Daniel Osvaldo: "Que me guste el rocanrol no quiere decir que no sea profesional"


Su voz rugosa lo antecede y retumba. De golpe, el Loco aparece con una sonrisa y acomodando sus rizos ondulados entre la oscuridad que ya se está adueñando de la escena en el predio de Banfield en Luis Guillón. Le pide un mate a su hermano, se derrumba sobre una pared y comenta algunas nimiedades del turno de entrenamiento que acaba de terminar. Daniel Osvaldo dejó la música a un costado para volver al fútbol, el mismo que había dejado a un costado hace tres años y siete meses tras un conflicto con el técnico Guillermo Barros Schelotto en el vestuario de Boca luego de un partido de Copa Libertadores. Sus cercanos le insistían con que todavía tenía hilo en el carretel y el club que le queda a unas pocas cuadras de su casa le abrió las puertas para intentarlo. El combo lo convenció.

Osvaldo es igual de irreverente y rebelde que siempre, pero parece más maduro. Más lúcido para entender que su figura genera amores u odios, críticas o elogios. Reacciones diversas, pero que no pasa inadvertida. El Taladro es el último tren –el que lleva los colores que ama su viejo– y él está enfocado para treparse por “uno, dos o tres años” o hasta lo “más lejos que pueda”.

Infobae es el primer medio al que le abre la puerta para un mano a mano tras su vuelta a los –casi– 34 años. Unos minutos en el medio de la noche y los mosquitos, que no lo intimidan para exponer sus críticas al periodismo, dar reflexiones sobre el ambiente del fútbol o devolverle la pared a Julio César Falcioni tras su guiño por el vicio del cigarro. Tampoco le impiden citar a Marcelo Bielsa, dar detalles de la estadía de Daniele De Rossi en Boca o animarse a opinar sobre los tabúes del vestuario como la homosexualidad. Un Osvaldo auténtico, como el que brilló en el fútbol italiano o el que se llevó a sus amigos de toda la vida de vacaciones a Ibiza durante 15 días en un lujoso yate.

— El otro día Julio dijo que traigas la guitarra porque estaban Jonás Gutiérrez, Dubarbier... ¿la trajiste?

— La traje, la traje. Sí, ayer le metimos con Duba un ratito de rocanrol.

— Habías declarado que el predio estaba lindo para tocar afuera, ¿se juntaron afuera?

— No, no, en la pieza, tranquilos...

— ¿Por qué de repente dejaste de lado la música y pegaste la vuelta al fútbol? ¿qué pasó?

— Nada, hacía rato, un tiempito que me venía dando vueltas por la cabeza la idea de volver. Surgió esta posibilidad de Banfield y aprovechando que mi viejo es hincha de Banfield no lo dudé ni un segundo. Así que muy contento y muy agradecido al club y a Julio (Falcioni) por haberme recibido, haber recibido a un jugador que después de tres años y medio no hace nada, no es fácil. Pero la verdad es que me brindaron mucho cariño desde el principio y bueno, estoy acá dejándolo todo para volver en las mejores condiciones.

— ¿Hubo algún momento particular que dijiste “tengo ganas de volver”?

— No fue un momento en sí... Ya empecé a mirar un poco más de fútbol. Cuando dejé ni miraba fútbol, nada. Empecé a mirar un poco más de fútbol, cuando mirás fútbol y antes vos estabas ahí te empiezan a dar ganas de estar de nuevo ahí. Como te dije antes, surgió esta posibilidad y no lo dudé ni un segundo.

— Avisaste que dejabas la banda de lado pero porque si jugabas mal y después tocabas un domingo iban a decir que era por eso. ¿Le estás empezando a dar un poco más de atención a esas opiniones que se pueden generar?

— No, pero no se trata de darle bola o importancia, se trata de evitar ciertas situaciones que se pueden evitar tranquilamente. Entonces, gracias a Dios la música no tiene límite de edad y la puedo hacer hasta el día que me muera. No es el caso del fútbol. Entonces, en estos uno, dos, tres años o lo que sea que dure mi carrera de acá en más, prefiero concentrarme y poner todas mis energías en el fútbol. Obviamente que con la banda vamos a seguir grabando o ensayando, pero puertas para adentro. Para evitar más que nada, y también por respeto a la gente, a los hinchas, al club, que no sientan que yo tengo la cabeza en otro lado. Creo que es lógico y justo que deje un poco los shows de lado.

