El uso del efectivo predomina ampliamente como principal medio de compra de los argentinos. Según un informe sobre los hábitos de compra de la población, prácticamente 7 de cada diez pesos destinados a pagar un producto se entregan en efectivo. La encuesta que abarca los años 2017 y 2018 la realizó el INDEC y su resultado es sorprendiente sobre la baja penetración de medios de pago electrónicos: el 69% de las compras se realiza “cash”, mientras que las tarjetas de débito y crédito representan apenas el 19,5%.
Donde más predomina el pago en efectivo es en supermercados, autoservicios y almacenes de barrio. El 82,5% de lo que se gasta en alimentos y bebidas no alcohólicas es “cash”. Parte de la explicación es que la población de menores recursos gasta más en este tipo de producto y es la que menos accede o por lo menos la que menos usa medios electrónicos cuando a la hora de efectuar las compras. También se destaca el uso del cash en la compra de bebidas alcohólicas y tabaco, con 83,8% del total.
La contracara son los rubros donde más se utiliza la tarjeta de débito y crédito: representa un 37,5% en artículos para el hogar, por ejemplo electrodomésticos, mientras que en vestimenta y calzado se registra un 38% de uso de plástico sobre los montos totales. En este caso, la posibilidad de aplicar cuotas sin interés puede ser un importante incentivo para incentivar el uso de tarjeta.
También está discriminada la situación por región: mientras que en la Patagonia el uso de tarjeta corresponde a un 27,5% del total de las compras, en el Noreste representa apenas un 9,9%, es decir que prácticamente nueve de cada diez pesos que se gastan se aplican en efectivo.
Estos datos se contraponen con un informe que presentó el Banco Central sobre inclusión financiera. De allí surge que el 80% de la población adulta tiene cuenta bancaria. Según el relevamiento, hay un total de 55 millones de cuentas abiertas, contando también las correspondientes a quienes cobran planes sociales y jubilaciones.
Pero lo extraño es que a pesar de que una mayoría de la población tiene una cuenta abierta en el sistema, son pocos las que efectivamente utilizan tarjeta de débito, que viene asociada a la misma. Una porción importante de la población termina utilizando la tarjeta para retirar efectivo del cajero y luego efectuar las compras con ese dinero. Otros tienen que hacerlo porque luego los comercios de su barrio no aceptan las terminales para aceptar pagos digitales.

El segmento de la población que tiene cuenta bancaria y tarjeta de débito pero no la utiliza se lo denomina como “sub bancarizado”. Esto significa que tiene acceso a servicios financieras básicos, pero luego no les dan ningún uso. Se calcula que ese segmento representa entre 40% y 50% de la población adulta, que se aproximaría a unos 15 millones de personas.
Esta segmento considerado como “sub bancarizado” es, por otra parte, el más buscado por las compañías fintech, que ofrecen servicios financieros por afuera de los bancos tradicionales. Además, al tener cuenta bancaria les pueden prestar y luego efectuar un débito sobre la cuenta para cobrar la cuota mensual del préstamo.
La semana pasada, el secretario de Finanzas, Santiago Bausili, planteó la necesidad de que la inclusión financiera sea tratada como una “política de estado”, es decir que el próximo gobierno continúe el camino planteado por la actual administración. El objetivo es que más gente pueda acceder a servicios financieros independientemente si lo ofrece un banco o una fintech. A juzgar por los millonarios montos que sigue representando el pago en efectivo el camino para explorar todavía es inmenso.
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