publicado por la consultora Equilibra, hasta noviembre el rojo primario apenas había acumulado apenas 2% del PBI, “muy lejos del 4,5% presupuestado para todo el año e incluso del 3,5% del proyecto de Presupuesto 2022″.
En diciembre, el promedio de déficit fiscal de los últimos años se ubicó entre 0,9% y 1,1% del PBI. Por lo tanto, el déficit primario del año se ubicaría en 3% del Producto Bruto, un porcentaje que representa menos de la mitad del registrado el año pasado.
Por otra parte, los subsidios económicos treparon hasta 2,7% del PBI, igualando el acumulado en 2017 hasta noviembre. Aquel año habían trepado hasta 3,5%. Pero si no hay correcciones en las tarifas, el peso de los subsidios seguirá trepando y representando un porcentaje cada vez mayor del rojo fiscal proyectado para 2022.
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