Cinco motivos que dejaron afuera a los bonos argentinos de la euforia de los mercados globales

Las ventas de la Anses para controlar el dólar financiero se hicieron sentir en la cotización de los títulos y en el riesgo país, que sigue arriba de los 1.350 puntos básicos.

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El ministro argentino de Economía
El ministro argentino de Economía Martín Guzmán. EFE/EPA/Juan Mabromata / Archivo

Wall Street alcanzó ayer nuevos récords y las acciones argentinas tuvieron alzas de hasta 12%, pero algunos papeles suben más de 40% en dólares en lo que va de noviembre. Los mercados festejan los avances para que la vacuna contra el coronavirus comience a aplicarse en forma inminente y los resultados electorales en Estados Unidos. Sin embargo, en medio de esta euforia global los que se quedaron sin festejar fueron los bonos de la deuda argentina.

Los títulos públicos de la Argentina quedaron al margen de esta recuperación global, con mejoras muy moderadas a lo largo de un mes que también mostró una gran reactivación para mercados emergentes. El riesgo país no logra bajar de los 1.350 puntos y el rendimiento de la deuda sigue en zona de 16% anual en dólares de rendimiento.

Hay varios motivos que explican este flojo comportamiento, entre los que se podrían resumir los siguientes:

- La Anses vendió bonos durante todo el mes: se trata de una estrategia que ya se implementó en otras ocasiones para bajar el dólar financiero. El Gobierno logró el objetivo de tranquilizar al mercado cambiario con estas intervenciones en el mercado de títulos, pero a costa de deprimir los precios. Fue el “precio” que decidió pagar el ministro de Economía para frenar la estampida cambiaria de octubre, lo que además significa incrementar el monto de deuda pública que pasa de estar en poder del sector público al privado. No hay cifras oficiales sobre el monto de esa intervención, pero se estima que habría rondado los USD 150 millones.

- Dudas sobre el ajuste fiscal: los mercados recibieron negativamente el proyecto de Presupuesto 2021, que establece un rojo primario de 4,5% del PBI para las cuentas públicas. No sólo habría que financiarlo con emisión monetaria o nueva deuda, sino que aleja la perspectiva de ir al equilibrio fiscal. Si bien Guzmán aseguró que se buscará un resultado fiscal menos negativo, aún no aclaró cómo piensa lograrlo. Todo indica que el Gobierno apuesta a un mayor crecimiento de la actividad para mejorar la recaudación y evitar un ajuste del gasto en pleno año electoral. En otras palabras, nadie tiene claro de dónde sacará los recursos la Argentina para volver a pagar los intereses de la deuda cuando los vencimientos vuelvan a ser abultados, entre 2024 y 2025.

- Dura postura de Larry Fink sobre la Argentina: se trata del número uno de BlackRock, la principal administradora de fondos del mundo. Hace pocas semanas, participando de un webinar organizado por Banco Santander, manifestó que “hay lugares más seguros” para invertir en América latina que Argentina. El mensaje de un personaje tan influyente del mundo financiero fue lapidario. Además, el financista se cobró factura por las idas y vueltas del gobierno argentino a la hora de alcanzar un acuerdo para reestructurar la deuda.

- El acuerdo con el FMI aún está en veremos: el Gobierno apuesta a que sirva de paraguas para empezar a recuperar la confianza de los inversores, pero la negociación podría llevar varios meses. No está claro cuál será el compromiso para llegar al equilibrio fiscal por parte de la Argentina, qué sucederá con los impuestos o si habrá reformas estructurales que le permitan al país volver a crecer en forma sostenida. Todas estas dudas, que incluyen además el futuro repago de los USD 44.000 millones que prestó el organismo, también se reflejan en los valores de la deuda.

- Los “ruidos” políticos siguen pesando mucho: la carta de Cristina Kirchner en medio de la crisis cambiaria y la dura carta del Senado al Fondo Monetario le metieron aún más ruido a la relación entre la vicepresidente y Alberto Fernández. Estas dudas por la relación entre ambos siguen sobrevolando y también vuelve a los inversores más temerosos. Nadie sabe hasta dónde quiere llegar Cristina y qué rumbo podría adoptar realmente el Gobierno, más allá de algunos intentos de señales ortodoxas de las última semanas, especialmente referidas a la moderación de la emisión monetaria.

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