
Tomás Martín Etcheverry, tal como se lee en su pasaporte o en su perfil de ATP, se escapa de uno de los pasillos internos del Arthur Ashe. Giró a la izquierda, viene de la Sala de Jugadores, y se sienta a contar sus experiencias. Consciente de que arrancó este US Open necesitado, pero con una sonrisa. Fue victoria en primera ronda frente a Camilo Ugo Carabelli, en un duelo que cuenta con una docena de antecedentes y que lo depositó en la segunda estación del Grand Slam de La Gran Manzana. El platense se fue conforme de la cancha con lo hecho. “Me sentí jugando muy cómodo, sólido, de principio a fin. Mi sensación fue que el saque me dio mucho, con eso uno puede descansar y en esta superficie eso es clave”, explicó en un inicio.
Nueva York lo encuentra distinto, buscando la firmeza y la confianza que lucía hace poco más de un año, y con “nuevas-viejas” caras en su entorno. Es que Tommy volvió a trabajar con Waly Grinóvero, el entrenador que lo llevó a meterse dentro de los 30 mejores del ranking, junto a Kevin Konfederak. Respecto a la conformación de su nuevo equipo, detalló: “La vuelta la venía pensando, tenía otras opciones muy buenas, pero venía pensando en el armado del equipo con Kevin y con Waly, con quien ya nos conocíamos. Es una experiencia nueva con Kevin, que hizo muy buen trabajo con Fran -por su amigo Francisco Cerúndolo-. Creo que es una linda oportunidad. Obviamente, quiero más, pero es un momento para volver a eso”.

Hay afecto y hay historia en ese vínculo. “Con Waly nos entendemos mucho. Probamos grandes cosas juntos y creo que en el día a día siempre fue muy bueno”, confesó Tomás, como quien se reencuentra con un viejo socio en la cancha.
Etcheverry también se detiene en otro nombre, Javier Frana. El Capitán de Copa Davis lo acompañó en semanas recientes y muchos pensaron que eso terminó pesando a la hora de su convocatoria a la serie frente a Países Bajos, algo que aclaró rápidamente: “De entrada se pactó que no influye para nada en la decisión. Creo que es una gran iniciativa de la Asociación Argentina de Tenis el que los jugadores podamos contar con el capitán, que esté más involucrado con cada uno de nosotros. Yo lo viví ahora y otro puede precisarlo en otro momento. Es una persona que siempre respeté un montón y al que quiero mucho. Sabe un montón, y lo que estoy compartiendo lo hace un fenómeno adentro de la cancha”.

Su presente lo vuelve a entusiasmar, no sólo porque ganó en Nueva York. “Estoy mejor, es una realidad. En los últimos torneos vengo ganando algunos partidos y me siento mucho mejor adentro de la cancha, con más tranquilidad. Pero se trata de buscar eso, de dar un salto de calidad para mejorar”, dijo.
La renovación de su equipo le propone una nueva mirada que le genera expectativa y “motivación”. “Digo que tengo que ir para arriba. Tengo mucho para hacer todavía: más variantes de juego, de saque y red, de devolución, jugármela un poco más, no utilizar malos drops. Hay varias cositas que sé que las puedo hacer, que tengo la capacidad, y lo voy a tratar de sumar. Siempre de manera ordenada, porque a veces tener más armas te termina desordenando. Pero con estructura y una buena táctica, eso se puede llevar a cabo”, agregó.
Por otro lado, Etcheverry siente que aún no jugó todo lo que puede y que los mejores resultados aún están por venir. “Creo que no llegué a mi techo todavía, ojalá que lo haga más adelante”, soltó con convicción.

Y, como si se hablara al espejo, Etcheverry también se confesó sobre los vaivenes de su temporada y los compara con otros jugadores en situaciones similares a la suya: victorias grandes, derrotas rápidas y dudas. “Cada uno es diferente y lo vive diferente. A mí es el primer año que me está pasando esto. Siempre fui un jugador bastante regular, que siempre ganaba partidos. Lo que me pasó es que en un momento tuve varias derrotas en primera ronda y venía de hacer cuartos en Halle, en donde me había sentido muy bien, pero arranqué a perder sin saber qué estaba pasando. Y uno se empieza a repreguntar un poco de todo, te empieza a agarrar un poco de desesperación, por esa necesidad de tener que ganar. Eso es un poco lo que me pasó”, analizó.
No esconde el golpe de lo que significó la derrota en la primera ronda de Wimbledon ante el joven británico Jack Pinnington Jones (222): “Fue un baldazo de agua fría, porque me había tocado un wildcard (jugador invitado, de bajo ranking) en primera ronda y me dije que lo tenía que ganar. Me venía sintiendo bien, después de los torneos sobre polvo que eran importantes para sumar puntos, pero en los que terminé perdiendo dos partidos en el tercer set y otro no lo jugué bien. Y ahí es donde se te empieza todo a hacer una pelota cada vez más grande. Ahí es cuando debe aflorar la calma de no desesperar”.
La conclusión llegó con madurez: “Veo el caso de muchos jugadores que les pasa esto y en algún momento lo dan vuelta. Es parte del deporte. Creo que a todos les pasa. A los Top 10 o a los Top 20 no les pasa, porque por algo tienen el año que tienen. Pero veo muchos jugadores a los que les termina pasando”.
Etcheverry quiere pisar fuerte en Nueva York, pero sabe que debe mejorar lo hecho si quiere progresar en el Abierto de Estados Unidos. Para eso, en la próxima instancia deberá superar un hueso duro de roer, el miércoles, cuando enfrente esté el checo Jiri Lehecka, número 21 del mundo.
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