— El otro día ya estabas picante con la prensa y enfrentaste a los periodistas...

— El otro día cometí el error de generalizar. Hay mucha gente del periodismo que lo hace con respeto y son profesionales digamos. Creo que el rol del periodismo tiene que ser el de informar y vivimos en un país donde hay mucho opinólogo. Como dijo una vez Bielsa, el periodista que dice yo en su lugar hubiese hecho tal cambio o hubiese definido de tal manera. No, no hubieses hecho nada porque nunca dirigiste y nunca jugaste. Suena mal por ahí, o muchos se lo toman a mal, pero es la realidad creo. Lo que me llama la atención es que nosotros de nuestro lado nos tenemos que bancar todas las críticas y todas las cosas que se les ocurre decir a quien sea en televisión. Y una que un jugador dice sobre el periodismo ya todos se sienten tocados y son todos sensibles, y dicen qué barbaridad que dijo. Eso me parece un poco hipócrita también, porque si el periodismo vive opinando cosas que no debería, porque como bien dijo el maestro Bielsa, el rol del periodismo es informar y no educar –son dos cosas muy distintas–, si me piden una opinión sobre el periodismo la voy a dar. Quizás el error que cometí fue generalizar porque hay mucha gente que lo hace con seriedad y con respeto, que creo que esa es la manera de hacer periodismo.

— Si bien podemos coincidir con que falta una autocrítica en el periodismo deportivo, ¿no creés que hay un círculo vicioso entre jugadores y la prensa? Porque después filtran la información o le dan las entrevistas a los que hacen ese show.

— Sí, obvio, muchas veces del lado de los jugadores se cometen errores. El otro día me ponían en el Twitter que nosotros necesitamos de los periodistas para que nos vaya bien en nuestra carrera o para que nos miren de Europa, por ejemplo. O para subirnos el precio, algo así. No estoy de acuerdo para nada, porque nosotros el precio nuestro –entre comillas– es según lo que hacemos en el campo de juego. Después sí hay representantes que piden ese tipo de favores, pero eso es un gravísimo error. Pero es peor aún que el periodismo acceda a esos favores. ¡Entonces le estás mintiendo a la gente si vos tenés que hablar bien de alguien porque un representante te pidió que le hagas un favor! Le estás mintiendo a la gente. Ni siquiera estás dando tu propia opinión, lo estás haciendo por un interés más allá de la noticia. O de la información. Entonces es verdad que se genera un círculo vicioso y es verdad que muchas veces desde este lado los representantes o los futbolistas tienen una especie de intercambio con el periodismo que no debería ser así. Acá me sorprende mucho que yo llegué a Banfield y todos los días me escriben periodistas, ¡todos tienen mi número! Eso en Europa nunca me pasó, está terminantemente prohibido que un periodista le escriba directamente al jugador, por algo hay un jefe de prensa. Más que nada para filtrar el sí y el no, porque si vos me escribís y te digo “no quiero hacer la nota”, después vas y hablás mal de mí solo porque no te quise dar la nota. Eso es feo, no debería haber un contacto directo entre el jugador y el periodista. Después si se llevan bien y se van a comer un asado, todo bien. Pero a nivel laboral no debería haber un contacto directo entre el jugador y el periodismo.

— Cuando te fuiste de Boca estabas enojado con el ambiente del fútbol, ¿seguís enojado o aprendiste a convivir con esas cosas?

— Obviamente me tomó mucho de sorpresa porque se dijeron muchas cosas, muchas cosas que no son verdades. Me hicieron quedar como el bad boy del caso cuando en realidad yo siempre me comporté igual, siempre fui profesional en mi carrera, si no no hubiese podido jugar tanto tiempo en Europa, en la selección italiana. Me molestaron algunas cosas cuando se confunde. Que me guste el rocanrol no quiere decir que no me guste entrenar o que no sea profesional. Son dos cosas completamente diferentes. Entonces cuando se confunden esas cosas no está bueno. A uno le sirvió de experiencia para aprender a convivir con eso y no darle tampoco tanta importancia.

