Una larga historia de depreciación sostenida del peso (Adrián Escandar)
Una larga historia de depreciación sostenida del peso (Adrián Escandar)

La feroz conversión de Lebac en pesos a dólares de estos días, el enorme costo en reservas que está pagando el Banco Central en su por ahora vano intento de frenarla, y las derivaciones políticas y sociales del cimbronazo, acercan a la economía al precipicio al que indefectiblemente caerá, temprano o tarde, si no comienza a revertir la fragilidad de su sector externo, que es un problema estructural crónico de la Argentina, pero que se agravó desde que asumió Mauricio Macri.

Más cerca del precipicio no significa que la caída sea inminente. Significa que el punto crítico está más cerca que antes. Que la situación está en zona de riesgo.

Para una economía con los antecedentes y características de la argentina, que el Banco Central haya perdido USD 7.908 millones de reservas respecto al máximo que alcanzó a mediados de enero, inevitablemente genera nerviosismo y preocupación, aunque Marcos Peña diga que no hay motivos para intranquilizarse.

El punto crítico está más cerca que antes. Que la situación está en zona de riesgo

Es cierto que el Banco Central todavía tiene USD 56.000 millones de reservas, que es un resto considerable, y que según dijo Federico Sturzenegger en un discurso que pronunció en el Banco Mundial diez días atrás, "son uno de nuestros principales reaseguros para enfrentar una eventual volatilidad en los mercados financieros".

El ministro de finanzas Nicolás Dujovne y el presidente del Banco Central de la República Argentina Federico Sturzenegger destacaron el rol de las cuentas externas de la Argentina en el cierre del G20 en Buenos Aires (Adrián Escandar)
El ministro de finanzas Nicolás Dujovne y el presidente del Banco Central de la República Argentina Federico Sturzenegger destacaron el rol de las cuentas externas de la Argentina en el cierre del G20 en Buenos Aires (Adrián Escandar)

Clara muestra de la debilidad externa

Pero en esa misma presentación, el presidente del Banco Central mostró que mientras las reservas de la Argentina equivalen al 10% del Producto Bruto Interno, en Chile esa proporción es 15%, en Colombia 16%, en México 18%, en Brasil 19%, en Uruguay 24% y en Perú 32%. Es decir que la Argentina está menos cubierta que países que son mucho más estables y menos frágiles en sus cuentas externas.

La Argentina está menos cubierta que países que son mucho más estables y menos frágiles en sus cuentas externas

También es cierto que el Banco Central tiene algunos instrumentos para operar en el mercado financiero. Tan cierto como que el contexto internacional para acceder a financiamiento externo se complicó, que la cantidad de pesos que están especulando en Lebacs u otras colocaciones sigue siendo una masa enorme que podría seguir alimentando la compra de dólares, y que a todo eso subyace la crónica fragilidad externa.

Es de esperar que la turbulencia con el dólar y su traslado a precios acentúen la caída en la imagen del Gobierno, que según todas las encuestas está atravesando su peor momento político. Pero si bien las encuestas coinciden en que las dos causas principales de ese retroceso son la inflación y los tarifazos, desde el punto de vista macroeconómico el peor resultado de la gestión es que ha convertido al país en un colador con agujeros cada vez más grandes por el que se están filtrando por año una cantidad de dólares varias veces mayor que los cerca de USD 8.000 millones que perdió el Banco Central desde enero.

Dolarización repetida

Aunque sin la visibilidad ni el vértigo de una corrida, el proceso de dolarización es casi una constante de la reciente historia argentina.

Tomando en cuenta del 2003 en adelante, salvo en el 2005 y durante la vigencia del llamado cepo cambiario, todos los años los argentinos con capacidad de ahorro adquirieron y fugaron del sistema miles de millones de dólares a cajas de seguridad, a cuentas en el exterior u otros destinos. El máximo durante el kirchnerismo fue en 2008 con USD 23.100 millones.

