Ángel Guillermo Hoyos fue uno de los formadores de Lionel Messi en el Barcelona
Ángel Guillermo Hoyos fue uno de los formadores de Lionel Messi en el Barcelona

Es la tercera vez que interrumpen la nota que comenzó hace apenas unos pocos minutos. Primero fue el mozo, repleto de amabilidad. Luego un señor canoso, con respeto, para coordinar un diálogo posterior en el lobby de ese hotel en el que alcanzó con sentarse durante un rato en el hall para contar más de tres idiomas diferentes entres los huéspedes que pasaron. Ahora son ellos, silenciosos, quienes con su mirada cruzan las palabras de Guillermo Hoyos. Son dos integrantes de su cuerpo técnico y tienen apoyadas unas cuantas bolsas de papel madera sobre sus antebrazos. “Ahora vamos. Aguántenme ahí abajo”, dice el técnico de Aldosivi desde un costado de la escalera.

Hoyos es el entrenador de Aldosivi, pero es también un trotamundos que fue elegido por César Luis Menotti como el capitán del futuro en el juvenil del 79, que formó a Lionel Messi en La Masía del Barcelona y el tipo que conoció de cerca al primer Diego Armando Maradona. También está el ser humano que a los 8 años se encontró con toda su familia viviendo en la calle cuando la adicción de su padre por el alcohol lo dejó sin trabajo y sin casa. Hoyos almorzaba en la Iglesia, lustraba botas, vendía diarios, abría puertas de los taxis; lo que sea por conseguir una moneda que le permitiera comer a la noche.

El espíritu de ese pequeño que se crió con la ñata contra el vidrio en los grandes locales de la Avenida Corrientes está ahora en un hotel de lujo con vistas al Obelisco concentrado con su equipo; el único objetivo por delante es el fútbol y para entonces es inimaginable proyectar la pandemia que puso patas para arriba al mundo un puñado de semanas más tarde. No olvida que el fútbol le salvó la vida cuando a los 17 años debutó en la primera de Banfield. Por eso, le responde a Infobae sólo con un gesto cuando la pregunta se relaciona a la distancia entre su infancia y su presente: señala con los ojos a los ayudantes que acaban de pasar.

— Cuando salís a la calle y hay un pibe pidiendo una moneda o abriendo la puerta de un taxi...

— (Mira hacia donde se fueron sus ayudantes y hace un largo silencio) ¿Vos viste a los chicos recién?

— Sí...

— Todo caja de comida...

— ¿Están llevando a los chicos que están en la calle?

— Sí... Poder colaborador, ayudar, a tu manera, a tu forma. Somos un grupo de permanente colaboración. Con eso no vas a cambiar el mundo pero sí vas a colaborar con pequeñas cosas que para nosotros es muy importante el estar.

— ¿Pero al ver a esos nenes no te recrudece lo que tuviste que pasar?

— No te recrudece, te alimenta. Te alimenta el hecho de saber que se puede. Hay cosas que suceden porque Dios lo ha querido así. Hay que respetar los momentos y yo los respeto a rajatabla. No me quejo. Hay mucha agua que va a correr bajo el puente tuyo y mañana te vas a dar cuenta de un montón de cosas que hoy no las podés saber.

Hoyos y Messi durante un acto benéfico en Córdoba varios años después de haber estado juntos en las inferiores del Barcelona
Hoyos y Messi durante un acto benéfico en Córdoba varios años después de haber estado juntos en las inferiores del Barcelona

Después de casi 20 años dando vueltas por el planeta, entrenando desde juveniles –comandó a Messi en La Masía durante el 2003– hasta selecciones –estuvo un puñado de meses al frente de Bolivia–, a Hoyos le llegó el turno de demostrar en la primera división del fútbol argentino con una misión difícil: salvar del descenso al Tiburón de Mar del Plata.

— Hace un tiempo atrás, el Papu Gómez definió en una nota que la gambeta abre mundos, ¿qué espacio le das vos en tus equipos?

— Sí señor. La gambeta es... Da Vinci, es Miguel Ángel. La gambeta es lo que haces de chico. ¿Qué haces? Gambeteas, gambeteás y gambeteás. Después la vas ordenando.