"Me hicieron quedar como el bad boy del caso cuando en realidad yo siempre me comporté igual. Siempre fui profesional en mi carrera, si no no hubiese podido jugar tanto tiempo en Europa"

— Ya comentaste que volvés al fútbol un poco por tu papá, ¿qué te dijo tu viejo cuando lo llamaste?

— No, se lo dije mano a mano.

— ¿Lo citaste?

— No, en la noche de Navidad se lo dije.

— ¿Cómo fue?

— Estaba feliz, obviamente. Primero no me creyó. Me dijo no, qué vas a volver a jugar. Le dije: Sí, pelado, te juro, voy a volver a jugar y por ahí se da la posibilidad esta de Banfield así que me vas a tener que llevar y traer todos los días como hacías antes cuando era chiquito. Y nada, se puso muy contento. Y ahí me dijo, bueno, te voy a decir algo que nunca te dije: ¡Nunca tendrías que haber dejado de jugar al fútbol, pelotudo! Así que ahí se descargó, se desquitó.

— Estaba enojado...

— ¡Estaba enojado! Bueno, enojado no pero obviamente le encantaba verme en una cancha de fútbol y quizás le quité esa alegría. Ahora se la devolví.

— Estuviste tres años y medio afuera, ¿cuántos equipos te llamaron?

— Uh, no sé cuántos, pero te aseguro que varios. Es más, ya después de un tiempo de haber dejado seguían llamando y yo no lo podía creer. Digo, la gente está loca, cómo me van a llamar si hace dos años que no juego. No me pueden llamar para jugar. Varios, de Italia sobre todo. Muchos...

— ¿Serie A?

— Serie A, Serie B. Sí, Serie A varios. Hasta clubes importantes.

— ¿Y Diego Maradona?

— Y a Diego yo lo amo con todo mi corazón. Es lo más grande que hay en el mundo.

— ¿Pero es verdad que lo llamaste?

— No, se había rumoreado, pero la verdad que yo nunca me senté con Diego. Nunca nos sentamos a hablar, nunca me dijo como “te quiero”. Nunca se dio esa charla digamos. Si se hubiese dado, tal vez le hubiese dicho que sí. Pero a Diego lo conozco hace muchos años, sabe el amor incondicional que yo tengo hacia él. Y nada, ojalá algún día lo pueda tener de entrenador en cualquier lugar del mundo. Ojalá, me encantaría.

— ¿Escuchaste la nota de Julio el otro día? (NdR: dijo en una entrevista “cuando tenga ganas de fumarse un cigarrillo, que venga acá a mi oficina y se lo fume conmigo”)

— Sí, escuché la frase. Julio es un grande, lo más grande.

— ¿Lo fuiste a chicanear después con el tema del cigarrillo?

— Julio es lo más grande que hay. No, no, no... Siempre tiene una para tirarte. Así que no lo podés picantear mucho porque siempre tiene una para devolverte, viste, pero un fenómeno total. Siempre con buena onda, con una sonrisa Julio también. La verdad que es un tipazo. ¡Voy a la guerra con Julio!

— Se te ve motivado con tu vuelta al fútbol, ¿hasta dónde querés llegar?

— Hasta lo más lejos que se pueda, siempre. Sí, obvio, estoy con muchas ganas. Estoy como un nene que tiene que debutar en primera. Tengo otra vez esas ganas de volver a jugar, de volver a entrenar, de estar en un grupo. Es como un déjà vu. No me acordaba lo lindo que era estar de este lado y la verdad que estoy muy contento.

— Ya desde el look, el modo de hablar o declarar no sos el típico futbolista, ¿qué te dijeron los compañeros que no te conocían de antes?

— Los chicos me recibieron bárbaro. Ya pusieron Barrio Viejo (NdR: la banda musical que lidera) en el vestuario... Ya se están aprendiendo los temitas.

