
Desde Parque Patricios, la pyme tecnológica Delta 3 fabrica sofisticados simuladores de realidad virtual que permiten a grandes compañías -entre ellas petroleras, siderúrgidas y automotrices- entrenar a su personal a menor costo y sin riesgos de accidentes. Con su foco puesto en la exportación, es una de las pocas empresas en la región especializada en estos desarrollos en base a “conocimiento argentino” que ya vendieron a países como Rumania, Nigeria, Estados Unidos, México e Italia.
Los emprendedores Martín González y Eduardo Magnetto, ambos ingenieros, fundaron la empresa en 2013 ”a pulmón”, con ahorros propios -vendieron un departamento para poder arrancar- luego de dejar sus trabajos en una multinacional francesa donde se habían conocido. “No tuvimos ningún tipo de financiación. Nos jugamos a todo o nada. Empezamos con USD 50.000 y hoy ya facturamos 15 veces ese monto”, destacó González.
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Cuando comenzaron, la realidad virtual no era el foco del negocio. Los primeros trabajos fueron diseños tridimensionales y virtuales de maquinarias industriales. En 2015, cuando los primeros cascos de realidad virtual se hicieron un poco más masivos, vieron la oportunidad de usar esa tecnología para la capacitación y entrenamiento de operarios en empresas, una forma de evitar riesgos y accidentes.
“En la industria aeronáutica los simuladores son cosas de todos los días. ¿Por qué no se podía hacer algo así para otro tipo de empresas? Los simuladores de vuelos cuestan millones de dólares que para empresas más chicas eran inalcanzables”, contó González.
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“Pensamos en otras industrias donde hubiera riesgos operativos o de seguridad y donde se pudiera replicar con un entorno virtual el espacio y la maquinaria de trabajo”, recordó. Su primer gran cliente fue nada menos que Tenaris, la proveedora de tubos de acero y servicios para la industria energética del Grupo Techint, para la que desarrollaron un simulador de puentes grúa.
En 2018, la tecnología que desarrollaron -que incluyó tanto software como hardware— fue instalada en una de las plantas de la empresa en Campana y probada in situ por Paolo Rocca, el presidente del grupo. Desde entonces, el crecimiento de la empresa fue muy rápido: comenzaron a exportar a Italia, Rumania, Estados Unidos, México y Uruguay; y realizaron trabajos a medida para grandes clientes como YPF y Coca-Cola.
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“En Rumania eligieron nuestra tecnología frente a otras opciones de países europeos. Aunque el gasto incluía el transporte y el traslado de una persona desde la Argentina para la capacitación. Cuando dicen que no se puede competir, nosotros creemos que sí, con calidad, servicio, buen producto y talento argentino”, resaltó González.
Para la multinacional de las bebidas, en tanto, crearon un simulador de manejo de camiones y traslado de mercadería en la Argentina. Con buenos resultados que les permitieron luego ser seleccionados para hacer algo similar para la filial de la compañía en Nigeria. “En ese caso, negociamos directamente con al casa matriz. Necesitaban capacitar a los conductores por el mal estado de las rutas, lo que requiere un entrenamiento especial”, detalló. Todas las instrucciones y la simulación se hicieron en idioma “hausa”, uno de los que se habla en el país africano.
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Otro de los grandes proyectos -al que consideran un “hito” en la región- fue para la petrolera YPF para que que desarrollaron un simulador de gran complejidad para los operarios que trabajan en Vaca Muerta y que permite entrenar a cuatro personas al mismo tiempo, que deben estar coordinadas para manejar una operación de perforación a más de 6.000 metros de profundidad. Y otro para operarios de máquinas forestales, a pedido del Gobierno de la provincia de Corrientes.
De acuerdo a su complejidad, los simuladores tienen un valor que va desde USD 20.000 a los USD 100.000 y un tiempo de desarrollo que puede demorar entre dos meses y un año. También tienen simuladores estándar -para manejar máquinas similares que se pueden encontrar en distintas empresas- y que se pueden adaptar a cualquier industria. En ese caso, lo que hace es adaptar todo el entorno virtual para que sea lo más parecido posible al lugar de trabajo real.
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“Nuestro gran objetivo, de acá a cinco años, es hacer accesible esta tecnología en forma masiva. Que se pueda aprender a manejar un auto con realidad virtual desde tu casa o cualquier capacitación laboral”, estimó González.

La empresa hoy cuenta con 25 empleados y una planta de 500 metros cuadrados donde desarrollan las máquinas y el equipamiento. Siguen invirtiendo con fondos propios y en capacitación. “Todo el desarrollo es absolutamente nacional”, destacaron en la empresa.
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