
Más de la mitad de las reservas internacionales del Banco Central de la República Argentina están nominadas en yuanes, la divisa china, que tienen origen en un canje de monedas que en 2009 el entonces titular del BCRA, Martín Redrado, acordó con el Banco de la República Popular China y que aportó a las reservas argentinas el equivalente a USD 10.200 millones.
Aquel canje se fue ampliando y renovando a través de las sucesivas gestiones en el Central (Fábregas, Vanoli, Sturzenegger, Caputo, Sandleris, Pesce) hasta equivaler a USD 19.932 millones al 31 de diciembre pasado, esto es 50,6% de las reservas brutas totales de USD 39.387 consignadas ese mismo día (el resultado surge de dividir el monto en pesos informado por el Central, de $ 3.314.225 millones, por el tipo de cambio oficial del dólar, según dispone la comunicación 88.875 de la entidad, y que ese día era de $ 84,145).
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El siguiente ítem de mayor peso son los encajes de depósitos del sector privado, que surgen de restar a USD 15.956 millones de depósitos unos USD 5.353 de préstamos, lo que deja un saldo de USD 10.603 millones, o 26,9% del total que forman parte de los activos externos del Banco Central.
Esto es, 77,5% de las “reservas” se integran de yuanes “canjeados” por pesos, pero hasta ahora intocados, y dólares que no son en realidad del Central, sino (y en exceso) de depositantes en el sistema bancario.
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El siguiente ítem en importancia son $397.546 millones de “aportes a organismos internacionales”, que valuados al dólar oficial equivalen a USD 4.724 millones, o 12% de las reservas. Unos $ 316.238 millones en oro hacen otros 3.758 millones (9,5% de las reservas brutas) y las “asignaciones de DEG”, la moneda de cuenta del FMI, deja un neto de USD 459 millones que integran el total.
En resumen, la mitad de las reservas brutas del BCRA son en yuanes, poco menos del 10% en oro, y el resto en divisas internacionales (básicamente dólares, más algo de euros y DEGs), aunque de esta última parte dos tercios son en realidad depósitos privados en dólares en el sistema bancario.
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¿Cómo se compara esa composición con las reservas internacionales del resto del mundo? Un paper del FMI destaca al respecto que las monedas de reserva son una suerte de “glaciares” que se mueven muy lentamente.
“Existen unas 180 monedas nacionales, pero solo unas pocas se utilizan ampliamente en transacciones internacionales, como la facturación, los pagos de importaciones y las emisiones de deuda o inversiones en el exterior. Estas monedas son el dólar de EE.UU., el euro y, en menor medida, el yen japonés, la libra esterlina y algunas otras. En una situación de crisis, las empresas y los inversionistas suelen buscar seguridad en el dólar”, dice el trabajo.
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Los Bancos Centrales, prosigue, mantienen reservas en esas monedas, pues las reservas “tienen por finalidad respaldar las transacciones internacionales mencionadas y permiten a las autoridades del país financiar las necesidades de la balanza de pagos, intervenir en los mercados de divisas y proporcionar divisas a los agentes nacionales”.

El trabajo, preparado por una legión multinacional y multiétnica de economistas (Alina Iancu, Gareth Anderson, Sakai Ando, Ethan Boswell, Andrea Gamba, Shushanik Hakobyan, Lusine Lusinyan, Neil Meads, and Yiqun Wu) muestra que pese al avance de monedas como el yuan, cuyo rol China empuja a fuerza de canjes de moneda y líneas crediticias y comerciales), el grueso de las reservas se concentra en dos divisas. Entre otros datos, el trabajo precisa que de un total de reservas en poder de los Bancos Centrales del mundo equivalentes a poco más de USD 12,5 billones (esto es, 12,5 millones de millones de dólares) cerca de USD 10 billones están integrados en dólares y euros.
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“Una conclusión principal -dice otro pasaje del paper- es que, dada la posición dominante internacional del dólar (y, en menor medida, del euro), hasta la fecha los cambios en las reservas de los bancos centrales han sido mínimos. Por ejemplo, pese al creciente papel de China en la economía mundial, el renminbi ha ganado solo un pequeño espacio en las transacciones mundiales, como son la emisión de deuda exterior o la negociación en el mercado mundial de divisas”.
El estudio constató, a su vez, que no son las corrientes de comercio, sino los vínculos financieros el principal factor de las tenencias de moneda de reserva, tendencia que se se profundizó en la última década. “Esto sugeriría -dice- que, mientras que el dólar siga dominando el comercio y las finanzas mundiales, mantendrá su posición dominante como moneda de reserva”.
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Sin embargo, en momentos en que la inyección de grandes masas de liquidez por parte de la Fed de EEUU y el Banco Central Europeo (BCE), en un período de debilidad del dólar y en que comienza a admitirse la posibilidad de que monedas virtuales como el Bitcoin sirvan de “refugio de valor”, el trabajo admite que “así como en ocasiones el lento movimiento de los glaciares puede acelerarse de forma inesperada, la composición por monedas de las reservas tiene el potencial de experimentar una transformación repentina, inesperada y acelerada”.

