Untar vaselina en un bate, “sobornar” a un árbitro con caramelos y cervezas, tardar para que al rival le toque jugar sin la luz del sol o desgastar la pelota con papel de lija, son algunas de las “salvajes trampas” que se realizan en uno de los deportes más populares del mundo: el críquet, que cuenta con 2.500 millones de aficionados a nivel global.
Un chasquido de dedos en un partido de segunda división del condado de North Yorkshire desató uno de los escándalos más virales de la historia del críquet amateur inglés. Brian Devine, jugador de campo del Saltburn Cricket Club, fue identificado como el hombre detrás de una maniobra tan sencilla como fraudulenta: imitar con los dedos el sonido que produce una pelota al rozar el borde del bate para engañar al árbitro y conseguir que declarara la eliminación de un bateador rival. El video del incidente superó los 7,5 millones de reproducciones en X y le valió al jugador el apodo de “Clicky Ponting”, una parodia del nombre del legendario excapitán australiano Ricky Ponting.
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El incidente ocurrió durante un partido de División 2 de la Liga de Críquet de North Yorkshire y South Durham (NYSD), cuando el segundo equipo de Saltburn enfrentó al Norton CC. Para entender el engaño conviene conocer la mecánica básica del deporte: en el críquet, el bateador defiende un wicket, que es el conjunto de tres postes verticales de madera —los stumps— coronados por dos pequeñas piezas horizontales llamadas bails. Frente a él, el lanzador intenta derribar esa estructura o provocar que el bateador cometa un error. Uno de los modos de eliminación más frecuentes es el caught behind: cuando la pelota roza el filo del bate —un contacto que en inglés se llama edge— y el guardameta, apostado justo detrás del wicket, la atrapa al vuelo. El sonido seco de ese roce es la señal que el árbitro escucha para conceder la eliminación tras la apelación del equipo en el campo.

Eso fue exactamente lo que Devine simuló. Ubicado en la posición de primer slip —un fielder colocado detrás del bateador, al costado del guardameta, cuya función es atrapar las pelotas que escapan por el borde del bate— chasqueó los dedos en el instante preciso en que la pelota pasó cerca del bate del bateador Noman Shabir sin tocarlo. El guardameta Josh Bowes la atrapó, el equipo apeló y el árbitro declaró a Shabir eliminado. Las imágenes, publicadas por el Daily Mail y difundidas masivamente en redes sociales, mostraron a Devine en ese momento exacto.
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El análisis posterior de partidos anteriores de Saltburn reveló un patrón difícil de ignorar. En 13 partidos disputados en 2026 con Devine en el equipo, el guardameta del club acumuló 39 atrapadas; en los siete encuentros sin su presencia, esa cifra cayó a cinco. La NYSD inició una investigación formal tras recibir una queja oficial. “La Liga ha recibido una denuncia formal sobre presuntos incidentes en un partido de División 2 del sábado. Se ha iniciado una investigación completa”, señaló el organismo en un comunicado.
El club respondió con rapidez: suspendió a Devine por tiempo indefinido y anunció que no volvería a jugar durante lo que resta de la temporada. Además, perdió el patrocinio del restaurante indio local que figuraba entre sus auspiciantes.
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El apodo “Clicky Ponting” surge como juego de palabras con el nombre de Ricky Ponting, el exjugador y excapitán australiano considerado uno de los mejores bateadores de la historia del deporte, con 13.378 carreras en Test cricket —el formato más largo y prestigioso del críquet internacional, que puede extenderse hasta cinco días— y dos Copas del Mundo ganadas como capitán, en 2003 y 2007. La referencia es irónica: Ponting encarnó durante décadas la combatividad del críquet australiano, aunque su nombre aparece ahora ligado a una trampa de ligas menores.
El escándalo del Saltburn no es un caso aislado en el universo del críquet amateur inglés. El Daily Mail recopiló testimonios de jugadores y exjugadores que describen una larga tradición de “salvajes trampas” en las ligas locales. Sunny Agnihotri, quien jugó en el West Blatchington Cricket Club entre 2002 y 2008 y ganó la División 1 de la Sussex Invitation League en dos ocasiones, relató que un equipo rival untaba vaselina en sus bates antes de los partidos para amortiguar el sonido del borde y así evitar que el árbitro detectara el roce. “Les preguntamos a los árbitros y nos dijeron que no iba en contra de las reglas”, dijo Agnihotri al medio británico.