— ¿Cuál está sonando?

— Y “Desorden” suena sí o sí, suena siempre. Es más, Nico Bertolo me imita la voz y me canta “desorden”, dice. Me carga todo el tiempo. Pero nada, la mejor onda con los chicos. La verdad que es un grupo humano espectacular. El cuerpo técnico lo mismo. Se labura mucho, muy intenso, pero siempre con alegría, con buena onda. Eso es fundamental. No vas a ver una cara de culo acá. Hay muchas sonrisas y seriedad obviamente para el trabajo, que es un trabajo duro, que hay que hacerlo. Pero cuando hay buena onda te mandan a cabecear la pared y vas. Eso está buenísimo.

— Y el punto de conflicto: ¿quién maneja la música en el vestuario?

— No, un poco entre todos... También hay mucha cumbia. Pero yo estoy acostumbrado a la cumbia. No me disgusta tampoco en un grupo, está bien, le da alegría un poco la cumbia. Hay un mix muy bueno, eso sí debo reconocer. Cuando metemos laburo en el gimnasio lo hacemos con música y hay veces que suena rocanrol y hay veces que suena la cumbia. Entonces está bueno, hay una convivencia muy buena en ese sentido.

— ¿Vos vas a seguir haciendo show adentro de la cancha o lo vas a evitar para que no te estén buscando?

— ¿Qué significa show?

— Tirar un pastito, hacer una chicana, un gesto...

— No... Igual esas cosas no las pienso. Salen en el momento porque soy calentón y porque eso es parte del juego. Pero eso muere ahí. Esas cosas mueren ahí. Después hacen demasiado... Hay mucha repercusión al pedo sobre esas cosas. Muchas veces me cruzo gente que me dice “lo mejor que hiciste fue darle pasto”. ¡Flaco, hice cosas diez veces mejores! ¿de verdad pensás que eso es lo mejor que hice? Eso fue una estupidez y no lo haría de nuevo. Fue una estupidez del momento. Muchas veces el argentino se queda con eso, con el folclore estúpido del fútbol. ¡Hice cosas mucho mejores, no te quedés que eso! Quedate con un gol de chilena hijo de puta, no te quedés con el pastito. Pero bueno, al argentino le gusta eso. Le gusta la chicana.

La divertida anécdota de Daniel Osvaldo y sus amigos con Xavi en Ibiza - #Entrevista


Osvaldo se mueve a diario por Monte Chingolo, el barrio que lo vio nacer, y vive a unas pocas cuadras del Estadio Florencio Sola. Estuvo radicado en Roma, Milán, Barcelona, Turín y Southampton, por citar algunos ejemplos, pero decidió asentarse en su lugar en el mundo. Sus fiestas familiares son multitudinarias y el nutrido grupo de amigos que lo rodea es el mismo que lo acompaña desde siempre. A esos que denomina como su “familia” también los llevó varias veces de vacaciones y fueron los protagonistas de las anécdotas más hilarantes.

— ¿Cuál fue la ciudad más lujosa que te tocó vivir en Europa?

— Más glamorosa Milán. No sé si lujosa... Bueno, sí, van de la mano un poco. Pero sí, Milán vas al supermercado y los tanos tienen una facha, las tanas también. ¡Parece que van a un casamiento! Están en el supermercado con unos tacos así. Es la ciudad de la moda, así que sí.

— Pero después uno entra a tu Instagram, por ejemplo, y estás siempre en tu barrio, ¿por qué decidiste vivir ahí?

— ¡Yo soy de Chingolo!

— ¿Cuál es la diferencia entre un lugar y el otro para vos?

— Y yo me crié ahí, yo soy un pibe de barrio, de asados, de jugar a la pelota en la calle. De reuniones familiares. Somos 200 en la familia, más mis amigos que son mi familia también. Me gusta mucho eso. Lo bueno es que en Italia me aprendí a vestir, ¡porque antes me vestía como el orto!

— El archivo te mata, ¿no?