El estudio del Fondo Monetario sugiere varias tendencias que podrían tener ese efecto, desde factores tecnológicos y geopolíticos hasta cuestiones económicas que, junto a la actual pandemia, podría acelerar las transformaciones futuras. Y cita una serie de “drivers” del cambio, a saber:
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- Cambios en las finanzas internacionales
Al respecto, dice que la fuerte respuesta a la emisión de bonos a gran escala de la Comisión Europea evidencia la demanda potencial de “alternativas a la deuda denominada en dólares”. Además, admite el estudio, “los mercados emergentes y los países en desarrollo también podrían emitir más deuda en monedas de acreedores emergentes, como China, para satisfacer el aumento de las necesidades de financiamiento”, tendencia de la que Argentina parece hoy una forzada pionera. “La moneda de denominación de la deuda pública es un determinante especialmente importante de las reservas de las economías de mercados emergentes y de los países en desarrollo, lo que probablemente refleje el deseo de los bancos centrales de protegerse contra los riesgos asociados a las obligaciones de deuda”, dice el trabajo.
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- Cambios en los vínculos comerciales y las prácticas de facturación
Tanto la pandemia como las recientes tensiones comerciales evidenciaron la fragilidad de las cadenas mundiales de suministro.” Los países están ahora más interesados que nunca en asegurar suministros críticos. Un giro hacia la producción local reduciría la demanda de monedas internacionales”, dice el estudio, que también observa que una menor dependencia de un único socio comercial permitiría diversificar la demanda de monedas. Al respecto, señala, apuntando otra vez a China, “la reciente conclusión de la Asociación Económica Integral Regional en Asia -un acuerdo de libre comercio entre 15 Estados nación de la región- podría significar que las monedas alternativas que actualmente representan un pequeño porcentaje de las reservas internacionales comiencen a cumplir una función más importante”.

- Credibilidad
Según el paper, la confianza en las políticas de los países emisores de deuda es clave para la confianza en sus monedas, en lo que parece apuntar a las dudas sobre la futura estabilidad del dólar. “La pandemia de covid-19 ha puesto de manifiesto la necesidad de que los emisores actuales y potenciales adopten políticas económicas y sanitarias adecuadas para preservar su potencial de crecimiento”, dice el trabajo.
- Consideraciones estratégicas
El trabajo del FMI admite que las decisiones sobre la cartera de reservas internacionales de un país “pueden estar influenciadas por consideraciones de política exterior y restricciones en el ámbito de la seguridad”, por lo que “las secuelas de las tensiones comerciales y las sanciones internacionales pueden provocar que los países consideren cambios en sus reservas y que los emisores potenciales busquen internacionalizar sus monedas”. De vuelta, algo que parece apuntar al caso chino, aunque el estudio señala un estudio del prestigioso economista Barry Eichengreen, que encontró que las cuestiones geopolíticas y militares (que correlacionó la evolución de las reservas con, por caso, las votaciones de los países en la Asamblea General de las Naciones Unidas) han encontrado hasta ahora poco sustento fáctico a ese factor.

- Avances en las tecnologías financieras y de pago
Sobre lo aparece como el análisis más en boga estos días, el estudio del FMI admite que “la posible competencia de emisores privados, como es el caso de Diem, el sistema de pago de Facebook basado en cadenas de bloques, ha estimulado a los principales bancos centrales a acelerar el trabajo en materia de monedas digitales y pagos transfronterizos”. Al respecto, el BCE y el Banco Popular de China, precisa, “están explorando la emisión de monedas digitales del banco central, lo que podría aumentar la demanda de sus monedas”.
Las nuevas plataformas tecnológicas, admite el Fondo, podría contribuir a que las nuevas monedas superen algunas de las ventajas de las establecidas y, dependiendo de la adopción y el uso de dinero digital, público o privado, llevar a que los Bancos Centrales deban repensar qué son las reservas y cómo mantenerlas.
Por eso, el trabajo concluye que en materia de reservas internacionales “el ritmo glacial de cambio en las últimas décadas no debe tomarse como una indicación sobre el futuro; la incertidumbre sobre las tendencias económicas y financieras mundiales, así como sobre la evolución tecnológica y geopolítica, es considerable y, por tanto, existe margen para una transformación más dinámica en el futuro”.
En cualquier caso, queda en claro que la composición de las reservas del BCRA está hoy a contramano de la composición de los activos externos en el resto del mundo.
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