
El coronavirus ha sido el protagonista de todos los medios y ha tomado una relevancia única también en el mundo de la economía y las finanzas. Todos los ojos apuntan a esta enfermedad que poco a poco se expande a lo largo de los continentes y genera cada día nuevas noticias negativas.
El impacto que tendrá sobre la economía global todavía es difícil de determinar, fundamentalmente porque no se puede predecir cuánto durará ni cuanto más grave podrá ser esta enfermedad que ya se cobró más de 2.000 vidas humanas, la mayoría de ellas en China.
Las primeras señales claras del potencial impacto sobre la actividad llegaron la semana pasada, cuando Apple informó el martes que no podría cumplir con los objetivos de venta del primer trimestre, dificultades que no llegaban por la falta de interés del público sino por los problemas de abastecimiento de componentes provenientes de China, utilizados para sus iPhone. El gran país asiático es el epicentro del coronavirus y el principal jugador del comercio global. Si las fábricas en China no trabajan, el resto de las fábricas tendrán también problemas para seguir produciendo por falta de insumos.
Por otro lado, el mundo viene del mayor período de expansión económica registrado. No ha parado de crecer desde la crisis de las hipotecas Sub Prime en Estados Unidos de 2008. Son 11 años consecutivos de crecimiento. Esto es particularmente relevante porque, aún antes de la llegada del coronavirus, ya eran interesantes los debates entre quienes pensaban que estábamos llegando al fin de un ciclo económico y quienes, contrariamente, creían que había argumentos suficientes para sostener el crecimiento un tiempo más. ¿Será el coronavirus el desencadenante del ajuste?

Los mercados financieros son los primeros en reaccionar y lo están haciendo de manera contundente. Los principales índices de Estados Unidos llevan 6 jornadas consecutivas de caída. El índice S&P 500 retrocedió en ese plazo 8,7% mientras que el Nasdaq retrocedió en el mismo plazo 9,5%. Para tomar como referencia la magnitud de la caída, en 6 días las empresas que conforman el S&P 500 perdieron valor por USD 2,5 billones (millones de millones), equivalente a más de 5 veces el PBI argentino.
¿Cómo reaccionar ante esta situación? La mayoría de los inversores lo hace tomando posiciones defensivas para resguardar su capital. Los principales activos de resguardo son los bonos de los países más sólidos, las monedas de los mismos países y el oro.
Así es como vemos que, por la fuerza compradora, suben los precios de los bonos de Estados Unidos, lo que lleva a una caída en sus rendimientos que están actualmente en valores mínimos y vienen marcando nuevos mínimos por tercer día consecutivo. Por otro lado, el oro alcanzó esta semana un valor máximo para los últimos 7 años y se mantiene ahora en valores cercanos.
Para los más agresivos, sin embargo, las posibilidades siguen presentes pero hay que saber encontrarlas ya que no todos los sectores ni todas las industrias son alcanzadas por igual. Entre las más negativamente alcanzadas están las relacionadas al turismo. La cadena de hoteles Marriot ha sufrido una estrepitosa caída de 25% en 4 ruedas (con una recuperación parcial posterior) y American Airlines sufrió una pérdida de 27.5%, casi USD 3.000 millones de valor perdido en menos de una semana.
Sin embargo, como se decía, muchas compañías se han visto beneficiadas, especialmente las relacionadas a la salud. Hemos visto múltiples empresas duplicar su valor en días, sobre todo las de menor capitalización bursátil dentro del sector. ¿Podrán sostener esos valores?
No sólo las pequeñas empresas del sector han encontrado ganancias. Tras haber presentado malos resultados en el último balance, 3M (que cotiza localmente como Cedear con el ticker MMM) es hoy una de las pocas empresas cuya cotización sube por su gran capacidad de fabricación de máscaras faciales, artículo que ha tenido una explosión de demanda por el Coronavirus.
Pensando en lo que vendrá, será clave monitorear la tasa de expansión de la enfermedad y especialmente las tasas de mortandad. Actualmente sólo las personas mayores o con alguna dolencia previa mueren a causa de la enfermedad. Para cualquier persona menor a 40 años, la tasa de mortandad es de 0,2% y de 0,4% para quienes tienen entre 40 y 50 años.
El autor es Gerente de Research de invertirOnline.com
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