— Está bien, pero vos hoy tenés como objetivo salir del descenso: si tu lateral derecho tira un caño en el fondo cuando vas ganando 1-0 y el partido está por terminar, ¿es Da Vinci o se le reprochás?

— Yo nunca me olvido de César (Menotti) en la final del Mundial 79 cuando Argentina perdía 1-0 con los rusos. La Pantera Rossi, que era el central, bajó la pelota con el pecho cuando tiraron un centro desde un córner. Yo nunca me olvido porque estaba ahí: César se paró y se levantó aplaudiendo ese acto de valentía, de un control de enorme calidad, que pintaba lo que él disfrutaba el fútbol. ¡Perdiendo 1-0! Después hizo el gol Ramón Díaz y no se paró, se quedó sentado. Creo que hay momentos en los que podés llegar a plasmarlo y expresarlo. El resultado está tan por arriba, que es muy valioso y te marca el camino de los procesos, pero que eso no te lleve a perder condiciones. Yo tenía un entrenador que me decía: “Si pasás mitad de cancha, te saco”. Y yo estaba más pendiente de no pasar mitad de cancha que de jugar.

— ¿Menotti te lleva con el grupo que ganó el Mundial juvenil del 79 pensando que serías el capitán en el del 81?

— Sí, me lleva para hacer la experiencia. Yo hago todo el proceso de él. Trabajé como un loco porque era el más chico de todos. Clasificaron en el sudamericano de Uruguay y tenían un equipazo...

— ¿Pero pensaba dos años adelantados con vos?

— Pensaba en lo que uno podía llegar a hacer más allá del juvenil, pensaba en selecciones futuras. Estaba el Mundial 82 también. Un proceso de selección era a través de lo que él creía como se tenía que jugar. Y yo estaba en esa línea de juego.

— Te escuché decir que cuando estabas en Talleres en los 80 jugaban al medio toque, ¿qué es el medio toque?

— ¡Uh! El medio toque antes de recibir tenés tres o cuatro jugadas registradas. Es un tablero de ajedrez. Estamos hablando de muchos años atrás, porque hoy se dice que un toque en sectores del campo ofensivos es imposible de marcar porque le da velocidades muy altas. Siempre pienso: ¿cómo era el jugador en esa época y cómo sería ahora? Uno lo traslada y serían unas máquinas terribles. José Daniel Valencia, por ejemplo, tenía cuatro o cinco jugadas arriba en su cerebro. Tenían cerebros muy ágiles. El medio toque es lo impensado.

Hoyos en sus comienzos con la camiseta de Talleres
Hoyos en sus comienzos con la camiseta de Talleres

— Tuviste una gema entre tus manos que es Leo Messi en sus primeros tiempos en Barcelona, ¿vos desde dónde elegiste formarlo?

— Sabiendo que detrás de cada chico hay un montón de ilusión. Están las familias. No es una formación simple. Tenes que saber que nosotros tenemos a los chicos, pero detrás de está el papá, la mamá, hermanos, abuelos... Tenés que fijarte muy bien lo que vas a hacer. Que tres puntos no le rompan la ilusión o la carrera.

— ¿Tenías en cuenta que si eras un mal formador quizá tomabas malas decisiones y lo perjudicabas?

— Tenés que estar seguro de lo que estás viendo y que la capacitación tuya sea constante. Tenés que evolucionar sobre la formación. Después hay diferentes parámetros, porque hay gente que tiene un tacto mejor, un ojo mejor, que ve movimientos que otros no. No precisamente por el hecho de jugar bien al fútbol después vas a ser un buen entrenador, pero ayuda muchísimo. No te quedas con lo que vos sabés, vas aprendiendo cada día. Hay un título de Simeone que me gustó: también el saber defender es vivir. Es algo elogiable porque es una forma de jugar dentro de lo lícito, te puede gustar o no. También después sale campeón el Barcelona con un juego espectacular y a mí el paladar me lo llena. El otro fútbol no te llena tanto pero también tiene su lógica.

— Leo llegó y ya se sabía que era una estrella, a la primera pelota que tocó le hicieron firmar el contrato: ¿te ibas a dormir presionado o pensando en cómo lo potenciabas?

