Los tres principales obstáculos que enfrentará el Gobierno para cerrar un acuerdo con el FMI en el verano

Déficit fiscal, control de cambios y el plan para convertir las Leliqs en bonos del Tesoro, las cuestiones más inmediatas que dificultan un rápido trato con el organismo que alivie los abultados vencimientos para el mediano plazo

La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, y el ministro de Economía, Martín Guzmán.
La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, y el ministro de Economía, Martín Guzmán.

El Gobierno y principalmente el ministro de Economía, Martín Guzmán, se han ocupado durante los últimos días en desalentar las expectativas de una negociación rápida y sencilla con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para establecer las condiciones del programa que permita diferir por al menos cuatro años -aunque un plazo de hasta 10 años está en consideración- el pago de los USD 45.000 millones que la Argentina le debe al organismo.

No les falta razón. Es que, aunque son optimistas respecto a una postura más permeable de los burócratas del FMI, en el equipo económico desconocen el rango de amplitud de las diferencias que deberán saldar. En otras palabras, intuyen que se encontrarán con una actitud más flexible del staff técnico del organismo pero no pueden medir en qué magnitud se plasmará esa mayor flexibilidad a la hora de definir las metas cuanti y cualitativas.

“Es una cuestión de grados, notamos un giro en el FMI pero no sabemos qué tan amplio es. De todas maneras, hay temas en lo que la discusión ya tiene un marco distinto”, aseguró una fuente del equipo de Guzmán a Infobae. En ese sentido, el plan para convertir el enorme stock de Leliqs en bonos del Tesoro es una de las primeras medidas que se pondrán sobre la mesa y sobre la cual, afirmó el funcionario, el FMI tendría pocas objeciones. “Vamos a hacer lo mismo que hacen todo los países del mundo, recurrir a instrumentos del Tesoro. Sobre eso la base de la discusión está mucho más clara”, dijo la fuente.

La idea de convertir las Letras de Liquidez del Banco Central, cuyo stock supera el $ 1,7 billón, en bonos o letras del Tesoro se remonta a mediados del año pasado pero adquirió forma de medida concreta hace tres meses cuando el propio Alberto Fernández confirmó el plan. “Las Leliqs son un martirio. Tenemos que encontrar el modo de cortar con eso y tenemos que encontrar un sistema de bonos, que son los bonos del Tesoro, que rindan en el mercado, que sean atractivos para el inversor”, afirmó en su momento el Presidente.

Luis Cubeddu y Julie Kozak, los funcionarios del FMI encargados de negociar el acuerdo con la Argentina.
Luis Cubeddu y Julie Kozak, los funcionarios del FMI encargados de negociar el acuerdo con la Argentina.

Desde que se generaron los primeros trascendidos, la medida cuenta con la resistencia de los bancos, donde repiten como un mantra que “las Leliqs son la contraparte de los depósitos de los ahorristas”. El rechazo, aseguran, se basa en que reemplazarían un activo de menor calidad -el Tesoro es un deudor de mayor riesgo que el Banco Central-, aunque admiten que el nivel de liquidez es elevadísimo y que la exposición al sector público, hoy en 9,7% de su patrimonio, está lejos de alcanzar el tope regulatorio de 50% de la responsabilidad patrimonial computable (RPC). En cualquier caso, la discusión con el FMI se basará más en el impacto macroeconómico de la medida y los límites, en términos fiscales, para financiar el desequilibrio.

La severa política cambiaria es otra de las cuestiones al tope de la agenda, en la que también existen coincidencias según los funcionarios del equipo económico, entre quienes recuerdan el apoyo que el organismo otorgó en 2008 al plan de Islandia, que aplicó un férreo control de capitales que terminó de desmantelar ocho años después. “El equipo actual, liderado por Julie Kozack (directora adjunta del Hemisferio Occidental) y Luis Cubeddu (nuevo jefe de la misión) tiene otra perspectiva y manera de análisis que no es la tradicional en el FMI”, consideró la semana pasada el director argentino ante el Fondo, Sergio Chodos, quien recordó que Kozak fue, precisamente, la primera implementadora de un programa con control de capitales, aplicado en Islandia en plena crisis bancaria hace más de 10 años. “Era una política sustancial del programa”, advirtió.

Sin embargo, aun de confirmarse la nueva sintonía entre los funcionarios argentinos y los del FMI en el abordaje de políticas cruciales, existen cuestiones más relacionadas al calendario y la política que preocupan seriamente en el Palacio de Hacienda. El objetivo de lograr un acuerdo antes del fin del verano, con la mira puesta en el vencimiento con el Club de París en la primera parte de 2021, no deja demasiado margen a los tiempos de la burocracia del organismo, que estará afectada por el proceso electoral en Estados Unidos. “Después de octubre, nadie nos va a prestar atención en Washington. En noviembre son las elecciones, diciembre es un mes corto…”, se lamentan. Y, más allá del resultado en las elecciones norteamericanas, la preocupación de fondo en el equipo de Guzmán es cómo pesará la siempre determinante relación del Gobierno argentino con Estados Unidos. “Es una relación que no está clara, eso es cierto”, admiten, reconociendo que no importarán las coincidencias técnicas ni la facilidad con que se pueda alcanzar un entendimiento con el FMI si el país con el mayor poder de voto (y veto) en el organismo no está dispuesto a otorgar la bendición.

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