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Un truco diferente pero igualmente efectivo: los jugadores del Brighton Insurance perdían tiempo deliberadamente entre la salida de un bateador y la entrada del siguiente para agotar la luz del día disponible cuando les tocaba batear. “Tardaban el doble de tiempo, de modo que cuando nos tocaba batear, el ambiente era más sombrío”, agregó.
Otro testimonio anónimo recogido por el Daily Mail describió una variante del engaño de Devine: un guardameta que llevaba una goma elástica sujeta al guante y la tensaba en el momento justo para imitar el sonido de un toque de pelota sobre el bate, con el mismo objetivo de inducir al árbitro al error.
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En las ligas de Leicestershire, un árbitro era conocido por acelerar sus decisiones a medida que se acercaba la hora de apertura del bar del club; cuando tenía sed, susurraba a los fielders que apelaran con fuerza la próxima pelota que golpeara las almohadillas —los protectores de pierna del bateador— y él accedía. Un equipo campeón de esa misma región llegó a enviar cervezas al vestuario de los árbitros y ofrecerles caramelos durante el partido para predisponer sus decisiones a su favor.
El escándalo del Saltburn adquiere otra dimensión al ubicarlo junto a casos de mayor repercusión internacional. El más resonante en años recientes fue el “Sandpapergate” de 2018, cuando Cameron Bancroft fue captado por las cámaras de televisión frotando la pelota con papel de lija durante el tercer partido de la serie entre Australia y Sudáfrica en Ciudad del Cabo. Manipular la superficie de la pelota es una de las infracciones más graves del deporte: al desgastar un lado y conservar el otro liso, el lanzador puede lograr que la pelota cambie de dirección en el aire de manera impredecible, una técnica conocida como swing. El capitán Steve Smith y el vicecapitán David Warner fueron identificados como los responsables del plan. Cricket Australia los sancionó con un año de suspensión a ambos —y con la prohibición de asumir roles de liderazgo durante dos años—, mientras que Bancroft recibió nueve meses de veto.
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El otro antecedente citado por el Daily Mail es la polémica eliminación del inglés Jonny Bairstow a manos del guardameta australiano Alex Carey durante el segundo partido de las Ashes 2023 en Lord’s. Al término de un over —la secuencia de seis lanzamientos que constituye la unidad básica del juego— Bairstow salió de su crease, la línea que delimita la zona de seguridad del bateador, creyendo que la pelota estaba fuera de juego. Carey, que aún la tenía en la mano, la arrojó sobre los stumps y reclamó la eliminación por stumped: una modalidad en la que el guardameta derriba el wicket mientras el bateador está fuera de su crease sin intentar una carrera. El árbitro de video confirmó que la pelota seguía en juego y la eliminación fue válida. “Tomando toda la situación en consideración, lo primero que hay que decir es que está eliminado”, reconoció el capitán inglés Ben Stokes, aunque el episodio generó un debate global sobre los límites entre la letra de las reglas y el llamado “espíritu del críquet”.
En las ligas de Gales, el medio británico rescató otro caso de trampa estrictamente legal. En 2017, el equipo Carew se enfrentó al Cresselly en el último partido de la temporada de la liga del oeste del país. Con una ventaja de 21 puntos sobre su rival y un sistema de bonificaciones que podía inclinar el título, Carew decidió batear primero y declarar su turno al bate —es decir, cerrarlo voluntariamente antes de que todos sus bateadores fueran eliminados, una herramienta táctica legal en el críquet de formato largo— con apenas 18 carreras y una sola baja. Al hacerlo con una cifra tan baja, privó a Cresselly de la posibilidad de acumular las carreras necesarias para obtener los puntos de bonificación que le habrían dado el título. Cresselly ganó el partido, pero Carew se quedó con el campeonato por un solo punto.
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El rotativo inglés también recogió el testimonio de Matt Gatward, quien jugó para los Saffron Plantationers en el condado de Essex y admitió haberse beneficiado de un error arbitral sin confesarlo: al golpear la pelota, pisó accidentalmente sus propios stumps y los bails cayeron —lo que debería haberlo dejado eliminado por golpear su propio wicket—, pero el árbitro no lo advirtió y señaló cuatro carreras. El partido terminó en ese instante. “Me salí con la mía, pero no estoy orgulloso de mis acciones”, admitió Gatward al medio. La investigación de la NYSD sobre el caso Devine continúa abierta.
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