
Alberto Fernández confirmó que una de las alternativas que tiene en estudio para cubrir el bache fiscal es una modificación en el impuesto a los Bienes Personales y generó un enorme revuelo.
Las sospechas sobre un movimiento de estas características vienen de hace varias semanas, como lo reflejó en su momento Infobae. Pero ahora ya hay una confirmación del candidato presidencial de que efectivamente se avanzará en esa dirección para recaudar más y alcanzar el equilibrio presupuestario.
No hay mayores detalles sobre lo que se intentaría hacer con este gravamen y posiblemente no se haya discutido internamente. Pero sí está claro que será una de las fuentes de recursos. A partir de esta lectura se abre una serie de conjeturas sobre el abanico de opciones disponible para la próxima administración, si es que Frente de Todos gana las elecciones de octubre próximo.
Y algunas de estas posibilidades, coinciden los expertos, son las siguientes:
1 - Aumento “liso y llano” de la alícuota. Luego de la última reforma tributaria, el impuesto a los Bienes Personales pasó al 0,75% anual a partir de los 18 millones de pesos de activos declarados. La opción más fácil sería llevarla nuevamente a niveles de 1,25%, que fue el vigente durante los años del gobierno de Cristina Kirchner, aunque incluso no se descarta que el ajuste sea superior.
¿Existe algún nivel en el que se pueda considerar “confiscatorio”? Los tributaristas aseguran que la Justicia puso límites a gravar el impuesto a las Ganancias más allá de un monto, pero que nunca se pronunció en ese sentido en el caso de Bienes Personales.

2 - Un fuerte ajuste de alícuota por “única vez”. Entre los tributaristas se menciona la opción de efectuar un fuerte aumento de carácter excepcional, que tendría como objetivo conseguir un gran aumento de la recaudación de una vez. La justificación sería la crisis que deja el macrismo y la necesidad de equilibrar rápidamente las cuentas públicas. El propio Alberto Fernández dejó en claro que su preocupación es mejorar el estado de las cuentas públicas, citando el ejemplo uruguayo.
¿De cuánto podría ser el incremento de estas características? Algunos arriesgan entre 3% y 5%, pero ambas opciones igual suenan exageradas. Luego, el nivel volvería a la situación previa, es decir 0,75%. Cualquiera de estos cambios debería ser aprobado por el Congreso, ya que se trata de alícuotas impositivas.

3. Distinguir entre los bienes que están en la Argentina y los que se mantienen en el exterior. Es una de las opciones que en su momento había propuesto Sergio Massa como diputado del Frente Renovador. Incluso este año había indicado que “no había que tener miedo” de aplicar un fuerte gravamen diferencial cuando se trata de activos fuera de la Argentina. El caso más claro son inmuebles o cuentas radicadas en el exterior. El reciente sinceramiento fiscal permitió ingresar aun sin necesidad de traer los activos al mercado argentino, lo cual fue una de las claves del éxito del blanqueo.
En los últimos días se dejó trascender que no sería una opción que esté en estudio, pero claramente no debe descartarse. Existe un caso en el que ya se diferencia la tenencia de un activo en la Argentina o fuera del país. Una acción con oferta pública paga 15% de impuesto a la renta financiera si la tenencia es local, pero sube al 35% si es el mismo papel pero la tenencia es a través de un ADR en Wall Street.
4. Mantener o incluso extender las exenciones del impuesto. En el caso de un aumento de la alícuota se podrían mantener las exenciones a Bienes Personales. Por ejemplo, los depósitos en el sistema bancario local tanto en pesos como en dólares están exceptuados. En ese caso, quienes retiraron por ejemplo plazos fijos en dólares pasarían a tributar, ya que para el fisco el dinero se mantiene en efectivo. Si se va a mayores niveles de impuesto, crece mucho el incentivo a depositar dólares en el sistema bancario local para no quedar sujeto al tributo. Eventualmente podrían agregarse otros activos que también podrían quedar sujetos a exenciones especiales, con el objetivo de “seducir” a los inversores.
5. Aumentar la progresividad del tributo. Si bien el impuesto actual arranca en 0,25% para niveles muy bajos, con un patrimonio de $18 millones, es decir el equivalente a 300.000 dólares, ya se pasa a la categoría máxima de 0,75%. En la mayoría de los países que aplican algún tipo de impuesto al patrimonio, se empieza a tributar en escalas mucho más altas. Esto permitiría dejar afuera a contribuyentes claramente de “clase media” que hoy están alcanzados por el impuesto y aumentar considerablemente la presión sobre los que están en la punta de la pirámide de ingresos. Así, el próximo gobierno podría justificar que en la práctica se busca gravar a los realmente ricos.
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