
Al populismo latinoamericano le gusta pregonar que durante sus gobiernos, entre los años 2003 y 2011, las economías crecían resultado de su exitosa gestión. No es más que otro mito populista más.
En el siguiente gráfico derribamos el mito populista latinoamericano. Como vemos, el crecimiento de la región durante los gobiernos de Lula Da Silva, Cristina Fernández de Kirchner, Evo Morales y Hugo Chávez no se dio más que por un boom del precio de las commodities, un shock positivo exógeno, que financió durante casi diez años la pésima gestión de sus gobiernos.

Las economías latinoamericanas dependen entre un 60 y un 98% de las exportaciones de las commodities. Así, el crecimiento de estos países no es estable y depende de si esos precios están altos o bajos. Es por ello que durante las épocas de bonanza es fundamental que los gobiernos aprovechen para sanear sus cuentas fiscales y no despilfarren.
Si estos países no generan un ahorro cuando los precios están altos, cuando los precios bajan entrarán en crisis. Las políticas económicas exitosas se deben evaluar por el largo plazo y, dada la posición de extrema vulnerabilidad en la que se encuentran actualmente éstos países, es más que obvio que el populismo latinoamericano no cosechó buenos frutos.
Actualmente, todos estos países poseen altas tasas de desempleo, pobreza, informalidad e inflación. Son países en donde las perspectivas de progreso son pocas y cuyos habitantes no gozan de altos niveles de bienestar ni calidad de vida.
El boom de los precios de las commodities durante el 2003 y 2011, en el cuál triplicaron su valor, se debió al crecimiento económico que presentó China, que desde 1961 multiplicó por 80 su PBI per cápita. De ésta forma, con una demanda interna más fortalecida, comenzó a demandar cada vez más productos primarios al resto del mundo. Obviamente, los países exportadores de esos bienes, como Argentina, Brasil, Bolivia y Venezuela, se vieron más que beneficiados con esto y pudieron crecer en promedio a una tasa anual de entre el 3 y el 5%.
Esto les dio margen a los gobiernos de la región para consolidar el populismo, incrementando el gasto público, el tamaño del Estado, la corrupción y arrasando así con las instituciones. El déficit fiscal en relación al PBI se encuentra entre el 4 y el 8%, mientras que la deuda supera el 90% del PBI en países como Argentina y Brasil.
Sin embargo, cuando los precios de las commodities comenzaron a bajar desde 2011, porque la economía del gigante asiático empezó a desacelerarse, los problemas económicos a los que nos llevaron éstos gobiernos empezaron a sentirse. Venezuela fue el primero en entrar en una fuerte crisis económica y política, en 2015; luego Brasil, en 2016. Argentina ya venía con una economía estancada desde 2011 y los resultados desastrosos del populismo terminaron estallando en 2018; por haber mantenido y no resuelto los problemas de fondo que éste dejó. En el caso de Bolivia, el autoritarismo socialista se volvió insostenible y hubo una crisis política.
Hoy el Covid-19 no hace más que evidenciar los resultados de las gestiones de estos gobiernos. Son países que no pueden hacer frente a un shock de oferta negativo y sí o sí deben llevar adelante una serie de reformas económica. Ya no queda margen para seguir financiando los caprichos del populismo. No hay plata, los precios están en baja y no van a volver a los niveles de años anteriores. Los mercados de capitales están muy reacios a arriesgarse con países emergentes y, como en el caso argentino y venezolano, no es posible la inyección de moneda local para financiar al sector público ya que provocaría una rápida aceleración de la inflación.
Nuevamente, no hay margen para el financiar más populismo, es hora de reformas: reducción del gasto público, baja de impuestos, desregulación, flexibilización laboral, reforma del sistema previsional y apertura comercial.
La autora es economista en la Fundación Libertad y Progreso
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