Economistas que ven la mitad de la película

Hay visiones encontradas respecto a la mejor forma de distribuir el ingreso

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Miguel Ángel Pichetto ni siquiera entró al cine. No está viendo ni la mitad de la película. Está viendo alucinaciones en las que en un futuro gobierno del Frente de Todos “el que tenga un departamento de más lo va a tener que entregar a la revolución”. ¿Fue una metáfora? Concedámosela. Pero no deja de ser una metáfora que revela que en la Argentina está reverdeciendo el debate acerca de la distribución del ingreso, con la particularidad de que las propuestas apuntan a revertir la tendencia regresiva que el miércoles informó el Indec: desde el segundo trimestre de 2015 al segundo de 2019 el 20 por ciento de los hogares de mayor ingreso mejoraron su participación del 43,1 por ciento al 45,3, mientras que el 20% de la base de la pirámide retrocedió del 5,9 al 5,5 del total.

La otra particularidad es que en el centro de ese debate sobresale entre otros temas la cuestión impositiva, básicamente a partir de propuestas que están elaborando de manera incipiente los técnicos de Alberto Fernández. El casi seguro próximo presidente lo dio a entender claramente cuando al salir del encuentro que mantuvo con Evo Morales días atrás declaró: “Con un régimen impositivo que grava más severamente a los más poderosos, Bolivia logró equilibrar las cuentas públicas y también consiguió mayor equidad en la distribución del ingreso”.

En ese debate hay políticos y economistas que sOlo quieren ver la mitad de la película y lo que ven, lo ven distorsionado. Comenzando por el propio Mauricio Macri, que llegó a decir que la Argentina “tiene los impuestos más altos del mundo”. Una barbaridad. Dinamarca recauda 15 puntos porcentuales del PBI por encima de Argentina, Francia 10 y Bélgica 9. Y de esa barbaridad economistas como Orlando Ferreres, el candidato José Luis Espert, Javier Milei y Nadin Argañaraz, entre muchos otros, machacan con la idea de bajar impuestos. Casi ninguno específica cuáles, ni cuánto, ni cómo. Están mirando la mitad de la película y solo les importa bajar impuestos.

La película completa lleva a conclusiones mucho más sofisticadas que el mero reclamo de bajar impuestos. La Argentina no solo está lejos de ser el país con los impuestos más altos, sino que según uno de los mejores tributaristas del país, Darío Rossignolo, sostiene que “la presión tributaria es la adecuada en relación a parámetros internacionales de PBI per cápita y las necesidades de gasto”. Y agrega un punto crucial: “El tema es que la presión tributaria está mal distribuida. Hay algunos que pagan mucho y otros muy poco o nada".

Presión tributaria

Como uno de los instrumentos claves para modificar lo anterior, su colega y frecuente coautor con Rossignolo, Juan Carlos Gómez Sabaini, recomienda “fortalecer la recaudación de los impuestos al ingreso y al patrimonio”. Es ahí donde comienza a rodar la actual película, que genera rechazo de varios economistas, tributaristas de grandes empresas y ricas personas, abogados e incluso de destacados periodistas, que solo ven una parte y argumentan equivocadamente.

La ilustrativa frase de AF sobre Evo Morales fue publicada por Pablo Wende el domingo pasado en este portal bajo el título “Maldito blanqueo: ¿Se viene un superimpuesto al patrimonio en 2020?”. Informaba que como parte de su estrategia para gravar a ricos y poderosos sus técnicos estaban analizando la posibilidad de establecer un impuesto especial a quienes blanquearon fondos por 116.000 millones de dólares.

También citaba mi columna del viernes pasado que planteaba y fundamentaba la necesidad de gravar fuertemente a los más ricos, cuando en realidad se trataba de una opinión personal.

En su nota, Pablo Wende afirma que el potencial de aumentar la recaudación de Bienes Personales es muy bajo, cuando en realidad eso depende de cuál sea la escala de alícuotas y la eficacia de los controles.

En cuanto a las alícuotas, Francia cobra una tasa máxima del 1,5% a partir de un patrimonio de 1,3 millones de euros, a lo que se suma un impuesto a la fortuna inmobiliaria. En España la alícuota llega a 3,5% a partir de una tenencia de 700.000 euros.

Pero en el mundo circulan ideas más audaces. La senadora demócrata y seria candidata a competir con Donald Trump está impulsando un impuesto a los super-ricos que gravaría con un 2% las fortunas superiores a los USD 50 millones, más un 3% a los que posean más de 1.000 millones. Con eso calcula recaudar 275.000 millones por año. La propuesta cuenta con el apoyo de George Soros, de los herederos de Walt Disney y del cofundador de Facebook, Chris Hughes, entre otros ultramillonarios. Y seguramente también de Bill Gates y Warren Buffett, que ya se pronunciaron en igual sentido en otras ocasiones.

Bill Gates y Warren Buffett,
Bill Gates y Warren Buffett, entre los ultramillonarios del mundo (AP)

También en Alemania se está promoviendo un impuesto al patrimonio. Ese país no escapa a la tendencia a la desigualdad que conlleva este capitalismo: 46 familias de ese país tienen tanto como la mitad más pobre. La iniciativa cuenta con un 58 por ciento de adhesión, según un sondeo de Welt.

Es un capitalismo que en su nuevo libro Capital e Ideología, Thomas Piketty define como “hipercapitalismo””. El autor del célebre Capital en el Siglo XXI, es muy crítico de la izquierda del Primer Mundo, a la que denomina como “izquierda brahmán” (la casta superior hindú), por lo que él considera que tiene cierta complicidad con las élites.

En cuanto a propuestas el francés no se queda corto. Propone para los supermillonarios una tasa máxima del 90% de la riqueza. ¿Mucho? Gates, Buffett y un centenar de supermillonarios de Estados Unidos se comprometieron a donar entre el 50 y el 99% de lo que dejen de herencia. Y hay que recordar que en Estados Unidos el impuesto a los ingresos tuvo hasta la década del 70 una alícuota máxima del 70 por ciento.

Otro compañero de este portal, Daniel Sticco, desacreditó la idea de gravar la riqueza en una columna publicada el lunes. Recuerda el caso del Ahorro Forzoso de Raúl Alfonsín como un gran fracaso. Que efectivamente lo fue. Pero lo que no fue es un impuesto a la riqueza. Fue un préstamo obligatorio al Estado por una única vez.

Por otra parte, un impuesto a los poderosos no puede resolver el déficit fiscal, el pago de la deuda y servir para redistribuir el ingreso, como plantea Sticco. Nadie sensatamente lo concibe así, sino como una herramienta de una reforma integral que también incluya un impuesto al ingreso de las personas, con escalas de alícuotas muy progresivas que comiencen bajas para ingresos medios y lleguen a valores efectivos mucho más altos que ahora para los ingresos altos.

De esa manera se podría cubrir una rebaja en Ganancias de las empresas, que sí terminan pagando los consumidores y serviría como desahogo de costos e incentivo productivo.

El otro punto en desacuerdo con Daniel Sticco es su afirmación de que todo impuesto lo termina pagando el consumidor. No es el caso, precisamente, del impuesto a la riqueza de las personas. Que fue la protagonista estrella de esta película en rodaje y sin fecha de estreno.

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