
Trevor Alleyne es el economista que fue designado por el FMI como "representante residente" en la Argentina. Su desembarco está previsto para fin de noviembre. Sin embargo, aún queda un detalle no menor sin resolver: dónde tendrá su oficina. El tema, aunque resulte extraño, está generando un cortocircuito entre el Gobierno y el Fondo, justo antes de que el directorio del organismo apruebe en Washington un nuevo acuerdo por USD 57.000 millones.
El foco de este conflicto surge a partir de un pedido realizado por el organismo: que la oficina del FMI en Buenos Aires funcione en forma "temporal" dentro del Banco Central. Se trata de algo habitual en las últimas décadas. Siempre las representaciones del Fondo en Buenos Aires funcionaron desde fines de la década de 1950 en el BCRA, desde la época del primer acuerdo alcanzado durante la presidencia de Arturo Frondizi.
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La excepción fue después del default declarado en 2001, cuando abrió una oficina en Paraguay y Libertad, a pocas cuadras del microcentro. Luego fue cerrada, cuando el gobierno de Néstor Kirchner decidió cancelar la deuda de casi USD 10.000 millones que mantenía con el Fondo.
Sin embargo, a pesar de estos antecedentes, por ahora el Gobierno no confirmó al FMI que efectivamente está dispuesto a prestar una oficina dentro del Central para que funcione la nueva representación permanente del Fondo en el país. "Recibimos el pedido, pero todavía no le dimos ninguna respuesta", reconocen fuentes del Central.
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Desde Washington, por otra parte, aclaran que la oficina dentro del Central para el FMI sería "temporal" hasta que más adelante consigan una nueva locación en el centro porteño. De otro modo, no tendría sentido apurarse tanto. Alleyne, de origen jamaiquino y con más de 25 años de trayectoria en el Fondo, llegaría a fin de noviembre. Pero a las pocas semanas se volvería a Washington para pasar las fiestas, con lo cual recién estaría volviendo a Buenos Aires a fines de enero.
El Gobierno no aclara por qué aún no han respondido al pedido del Fondo. Pero todo indica que en realidad lo que está pesando a la hora de dar el visto bueno tiene que ver con la lectura política que podría ocurrir si los técnicos del organismo desembarcan directamente en el Central. No lo dicen, pero la sugerencia del equipo económico es que el representante del FMI y sus colaboradores tengan en realidad un espacio propio, tal como sucedió después del 2001.
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Se espera, por otra parte, que el desembarco del FMI en Buenos Aires se prolongue por mucho tiempo. Los desembolsos del organismo previstos en el acuerdo se prolongarán hasta el 2020, pero luego el Gobierno debe devolver esos préstamos, por lo que la relación prácticamente se prolongará por una década.
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