El hallazgo de una enorme reserva de petróleo en la Antártida causó revuelo en los medios internacionales. La alarma se encendió especialmente en la Argentina porque el descubrimiento se produjo dentro de la zona reclamada por nuestro país, que se superpone con el sector pretendido por Chile y el Reino Unido.
Según la información difundida por el periódico británico The Telegraph, se trata de reservas de aproximadamente 511.000 millones de barriles, cifra treinta veces mayor a Vaca Muerta, el yacimiento petrolífero ubicado en la cuenca neuquina.
Lo preocupante de esta revelación, según algunos especialistas, es que pone en duda el cumplimiento del Tratado Antártico vigente desde 1961, acuerdo que garantiza la paz, promueve la cooperación y la investigación científica e impulsa la protección del ambiente.

En cuanto a la explotación de los recursos minerales y petrolíferos antárticos, es una actividad que está expresamente prohibida desde que, en 1998, entró en vigor el Protocolo de Madrid. Este instrumento complementario designa la Antártida como “reserva natural, consagrada a la paz y a la ciencia” y fue creado para garantizar que el sexto continente continúe utilizándose para fines científicos.
Mientras Rusia mantiene silencio sobre las especulaciones circulantes, el gobierno argentino no realizó declaraciones y está a la espera de la evolución del tema.
Este evento intensifica las tensiones geopolíticas, especialmente en el contexto de la invasión rusa a Ucrania, y plantea serias preocupaciones ambientales debido a la fragilidad del ecosistema antártico.
“La noticia original es una publicación muy breve en X que fue tomada posteriormente por la prensa. Casi no hay información real, ya que no especifica la ubicación de la supuesta reserva ni la tecnología utilizada para la exploración”, explica el presidente de la Asociación Geológica Argentina.
Y, pese a la falta de datos concretos sobre el valor de la reserva, considera que probablemente sea el resultado de un cálculo, realizado teniendo en cuenta la geometría de la cuenca, el espesor de los sedimentos y el potencial hidrocarburífero. “El valor es ambiguo y sin asidero. Pareciera un tema inflado”, afirma.

Recursos vs. reservas, la realidad de los recursos antárticos
-¿Cómo se determinan los niveles de reserva?
-Hay distintas maneras. Existen métodos geofísicos de alta definición que permiten establecer los tipos de sedimentos presentes en la corteza terrestre; dicho de otro modo, si existen o no hidrocarburos. También se pueden hacer reconocimientos a través de sondajes sísmicos que permiten reconstruir la geometría de una cuenca. Incluso, sin realizar perforaciones, se puede determinar la calidad de las reservas.
-¿Esto significa que no es imprescindible hacer perforaciones para determinar la existencia de reservas?
-Exacto.

-¿Es lo mismo hablar de recursos que de reservas?
-No, se habla de recursos cuando su existencia está comprobada y se encuentra en condiciones de ser extraído. Las reservas, en cambio, pueden ser probables.
En las tres cuencas que rodean las islas Malvinas, por ejemplo, sabemos que hay reservas. Por medio de perforaciones, se determinó la presencia de hidrocarburos, en especial petróleo, pero como es muy pesado y difícil de extraer, permanece como reserva.
En el caso del mar de Weddell, en la Antártida, se constató la existencia de hidratos de metano, considerado el combustible del futuro. Se trata de un tipo de hidrocarburo que se acumula en alta presión y bajas temperaturas (las condiciones ideales) entre los sedimentos del fondo marino. Son compuestos inestables que tienen una liberación propia y se manifiestan a través de un burbujeo que aparece en la superficie. Una de sus principales características es la regeneración permanente, lo que lo convierte en un combustible casi infinito.

-Rusia habla de una reserva cercana a los 511.000 millones de barriles. ¿Es factible determinar un volumen específico sin haber realizado perforaciones?
-No. Y no hay registro de que, en estos últimos años, Rusia haya hecho perforaciones de perfiles sísmicos, una actividad imposible de ocultar.
-¿Se puede realizar una explotación semejante desde el punto de vista tecnológico?
-No. Desde lo tecnológico, es inviable, incluso si pensamos en operaciones durante el verano antártico, cuando los mares se abren. Ni que hablar del invierno, cuando cualquier instalación quedaría atrapada en el hielo.
En el pasado, varios países realizaron sondeos sísmicos para estudiar las cuencas con posibilidades hidrocarburíferas, entre ellos la Argentina por medio de YPF, pero, desde fines de los 90 está prohibida la explotación de minerales, salvo las actividades relacionadas con la investigación científica. Se conoce la existencia de diversos recursos, incluso varios considerados estratégicos, ya que son utilizados por la tecnología moderna.

-Antes hablamos del metano. ¿Hay países que lo explotan?
-Sí, Japón, por ejemplo, ya lo está utilizando; lo extrae del mar y lo envasa como al gas natural para después transportarlo en buques tanque. Por tratarse de un combustible factible de explotar sin realizar perforaciones, solo se necesita desarrollar la ingeniería necesaria para capturar los gases. Es mucho más sencillo porque brota naturalmente y, si no lo hace, se puede activar inyectándole vapor caliente. Si bien no está cuantificado, entendemos que cubre toda la cuenca del Weddell.
Los desafíos de la gobernanza internacional
-Retomando la cuestión de las disposiciones del Tratado Antártico, ¿qué pasaría si un país las violara?
-Cuando hay algún problema, las Naciones Unidas es el organismo encargado de determinar el tipo de sanción económica pertinente. El problema es la falta de eficiencia, como lo demuestran la ausencia de sanciones concretas a las múltiples denuncias realizadas a Japón por la caza de ballenas en el océano Antártico.

-Por último, la pregunta del millón: ¿cuándo vence el Tratado Antártico?
-Es muy bueno aclarar este punto porque hay un error común que mencionan hasta algunos especialistas. ¡El Tratado no vence! Se suele hablar de 2048, que es cuando se cumplen los 50 años del Protocolo de Madrid que entró en vigencia en 1998, pero la realidad es que no tiene fecha de vencimiento. Las partes firmantes se reúnen periódicamente para su revisión y todo se resuelve por consenso. Esto significa que puede derogarse en cualquier momento en el que las partes lo decidan.
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