
El ministro de Economía, Martín Guzmán, se juega hoy un partido difícil para intentar mantener la calma cambiaria que sostiene desde octubre pasado. El Tesoro saldrá a buscar $50.000 millones a través de una colocación de deuda después de dos muy malos resultados en sus últimos intentos por conseguir que el mercado financie déficit de las cuentas públicas. A regañadientes, el gobierno ofrece cada vez más premio a los inversores por tomar dinero prestado pero hasta ahora no ha podido seducirlos. Conseguir pesos del sector privado es una pieza clave de su intento por limitar la emisión monetaria durante este año, para evitar que la inflación se vuelva a disparar y la brecha cambiaria se salga de control.
En las últimas dos licitaciones el Ministerio de Economía no logró que aseguradoras, fondos comunes de inversión, bancos y otros inversores institucionales tomaran sus emisiones de deuda. Según operadores, el atractivo de dólares financieros que se mantienen baratos a fuerza de ventas de reservas del Banco Central en los mercados del contado con liquidación y el dólar MEP, combinado con rendimientos en pesos que no alcanzan a seducir, hicieron que los inversores prefirieran entregar sus pesos a cambio de dólares de la autoridad monetaria antes que prestarlos al Tesoro.
Esa imposibilidad para conseguir financiamiento en pesos, al menos temporal, pone en riesgo una de las claves de la estrategia de Guzmán para este año: la de tratar de colocar tanta deuda en moneda local como sea posible para no tener que forzar más emisión monetaria del Banco Central. Que el déficit va a ser abultado se da poco menos que por hecho, la duda en todo caso es si se va a financiar emitiendo más dinero o emitiendo más deuda.
El recurso casi exclusivo a la emisión monetaria durante el año pasado, el BCRA imprimió $2,014 billones para cubrir un déficit público de alrededor de 8,5 puntos del PIB, le está pasando factura al Gobierno en estos días. Más allá de discursos y medidas heterodoxas para tratar de paliar la aceleración del nivel general de precios, Guzmán no se engaña. Detrás del 4,8% de inflación -máximo de 18 meses- anotado en marzo está la masiva emisión monetaria del año pasado y su típico lag de varios meses antes de hacerse notar en el Índice de Precios al Consumidor.
En la última licitación, la semana pasada, el Gobierno consiguió que el mercado le preste $37.380 millones. La cifra no es despreciable en sí, el problema es que el lunes de esta semana vencían letras y bonos en pesos por $74.200 millones que era los que se suponía que había que refinanciar con esa colocación de deuda. Para no tener que forzar al Central a imprimir más plata, lo que necesitaba Guzmán era conseguir tantos pesos como los que tenía que pagar. Al no lograrlo, terminó en rojo.
Fue la segunda vez consecutiva. A fines de marzo otra licitación fallida terminó forzando al Banco Central a transferir $65.000 millones en adelantos transitorios al Tesoro. Justo a último momento, para poder pagar los vencimientos que no se pudieron refinanciar.
La licitación de hoy representa una oportunidad para el Tesoro porque cada peso que se consiga será financiamiento genuino, porque no hay vencimientos para cubrir. El llamado habla de buscar $50.000 millones con cinco letras y un bono. Y analistas y operadores creen que hubo correcciones a las últimas ofertas que pueden hacer que esta vez la operación funcione mejor.
“Lo más interesante es el cambio de plazos, el Gobierno tenía la intención de emitir al mayor plazo posible, pero un poco el truco en estas transacciones es ofrecer lo que el mercado te compra. Al ofrecer letras más cortas, y con algún retoque de tasa, es probable que le vaya bien”, dijo Andrés Borenstein de Econviews.
Operadores del mercado, mientras tanto, sostienen que ante el poco crédito que logran colocar los bancos, es probable que mañana hagan un aporte importante. Sobre todo en el único bono que se ofrece, el Bono del Tesoro Nacional en pesos a tasa fija 22% con vencimiento en mayo del año que viene. Calculan que entre $30.000 y $50.000 millones podrían llegar de la mano de entidades financieras que no tienen donde más colocar su liquidez.
Si se confirma ese flujo, Martín Guzmán va a poder enderezar un barco que se venía escorando y que es clave para que 2021 no se complique. En el primer trimestre del año el Tesoro había conseguido financiamiento neto positivo -o sea, conseguido colocar deuda más allá de la necesaria para pagar vencimientos- por $90.550 millones. Un ritmo muy lento, si los privados calculan que en todo el año debería conseguir $600.000 millones netos para evitar imprimir más de lo esperado.
Según explicó ayer el ministerio de Economía, el Sector Público Nacional registró en marzo un déficit primario de $74.466 millones. “El pago de intereses, neto de intra-sector público, fue de $42.595 millones, resultando en un déficit financiero de $117.061 millones. Así, el primer trimestre arrojó un resultado financiero deficitario en $184.408 millones (-0,5% del PBI), el más bajo de los últimos seis años, producto en parte de la reestructuración de la deuda pública en moneda extranjera llevada a cabo en el año 2020″, señaló el Palacio de Hacienda en un comunicado.
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