— La condición principal que tiene que tener la estrella es la humildad y la sencillez. La humildad te hace la facilidad de crecimiento. En todos los ordenes de la vida. En el momento que te falte eso te está faltando una parte dentro del crecimiento que te va a costar en determinado momento de la carrera. El crecimiento está en vos mismo, en cómo está tu persona. Hay técnicas para desarrollarlo, métodos de evolución que te ayudan, que antes no los había. Nosotros hoy tenemos las pelotas pulpo en el club, yo rompía las paredes con la pelota pulpo. La pateaba contra la pared y cuando venía en velocidad era un millón, yo la tenía que controlar...

— ¿Entrenas a tus equipos con las pulpo hoy?

— Para los míos tenemos pulpo hoy. Siempre las tuve, en todos los clubes. Soy fanático del crecimiento a través de la creatividad, del desarrollo. Todos tenemos talento. Estábamos hablando con un amigo de aprender guitarra y me dijo que era muy complicado. Si nos vamos a sentar y pensar lo que es complicado, no te vas a dormir. Porque todo puede ser complicado si vos le pones el no adelante.

— Guardiola explicó una vez por qué Messi camina tanto en la cancha...

— ¡Ohhh! Eso lo dijo también César sobre Valderrama. Lo definió a Valderrama: camina porque piensa.

— ¿Vos de Leo crees lo mismo?

— Para mí el caminar es táctico.

— ¿Lo tenía ya desde chico?

— Lo vas aprendiendo sobre los caminos porque el fútbol al ser tan táctico empieza a perderse mucho la creatividad dentro de ese tacticisimo. Entonces esa libertad de expresión se va perdiendo. A mí me gusta ser táctico en los momentos que tenés que ser táctico, pero dejemos manifestarse al tipo que pinta. ¿Cómo pinta sino? ¿cómo va a pintar si le decís acá tenes que hacer una triangulación y doblar? ¡No, que sea espontáneo! Que conozca qué cosa facilita el desdoble, pero también que no le cohíba la creatividad. Es decir: aprender del juego como un juego, sin perder el potrero.

"A mí me gusta ser táctico en los momentos que tenés que ser táctico, pero dejemos manifestarse al tipo que pinta"

Arrancó a enamorarse del fútbol cuando su abuela paterna lo adoptó junto con su hermana y los dejó pupilos en un colegio religioso cordobés en Villa María. Jugó en Banfield, Talleres de Córdoba, Boca, Gimnasia de La Plata y Chacarita en el país, pero también en la filial del Real Madrid, en el fútbol chileno, el boliviano, el colombiano y el venezolano. En los albores del 2000, ya con el traje de DT, se animó a pegar el salto a España: esperó, paciente, hasta que tres años más tarde le tocó su primera gran chance en la factoría del Barcelona. Así se inició la segunda parte de su aventura con la pelota: cinco equipos en Grecia, dos en Bolivia (sin contar a la selección), uno en Colombia, Chipre, Estados Unidos, Chile y México. Sólo había tocado el país en el 2014 para comandar brevemente a Talleres de Córdoba en el Federal A.

“Con el fútbol se llega a los jugadores de una manera diferente que la escuela. Se llega a través de la seducción del balón. La escuela es el abecedario, la suma, la resta, algo necesario; pero el fútbol es un placer. Y, a través del placer, podés llegar a que el chico mejore. Muchas veces le llegas más al niño que la propia familia. Siempre digo que el hilo es muy finito de la formación a la deformación. El formador no es solamente un control, un pase. A medida que van pasando las edades vas viendo que el jugador crece a través de la persona. No crece al revés”, reflexiona.

— Cuando te codeás con este mundo del fútbol, que por momentos tiene exuberancia con autos de lujo, ropa cara y parece un mundo de ostentación excesiva, ¿qué te pasa?

