
Chile y el cine documental mundial perdieron a su figura más influyente. Patricio Guzmán, el director que durante cinco décadas hizo de la memoria histórica su materia prima y del documental su forma de resistencia, falleció este martes a los 85 años en París. Autor de La batalla de Chile —considerado el documental latinoamericano más difundido de la historia y una de las obras capitales del género a escala global—, Guzmán construyó un cine que no distingue entre el pasado y el presente: sus películas indagan en el golpe de Estado de 1973, en los detenidos desaparecidos, en el desierto, en los glaciares, en la cordillera, como si todos esos territorios fueran, en el fondo, el mismo territorio.
Esa mirada singular le valió reconocimientos en los festivales de Berlín, Cannes y el Cine Europeo, el Premio Nacional de Artes de Chile y un lugar entre los cineastas más influyentes del siglo XX. La ciudad que lo acogió desde que el régimen de Pinochet lo forzó al exilio fue también la que lo vio morir: París, donde residía desde los años ochenta. La causa de muerte fue un paro cardiorrespiratorio, según confirmaron fuentes cercanas al director. La noticia fue divulgada por CinemaChile, la agencia de promoción del audiovisual chileno, que lo describió como “uno de los documentalistas más importantes de la historia del cine chileno y una figura fundamental del cine documental a nivel mundial”.
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Patricio Guzmán nació en Santiago en 1941. Estudió Teatro, Historia y Geografía, y Filosofía, aunque abandonó las tres carreras para dedicarse al cine. En 1967 viajó a Madrid para formarse en la Escuela Oficial de Cinematografía, donde realizó seis cortometrajes de ficción. De regreso a Chile, colaboró con el Instituto Fílmico de la Universidad Católica y filmó Viva la libertad (1965), un cortometraje de animación que trazaba un paralelo entre un zoológico y la cárcel.
Su primer largo, El primer año (1972), registró los inicios del gobierno de Salvador Allende. La película fascinó al cineasta francés Chris Marker, quien adquirió los derechos de exhibición para estrenarla en Francia y, más tarde, le entregó el material fílmico con el que Guzmán rodó lo que sería su obra más célebre.
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‘La batalla de Chile’ nació en el exilio y lo consagró en el mundo
Cuando el golpe de Estado de 1973 interrumpió el proyecto que Guzmán estaba filmando en las calles de Santiago, fue detenido en el Estadio Nacional, donde según sus propios relatos enfrentó amenazas de fusilamiento. Logró salir del país y partió al exilio en Cuba, llevando consigo el material grabado. Allí, en una pequeña sala de montaje del Instituto Cubano de Artes e Industria Cinematográficos (ICAIC), terminó La batalla de Chile, la lucha de un pueblo sin armas: una trilogía compuesta por La insurrección de la burguesía (1975), El golpe de Estado (1976) y El poder popular (1979), que narró desde adentro el auge y el derrocamiento del gobierno de la Unidad Popular. La obra se convirtió en el documental latinoamericano más difundido de la historia, con estrenos en más de 35 países de Europa, América, Asia y Australia, y premios en los festivales de Grenoble, Bruselas, Benalmádena, La Habana y Leipzig.
La trilogía, filmada en blanco y negro con un equipo reducido —el camarógrafo Jorge Müller, el sonidista Bernardo Menz, el asistente de dirección José Bartolomé y el productor Federico Elton—, fue posible gracias a una cadena de solidaridades en tiempos de represión. El material fílmico fue sacado clandestinamente de Chile con la colaboración del embajador sueco Harald Edelstam, enviado por barco a Estocolmo y luego a Cuba. El propio Müller no corrió la misma suerte: fue secuestrado por la DINA en Santiago y es hasta hoy uno de los más de 1.200 detenidos desaparecidos del régimen militar. Su ausencia pesa sobre cada fotograma de la trilogía como una marca indeleble.
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Cincuenta y tres años después del golpe, La batalla de Chile sigue encontrando nuevos públicos. El pasado viernes 11 de septiembre —en la conmemoración de un nuevo aniversario del golpe de Pinochet— la trilogía llegó a la plataforma MUBI y ahora está disponible en toda América Latina, lo que amplía de manera sustancial el alcance de una obra que la revista Sight & Sound y otros referentes de la crítica internacional consideran entre los grandes documentales de todos los tiempos.
Desde el exilio —primero en España, luego establecido definitivamente en París— continuó filmando. Realizó En nombre de Dios (1987), sobre el rol de la Iglesia Católica chilena durante la dictadura; Chile, la memoria obstinada (1997); El caso Pinochet (2001); y Salvador Allende (2004). En paralelo, fundó en 1997 el Festival Internacional de Documentales de Santiago (Fidocs), que continúa activo y al que siguió vinculado pese a la distancia.
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Una trilogía sobre el territorio y la memoria
El período final de su obra alcanzó una dimensión poética que lo situó entre los cineastas más reconocidos a escala global. Nostalgia de la luz (2010) estableció una relación entre los astrónomos que trabajan en el Desierto de Atacama y los detenidos desaparecidos cuyos restos yacen en el mismo terreno. La prestigiosa revista Sight & Sound la incluyó entre las 25 mejores películas de la historia.
La trilogía se completó con El botón de nácar (2015) —ganadora del Oso de Plata al Mejor Guion en la Berlinale de ese año— y La cordillera de los sueños (2019), que obtuvo el Premio Ojo Dorado (L’Œil d’or) al mejor documental en el Festival de Cannes 2019 y, tres años después, el Goya a la Mejor Película Iberoamericana, otorgado por la Academia de Cine de España. Nostalgia de la luz, por su parte, había sumado en 2010 el Premio del Cine Europeo al Mejor Documental. Su último largometraje, Mi país imaginario (2022), lo sumergió en el estallido social chileno y el proceso constituyente.
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Premio Nacional de Artes en Chile
En agosto de 2023, fue reconocido con el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales, convirtiéndose junto a Raúl Ruiz en los únicos cineastas en obtener esa distinción. Sin embargo, no viajó a Santiago para recibir el galardón. Uno de los motivos habría sido su deteriorado estado de salud.
En abril de 2024, en una entrevista con el suplemento Culto del diario La Tercera a raíz del estreno de la versión remasterizada de El primer año, el director habló abiertamente de sus problemas físicos. “Tuve un ataque al corazón y otro en la columna vertebral. Y me hicieron dos operaciones, riesgosas, complicadas, pero que salieron bien”, relató. Aun así, manifestó su deseo de volver a Chile para filmar un nuevo proyecto. “El tema, que no te lo puedo decir todavía, es muy bueno”, adelantó. Ese proyecto quedó inconcluso. Una vez conocida la noticia de la muerte, el ministro de Culturas de Chile, Francisco Undurraga, expresó sus condolencias: “Su obra marcó a generaciones y llevó el cine chileno al mundo, dejando una huella profunda que permanecerá en nuestra cultura”.
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