
La imposición de controles para comprar dólares, establecida a fines de 2011, estuvo acompañada por dos fenómenos que incentivaron los viajes al exterior: el progresivo atraso del tipo de cambio y el acceso irrestricto a divisas para gastos con tarjeta fuera del país.
Por eso, a partir de 2012 el balance cambiario por consumos en el exterior empezó a profundizar el resultado negativo para la Argentina. Esta tendencia no pudo revertirse con la eliminación del “cepo” en diciembre de 2015 ni con el abrupto proceso devaluatorio de 2018 y 2019.
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Y el “rojo” turístico también se observó en el último cuatrimestre del año pasado, con el regreso del control de cambios, primero con un límite laxo de USD 10.000 desde el 1° de septiembre de 2019 y luego muy estricto, con un tope de USD 200 desde el 28 de octubre.
En 2019, ya con el tipo de cambio más alto de la administración Cambiemos, el déficit por viajes, pasajes y otros pagos con tarjeta en el exterior totalizó los USD 5.681 millones, resultado de ingresos acumulados en doce meses por USD 2.099 millones, y egresos por USD 7.780 millones, según el Balance Cambiario del Banco Central.
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Para darse una idea de su magnitud, este déficit que se registra dentro de la cuenta de servicios demandó el 35% de las divisas obtenidas por el superávit del comercio de bienes, que alcanzó los USD 15.990 millones en 2019.
Desde 2012, la salida neta de divisas por estos gastos fuera del país sumó USD 59.106 millones en ocho años. Ésta se concretó con control de capitales –en la segunda presidencia de Cristina Kirchner el rojo fue de USD 26.226 millones en cuatro años-, y también con dólar libre, lo que deja en evidencia que los controles cambiarios, como los que persisten en 2020, no son por sí mismos una barrera útil para contener la salida de dólares por los viajes que los argentinos programan al exterior.
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Asimismo, el intercambio comercial entre 2012 y 2019 dejó un saldo favorable para la Argentina de USD 19.422 millones, una cifra que cubre apenas la tercera parte de los dólares que se fueron al exterior por el intercambio de servicios relacionados al turismo.
Queda por confirmar si la vigencia de la Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva en el marco de la Emergencia Pública, impulsada por el gobierno de Alberto Fernández y reglamentada el pasado 28 de diciembre, consigue invertir la ecuación entre turismo emisivo y receptivo.
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La norma incorporó el denominado “Impuesto Para una Argentina Inclusiva y Solidaria (PAIS)”, que recarga con un 30% la demanda de divisas privada para atesoramiento y turismo, sobre un ya elevado tipo de cambio minorista, que superó los 60 pesos el 1° de octubre.
La Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) reglamentó el "impuesto PAIS” a través de la Resolución 4659/2020, que establece que la imposición del 30% para “operaciones de compra venta de divisas o adquisición de bienes o servicios en el exterior”, para las que "la percepción se calculará sobre el importe en pesos utilizado en el momento de la adquisición de la moneda extranjera”.
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“Si la operación se realiza mediante tarjetas de crédito, de compra y/o de débito, el impuesto alcanza a quienes sean sus titulares, usuarios, titulares adicionales y/o beneficiarios de extensiones”, precisó el ente recaudador.
Involucra también a la adquisición de servicios en el exterior contratados a través de “agencias de viajes y turismo del país y la contratación de de servicios de transporte terrestre, aéreo y por vía acuática, de pasajeros con destino fuera del país”, cuando la cancelación de la operación requiera "acceder al mercado único y libre de cambios al efecto de la adquisición de las divisas correspondientes”.
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En 2020 el sostenimiento de un dólar alto más el “impuestazo” de 30% podrían conformar combo fuerte para desincentivar los viajes al exterior, aunque esto no garantiza el superávit por el intercambio de servicios, pues para el turista extranjero no es del todo ventajoso liquidar sus divisas a $58,19, según el promedio de bancos, o efectuar gastos con tarjeta en Argentina, donde se les reconoce un dólar debajo de los 60 pesos, en simultaneo con una inflación que mantiene el ritmo mensual de 3% encarece rápido los consumos en el mercado doméstico, turismo incluido.
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