
A una semana del pedido fallido de renuncia al subsecretario Federico Basualdo, el ministro de Economía aún está tratando de asimilar el golpe. Martín Guzmán procura dar vuelta la página y volver a mostrarse en acción. El viaje junto al Presidente a Europa la semana que viene tiene básicamente ese objetivo. Y el respaldo del vocero del FMI, Gerry Rice, también le juega a favor al menos para sostenerse en medio de las críticas del kirchnerismo duro.
Además de los embates que recibe por las tarifas y la negociación con el Fondo Monetario, el principal problema que enfrenta el ministro es la falta de resultados. La inflación no baja del 4%, los niveles de pobreza están en torno al 45% y se perdieron 1,5 millones de empleos. El canje de deuda tampoco tuvo el resultado esperado, con un riesgo país que resiste en niveles de 1.500 puntos básicos, dejando a la Argentina totalmente al margen de los mercados internacionales.
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Tan desafiante como el presente es el futuro. Guzmán deberá atravesar una agenda compleja en estos meses preelectorales. Aunque el contacto con el FMI es fluido, la chance de llegar a un acuerdo previo a las legislativas es ínfima. Pero cada día cuenta: sin acuerdo no solo será mucho más complejo refinanciar los USD 2.400 millones que vencen con el Club de París a fin de julio (última fecha antes de un default). Pero además habrá que realizar desembolsos en efectivo para hacer frente a los vencimientos con el propio Fondo, que suman casi USD 4.000 millones a lo largo de 2021.
El senador Oscar Parrilli, mientras tanto, avanza con un proyecto en el Senado donde buscan restarle aún más margen de acción, tal como sucedió con las tarifas. Ahora el legislador ultra K propone que los más de USD 4.000 millones que la Argentina recibirá del FMI por la nueva capitalización no sean utilizados para el repago de la deuda. ¿Se está empujando a un default que sería inédito con el Fondo? Si es la idea, la Argentina empezaría a navegar por “aguas desconocidas”, como se suele graficar en la jerga financiera. Ni siquiera en la crisis del 2002, luego del estallido de la convertibilidad, el país dejó de cumplir los pagos con los organismos multilaterales, aun cuando se tardó hasta el 2005 para renegociar la deuda con el sector privado.
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La deuda con los organismos internacionales es solo uno de los temas calientes que deberá atender Guzmán en lo inmediato. También aparece la necesidad de bajar la inflación lo más rápido posible. Es la única manera para que los salarios empiecen a recuperar terreno perdido. El objetivo es llegar a un segundo semestre con aumentos salariales ya acordados en paritarias, pero coincidiendo con una inflación que debería bajar a niveles de entre 2% y 2,5% para que se sienta un efecto positivo. La posible postergación de las PASO y las elecciones legislativas podría contribuir para ganar un poco de tiempo, pero no parece algo decisivo ni mucho menos.
El ministro además descree de los congelamientos de precios y restricciones de todo tipo que busca imponer la secretaria de Comercio Interior, Paula Español. Pero es poco lo que puede hacer, ya que se trata del ADN kirchnerista desde los tiempos de Guillermo Moreno. En la reunión que la CGT mantuvo ayer con Alberto Fernández se insistió con la necesidad de “avanzar rápido” con el congelamiento de 120 productos de la canasta básica hasta las elecciones.
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Tiene serios problemas para avanzar con la ejecución del Presupuesto 2021, al que siempre definió como su hoja de ruta. Aunque el Congreso le votó que los subsidios debían permanecer constantes en términos de PBI ahora los legisladores de su propio partido se arrepintieron. El aumento de 9% en las tarifas de luz es totalmente insuficiente y eso provocará un fuerte aumento de los subsidios económicos. Lo que todavía nadie explicó es cómo se financiará ese agujero adicional de las cuentas públicas: con emisión monetaria o con más deuda del Tesoro en el mercado interno.
Guzmán está dispuesto a resistir, aunque no se sabe muy bien con qué objetivo. El arco se corre todo el tiempo y lo que debía girar alrededor de un acuerdo de largo plazo con el FMI ya habría quedado postergado para fin de año o directamente el 2022.
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Pero aunque el ministro ya no cuenta con su bendición, si algo tiene claro Cristina Kirchner es que no sería fácil reemplazarlo sin generar un cimbronazo cambiario. Guzmán consiguió, eso sí, estabilizar la brecha cambiaria en torno a 60% y se alejó de la zona crítica, cuando había superado el 100% en octubre del año pasado. Lo hizo a fuerza de endurecer aún más el cepo y de vender parte de los dólares que ingresan por la supercosecha. La desconfianza se paga caro y a esta altura casi es un detalle quién ocupa el ministerio de Economía. Para los mercados, en este caso calza perfecta un viejo refrán: “Más vale malo conocido…”. Los reemplazos en el universo kirchnerista, por lo general, nunca son para mejor.
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