Simple. Le echamos la culpa a Scaloni, a su planteo, a sus elegidos, a la condescendencia con Messi y salvamos el problema. Conclusión rápida, la Argentina fue goleada por Venezuela por tener un seleccionador inexperto, producto de los métodos patoteriles de Tapia y nos salvamos de hacer un análisis más profundo. Podría agregarse, para completar el cuadro, que Lionel Messi fue forzado por su empresa deportiva, la que representa, a presentarse a jugar el partido ante Venezuela y él a disgusto, aceptó. La conclusión no podía ser otra, con Messi incómodo y Scaloni sin galones, el equipo argentino pierde con cualquiera.

Los conformistas o admiradores del crack comprarían rápidamente el resumen. Con un joven que hace un curso avanzado como técnico y la estrella agotada (Messi), por mil motivos, qué otro resultado puede esperarse. La sociedad futbolística agotada y desinteresada no repara. No acompaña y listo. Espera que ganen y vuelve. Lo que sí debería saber ese grupo de fanáticos o no tanto que para salir de la crisis, encrucijada y caídas permanentes pueden volverse una rutina si no se toman medidas de fondo.

Claudio Tapia, es el presidente de la AFA y el máximo responsable de los seleccionados argentinos de fútbol. Es lo que quedó a los dirigentes tradicionales luego de la aparición de la Superliga. No es poco. Diríamos que para sus capacidades es mucho. Le arrima popularidad, tiene muchas empresas que apoyan, muere por las cámaras, se viste como los jugadores y se corta el cabello como ellos. No tiene historia deportiva, salvo formar parte de los hinchas más grotescos de Barrancas Central. Hay fotos que lo muestran desnudo y apasionado, gritando por su club en la tribuna popular. No hay una carrera política, sí en el sindicalismo y desde un sitio secundario. Aprovechó una brecha, una relación de afecto con Mauricio Macri, su pasión por Boca y ser familiar lejano de Hugo Moyano, para atropellar sobre la conducción del fútbol argentino. Hoy, salvo excepciones, aunque le temen, todos se rinden ante él. Dirigentes deportivos, políticos, y otros lo agasajan. Siempre es bueno que te inviten a un partido del seleccionado.

Chiqui Tapia muere por las cámaras, se viste como los jugadores y se corta el cabello como ellos (AFP PHOTO / JUAN MABROMATA)
Chiqui Tapia muere por las cámaras, se viste como los jugadores y se corta el cabello como ellos (AFP PHOTO / JUAN MABROMATA)

La Argentina perdió ante Venezuela por su culpa. No por la abulia de Lo Celso, Paredes, los groseros errores de Mercado o Lisandro Martínez o las irregularidades de Messi. Tapia aceptó y fue cómplice de la rebelión de los jugadores ante Sampaoli en Rusia, más aún, se pasó al bando rebelde. Antes le faltó el respeto a Bergoglio renunciando a una visita al Vaticano ante la negativa de los jugadores a ir a Roma; se postuló al premio nobel de la Paz, el día que anuló el compromiso con Israel; designó, de acuerdo con Messi, a Scaloni como entrenador sin tener antecedentes, designando a Menotti luego, para tener protección política.

Se viste como jugador, acepta que el crack de Barcelona haga lo que quiera, se va y vuelve cuando se le antoja. Promovió un video del retorno de Messi al seleccionado que le faltó respeto a la historia y a todos los argentinos. Habla poco y si lo hace es reporteado por amigos o empresas cercanas a los intereses económicos del fútbol.

Es un analfabeto futbolístico y no pasaría un simple concurso de preguntas y respuestas de su historia.

Él designó a Scaloni y le dio amplios poderes. La caída ante Venezuela lo desnudó. Los hinchas pueden enojarse con Messi o con el entrenador, pero la responsabilidad es de quien se esconde entre bambalinas, sin saber de qué se trata. Que desprestigia a su seleccionado llevándolo a jugar a Madrid, ante 20.000 personas, de las que la mayoría eran venezolanos, sin pensar que Barcelona a 400 kilómetros le daba otro calor a Messi. Aceptó que la Argentina usara una camiseta sin definición, se confunde el celeste con el blanco, dando la sensación que no es el combinado nacional el que juega, sino un equipo indefinido.

Argentina cayó por 3 a 1 ante Venezuela (Photo by BENJAMIN CREMEL / AFP)
Argentina cayó por 3 a 1 ante Venezuela (Photo by BENJAMIN CREMEL / AFP)

Con la caída, poco tiene que ver Messi, quien juega a desgano y no lo hace mal. Está obligado por su sponsor. Tampoco Scaloni, un audaz, que vio la oportunidad y se metió. ¿Quién no haría lo mismo ? Le ofrecieron dirigir una potencia mundial. ¿Se iba a negar ? ¿Qué tiene para perder? Tampoco los jugadores. Ni los nuevos ni los veteranos. Aquellos ilusionados y éstos aferrados a un desquite.

Debe meter mano rápidamente César Menotti, el coordinador elegido, no tiene tiempo para contemplar. La Argentina cayó en calidad y es una organización maquillada por los intereses. Tras el partido se pidieron cabezas, la de este jugador y hasta la del mismo técnico. Sería un error. Ya pagaron Bauza y Sampaoli.

Las responsabilidades tienen otras dimensiones, casi como la cabeza de Arturo Vidal, el crack chileno, rapada a los costados y con un copete ridículo. Si no acierta, no reparó en los peinados de los dirigentes del fútbol.

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