— Sí, me mata. Cuando llegué a Italia sabés lo que era. Las cargadas que me comía. Encima no entendía nada, peor.

— Por lo general, cuando vas a la casa de un futbolista de elite vive en un country o en un barrio cerrado...

— ¡No, ni en pedo! –interrumpe–

— ¿Por qué?

— Ya viví seis meses en un country y nunca más. No me gusta. Me gusta estar cerca de mi gente. Me gusta estar en casa y que pase mi amigo Hernán y que me toque el timbre. ¡Cuando me fui a vivir al Tigre no venían nunca a visitarme! Me gusta estar cerca de mis amigos, de mi familia. No me gusta estar lejos, y mucho menos encerrado. Aparte en un country mucho chusmerío. No me gusta. Ya que el vecino te vea lo que estás haciendo, ya me la baja. ¡Por más que no esté haciendo nada! Pero no me gusta. Soy más un pibe de barrio.

— ¿Es verdad que te llevaste a los pibes de vacaciones en algún momento?

— Uh sí... ¿En algún momento? 11 años seguidos fueron.

— Pero hay unas vacaciones en particular que me enteré...

— Y la de Ibiza seguro te enteraste...

— ¿A dónde fueron? ¿A una piecita?

— No (se ríe), alquilamos un barquito, un botecito, y nos fuimos 15 días a Ibiza. Lo hicimos dos veces eso porque en la primera tanda hubo gente que no pudo venir e hice la parte dos de Ibiza.

— ¿Cuántos eran?

— Cuántos éramos... Ocho. Ocho monos en un yate en Ibiza.

— ¿Cuál se puede contar de todas las que pasaron?

— Qué se yo, muy bizarro. De llegar al puerto escuchando Leo Mattioli al palo y que la gente nos mire como diciendo ¿de dónde salieron estos muchachos? a que lo echaran a Xavi de un boliche porque nos había tirado la botella. Los amigos estaban borrachos y estábamos en Pachá, y nos habíamos hecho muy amigos, bah yo ya lo conocía de antes al dueño de Pachá, a Francis. Y estábamos ahí en la mesa y los amigos de Xavi estaban muy borrachos, y se cayeron arriba de la mesa nuestra y nos tiraron todas las botellas. Y de repente viene Xavi y me dice: “tío, joder que me han echado porque mis amigos la han liado”, me tiró. ¡Pero no, quedate! “No, no, que mejor me voy porque están insoportables”, qué se yo. Así que lo echaron a Xavi del boliche porque nos tiraron la botella a nosotros. Esa muy graciosa. Él estaba de vacaciones. Un día fuimos al cumpleaños de la princesa de Persia... Y era todo viste la princesa de Persia, vamos a levantarnos a la princesa de Persia y ya está, no laburamos más. Cuestión de que vamos al boliche. ¡82 años cumplía la princesa de Persia! Ella estaba super enfiestada. Cuando escuchamos princesa, dijimos, como mucho tendrá 30 años, ¡82 tenía la princesa!

— Volvamos al fútbol, ¿hablaste con De Rossi?

— Sí, sí, hablé, hablo siempre.

— Se te escapó la noticia el otro día, ¡contaste que se retiraba antes que él!

— Me hicieron trampa, porque me dijeron, como que me tiraron la data exacta, la pregunta con trampa, siempre está el mala leche que te hace la pregunta con trampa y caí como un carloncho. Pero bueno, por suerte dos horas después lo dijo él, no es que pasaron 15 días.

— ¿Qué te dijo de la experiencia que vivió acá?

— Él está enamorado de Boca y de Buenos Aires. Todas las veces que hablé con él me decía eso, que estaba enamorado de la ciudad y a su mujer también le había encantado, a sus hijas también. Pero que, bueno, le surgió una situación de él, personal, y tenía que tomar esta decisión. Hubiese seguido en Boca, pero bueno era algo que tenía que hacer. Daniele es un campeón en la vida. Porque es una persona excelente, con un corazón de oro. Así que en todo lo que se proponga le va a ir bien. Por ahí le va a costar ahora al principio que va a extrañar un poco, pero después si se propone ser entrenador, representante o lo que sea que quiera ser le va a ir bárbaro porque es una persona excelente.