— Nosotros los jugadores, porque me considero jugador, somos una raza especial. Llenamos estadios, no hay mucha gente que llena estadios. Pero hay mucha gente que sufre muchísimas cosas. Nunca me voy a olvidar que en un club estaban atrasados los sueldos, no los podían pagar y jugábamos un clásico el domingo a estadio lleno. Este chico jugaba de lateral derecho y, al no estar recibiendo los sueldos, no se estaba alimentando bien. Lo ayudábamos para que coma pero nosotros teníamos las mismas necesidades. ¿Qué pasó? En el minuto 94, llegó a la linea de fondo, se tiró porque la pelota se iba y alcanzó a lanzar el centro. Entró uno, pim, cabezazo y gol. ¿Pero cómo vivió esa semana el pibe? ¿qué pensó? ¿sabe toda esa gente la vivencia? No lo saben. Exigen el resultado. Lo que vos me hablas es una mínima, hay una gran mayoría que tiene muchas necesidades. Hay un grupo de jugadores, digamos 10 mil o 20 mil, en clubes importantes con buenos sueldos, pero también hay 600 mil dentro del anonimato.

— ¿Te sentás a hablar con tus jugadores para hablar del manejo de la plata o de cómo desarrollar la carrera?

— Sí, totalmente... El jugador ahora tiene un proceso que nosotros no teníamos. Va al predio, desayuna, tiene almuerzo, un nutricionista. Nosotros comíamos un bife con huevo frito y papas fritas. Después para digerir eso tardabas horas y horas. La evolución en el fútbol, en el deporte, es una cosa extraordinaria. Tenemos jóvenes de 17 años y gente de 37; a los dos los trabajas en lo físico del mismo modo, pero le dedicas mucho al aspecto humano, al personal, la formación es esa. Acordate que terminamos a los 40 años, algunos, y después la vida sigue. Si lo preparás solamente para pegarle a la pelota, me parece que te quedás corto. Hay jugadores que hoy son cultos en todos los aspectos y te hacen que vos no digas ni una palabra.

— Dan el ejemplo...

— Ya van haciéndolo ellos mismos, porque es su cuádriceps, su isquiotibial, su gemelo, su rodilla...

— Es su fábrica

— Exactamente. Hay una evolución. A lo mejor quedan algunos rezagados, que no entraron dentro del camino de esa evolución y hay que introducirlos a esa dinámica.

— ¿Pero cómo manejás a los rebeldes que no entienden eso?

— Los rebeldes se van uniendo al camino de evolución sino el mismo colectivo los va a bajar. Hay un colectivo de crecimiento permanente. Es el sistema, hoy el sistema te dice loco tenemos que comer esto, entrenar de esta forma, estar concentrados.

— ¿Y con las tentaciones cómo haces?

— No estamos hablando de dejar de vivir, estamos hablando de saber vivir. No vivamos para comer, vamos a comer para vivir. No quiere decir que no disfrutes de un gran asado, si querés tomar un buen vino. Disfruta el saber vivir. Ahora, si querés comer 32 pizzas todos los días no va ser compatible con tu profesión.

— La tuya es una historia de superación, de pelear desde chico, de laburar, contaste alguna vez que aprendiste a leer a los 11 años...

— Sí... Pero yo personalmente creo que son momentos que tenés que vivir.

— ¿Y en la calle qué te tocó vivir?

— La calle es una universidad que te va dando otras cosas que no te dan los libros. Pero los libros son necesarios mil por mil. Te da otras cosas como la lectura diferente de la vida, otra perspectiva, pero el quejarse de una situación o dramatizar sobre una situación me parece una excusa al crecimiento.

— ¿Pero con hambre se puede aprender?

— No, es obvio que con hambre tenés ciertas dificultades. Es normal. Pero yo soy creyente, veo la vida desde una óptica positiva. No soy de esas personas que se quedan con esa situación. Siempre digo que muchas veces en las rotiserías veías el pollo del otro lado. Pero también cuenta cómo ves el pollo hoy. Si te quedás con que el pollo está del otro lado y lo estás mirando, me parece que estás esperando la ayuda que tiene que venir y tenés que salir a buscar. El buscar no quiere decir sacarle un celular a alguien... El buscar en ese momento es lo que tengas que hacer y puedas hacer digno. No estás exento del crecimiento de las situaciones. No es el crecimiento universitario, es un crecimiento diferente de la vida. Trato de no tocar estos temas porque son temas individuales, profundos, de creencias, que uno interpreta de una forma y otro de otra. Todas son válidas. Nadie es el dueño de la verdad.

Fotos: Franco Fafasuli

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