
Uno de los principales conflictos que tiene el Gobierno para intentar empujar a la baja la inflación es contener el alza de los alimentos y bebidas.
Según datos de la consultora Focus Market, en diciembre pasado, el costo de una “canasta básica de alimentos de consumo masivo” aumentó 2,98%, menos que los datos difundidos por el Indec, pero cerró el año con una suba de 37,41% respecto de diciembre de 2019, mayor a la medición oficial de la inflación.
Pero el año terminó y ahora la preocupación es qué sucederá este 2021 con el rubro que hasta ahora no ha podido ser domado. Mientras se discute la posibilidad de desacoplar los precios internos a los de los mercados internacionales, la primera quincena de enero ya dejó una primera foto de cómo arrancó el año para el ítem que más pondera en el número final del índice de Costos de Vida.
“La primera quincena de enero arrancó más tranquila que diciembre. La inflación del último mes del año fue muy alta empujada principalmente por la aceleración de las carnes, pero que ya se frenó por lo que estamos viendo una inflación para enero más cerca de 3% que de 4%”, señaló Luciano Cohan de la consultora Seido.
“Lo que sí estamos notando es que está subiendo y lo hace mucho es frutas y verduras. Durante el 2020 fue uno de los rubros que más subió en todo el año y eso sigue sucediendo pero ya no estamos viendo a la inflación subiendo muy por arriba de los otros precios como pasó en diciembre”, agregó el economista.
Por su parte, Federico Furiase, director asociado de Eco Go, se mostró en la misma línea que Cohan y señaló que en el acumulado de dos semanas de enero en alimentos 2,8% eso incluye un arrastre de 0,6% de diciembre”.

Para el especialista la primera semana de aumentos de precios de los alimentos estuvo impulsado “por el incremento de carne, básicamente vacuna, y la segunda semana lo que está pegando fuerte es pollo. Ahí está el desafío del gobierno con una inflación de alimentos que se acelera y con un 2020 que cuando se anualiza la inflación general del último trimestre estamos en un ritmo anualizado del 54 por ciento.
Respecto a este último punto, Furiase señaló que el 2020 dejó inflación “reprimida en términos de congelamiento tarifario, de paritarias muy contenidas por la recesión y muchos precios que estuvieron afuera mucho tiempo del año por la cuarentena. A esto se le sumó una velocidad de circulación del dinero que se desplomó en la cuarentena y, además, en diciembre estuvo el aumento estacional de la demanda de pesos. Cuando esto se empieza a desarmar junto con la circulación de dinero hay un alto riesgo que se potencie el traslado a precio sobre todo de la brecha cambiaria y si hay mucha restricción a las importaciones”.

A partir de esto es que el economista de EcoGo señaló que el problema a enfrentar por la administración nacional es que hoy la Argentina tiene un ritmo mensual de la inflación “que viaja al 4%, un ritmo del crolling peg –la fijación de arrastre es un régimen de tipo de cambio– del tipo de cambio oficial del 4% cuando la tasa de interés está al 3% y esto genera un problema si el crolling del tipo de cambio oficial acompaña inflación esto va retroalimentando el IPC para el período siguiente. Entonces eso el gobierno debería dar vuelta esa ecuación y subir la tasa de interés al 4% para anclar expectativa”.
Por su parte, la consultora Ecolatina publicó su IPC GBA que trepó 3,9% entre la primera quincena de enero y el mismo período de diciembre. “Esta dinámica se explicó por algunos alimentos –carne, frutas, comidas elaboradas– y por el incremento en combustibles, seguros y servicios vinculados al mantenimiento del hogar. Asimismo, durante la primera mitad del mes el IPC Núcleo se mantuvo por encima de 4%”, explica el informe.
En consecuencia, desde la consultora proyectan que la suba de precios se ubicará en torno del 3,5% en el primer mes del año. Esto implica una mínima desaceleración respecto a diciembre 2020, pero refleja que la suba de precios persiste en niveles muy elevados (50% anualizado).
Lorenzo Sigaut Gravina, director de Ecolatina, anticipó que “la inflación en 2021 cerraría en torno a 45%. Esto se corresponde con presiones cambiarias que reaparecerán en la previa electoral, aumentos tarifarios que serán impostergables al cierre del año y unas negociaciones paritarias que serán más dinámicas que el año pasado, en un contexto sanitario crítico pero que, a diferencia de 2020, no vendría acompañado de fuertes restricciones a la circulación/actividad”.
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