— ¿En un futuro está para venir a ser técnico de Boca?

— ¡Ojalá! Ojalá por él, porque sé desde mucho antes que venga a Boca que es muy hincha de Boca. Y ahora que jugó ahí seguramente es diez veces más de lo que era antes. Ojalá, para él seguramente sería un sueño.

"El ambiente del fútbol es bastante cavernícola me parece. Yo no tendría ningún problema si fuese homosexual de decirlo o si tengo un amigo que sé que es homosexual, no tengo ningún problema"

— Más allá de que al futbolista le guste o no, está en un rol de ser un ejemplo para los más chicos. Podés decirme “yo no soy ejemplo de nada”...

— No, ni quiero serlo pero está bueno igual evitar ciertas cosas para que los chicos no se confundan. –interrumpe–

— Pero de todos modos es inevitable que el futbolista sea un ejemplo para muchos o sea tomado como un espejo, ¿vos qué autocrítica hacés del ambiente del fútbol?

— Yo hablo por mí, siempre prefiero dar el ejemplo cuando estamos acá laburamos y te rompés el orto así. Después cuando te vas a tu casa hacé lo que quieras y que se entere la menor gente posible. Pero el ejemplo tiene que ser acá, en el trabajo. En la vida cada uno hace lo que quiere y nadie es quién para decirle a alguien lo que tiene o lo que no tiene que hacer. Eso te das cuenta solo, lo que tenés y lo que no tenés que hacer. Si hacés cosas que no tenés que hacer el cuerpo después te pasa factura. Así que eso uno lo entiende solo, mandándose cagadas obviamente, pero lo entiende solo. El ejemplo tiene que ser acá, el de estar acá con buena onda con tus compañeros, en el respetar a los compañeros. Sobre todo en una convivencia como estamos concentrados. Desde los pequeños detalles, como el otro día lo decía Julio también, desde no pegar portazos porque por ahí hay un chico, hay un compañero que está durmiendo la siesta y quiere dormir 15 minutos más. Nada, detalles de convivencia que uno siempre tiene que dar el ejemplo. Llegar a horario en los horarios que hay. Si la cena es nueve y media, nueve y veinticinco estar ahí. Esas cosas. No llegar tarde a los entrenamientos. Después te puede pasar que un día se te pinchó una rueda y llegaste tarde, le pasa a todo el mundo, pero no llegar tarde porque la noche anterior no dormiste. Hay que dar el ejemplo con el trabajo. Después lo demás viene solo.

— En ese ambiente del fútbol y el vestuario hay muchos tabúes y uno de ellos es el de, por ejemplo, la homosexualidad. ¿Vos desde qué lado abordás ese tema?

— No le veo nada de malo, lo que pasa es que el ambiente del fútbol es bastante cavernícola me parece. Yo no tendría ningún problema si fuese homosexual de decirlo o si tengo un amigo que sé que es homosexual, no tengo ningún problema. Al contrario, no pasa nada. ¡Estamos en el 2020, muchachos, hay que abrir un poco la cabeza! Lo que pasa es que seguramente es una información que hoy en día es innecesaria, la gente no tiene por qué saber lo que hacés en tu habitación. Y más en el mundo del fútbol, y en este país sobre todo, que estamos bastante atrasados. Entonces, respeto la decisión del que lo sea no decirlo. Primero porque no tiene por qué, segundo porque a nadie le debería interesar. Pero si lo dice es un riesgo que después vaya a cualquier cancha y te discriminen. Eso es una realidad, que es horrible, pero es una realidad. Entonces entiendo que en este ambiente por ahora se mantenga así. Pero ojalá que cambie pronto...

— ¿Se va a terminar eso?

— ¡Sí, ojalá! Y sí, ojalá. No debería importarle a nadie, igual. Es una información innecesaria, pero bueno, estaría bueno que eso cambie, claramente.


Fotos: Franco Fafasuli / Video: Matías Arbotto / Edición audiovisual: Martín Rosenzveig

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