Muchos creyeron que con el cambio de gobierno se iba a restituir la confianza. Pero si un parámetro para medir la confianza de la población en la economía de su país es el grado de preferencia por la moneda local, la gestión de Cambiemos no solo no ha logrado revertir la tendencia, sino que la ha empeorado.

Si un parámetro para medir la confianza de la población en la economía de su país es el grado de preferencia por la moneda local, la gestión de Cambiemos no solo no ha logrado revertir la tendencia, sino que la ha empeorado
El Gobierno no logra una confianza creciente en el peso (Presidencia)
El Gobierno no logra una confianza creciente en el peso (Presidencia)

Según los datos del Banco Central, lo que técnicamente se denomina Formación de Activos Externos del Sector Privado no Financiero y coloquialmente se conoce como fuga de capitales, había rozado en 2016 los USD 10.000 millones; el año pasado trepó a USD 22.150 millones, y en el primer trimestre de este año la fuga ya sumó casi 7.000 millones.

La aceleración es vertiginosa: la fuga más que se duplicó del primer al segundo año, y el número del primer trimestre fue un 45% mayor al de igual período de 2017. Todavía no están los números de abril, pero la corrida del mes pasado no deja lugar a duda acerca de que la dolarización y fuga se acentuó notablemente. Basta recordar que el mes pasado el Banco Central vendió USD 4.732 millones de sus reservas.

Déficit de la balanza de pagos

Ese drenaje de divisas se monta sobre el creciente déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, que es donde se contabiliza el ingreso y egreso de dólares por intercambio de bienes (balanza comercial) y por pago y cobro de servicios, entre los que figuran los intereses de la deuda, los viajes, el turismo, la remisión de utilidades, los fletes y los seguros.

Esa cuenta registró en 2016 un saldo negativo de USD 14.693 millones; el año pasado se duplicó a USD 30.792 millones, en los primeros meses de este año intensificó el rojo y las estimaciones de economistas locales y también del Fondo Monetario Internacional indican que terminará el 2018 peor que en 2017. Entre otras cosas, porque se espera un déficit algo mayor entre exportaciones e importaciones y porque se pagarán más intereses por la deuda.

Entre fuga de divisas y déficit de la cuenta corriente, el año pasado se filtraron por el colador unos USD 53.000 millones y probablemente este año haya más drenaje

Hasta ahora, eso fue cubierto con una montaña de deuda externa estatal, con algo de préstamos tomados por los privados, con un poco de inversión extranjera en proyectos productivos, y con un monto considerable de dólares que entraron para aprovechar el muy atractivo rendimiento que generaba la bicicleta con las Lebac en pesos mientras el dólar se mantuviera estable.

Combinación explosiva

Precisamente, una de las causas de la estampida en curso es que tenedores de Lebac decidieron pasarse a dólares, impulsados por el aumento en la tasa de interés de Estados Unidos, y porque la aplicación de un impuesto sobre ese activo y el hecho de vislumbrar la tendencia alcista del dólar arruinaban la bicicleta.

Para contrarrestarlo el Banco Central subió fuertemente la tasa de interés con la idea de reforzar el atractivo de las Lebac. Aunque cuesta creerlo, la política económica necesita imperiosamente mantener condiciones que eviten un traspaso masivo de Lebac en pesos a dólares. Asusta saber que las colocaciones en Lebac equivalen a casi 60.000 millones de dólares.

Es probable que mediante el sacrificio de reservas, el alza de la tasa de interés y la aplicación de otras compresas, el Gobierno logre bajar la fiebre

Por supuesto que es probable que mediante el sacrificio de reservas, el alza de la tasa de interés y la aplicación de otras compresas, el Gobierno logre bajar la fiebre.

Pero si no logra comenzar a sanar la enfermedad estructural para reducir la cantidad de dólares que constantemente se van por el colador de la fuga y la cuenta corriente, cada día que pase se estará más cerca del peligro.
Por la sencilla razón de que la economía no soporta mucho tiempo más un agujero de 50.000 millones de dólares.

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