
Los colores que brillan en la oscuridad o que resplandecen bajo la luz ultravioleta no solo decoran: generan luz propia. Y esa propiedad, que los hace únicos, también los vuelve frágiles.
Investigadores de la fotoquímica y la conservación de museos descubrieron que la humedad puede degradar los pigmentos fosforescentes de las obras de arte de forma igual o incluso más intensa que la exposición a la luz, un hallazgo que podría transformar las condiciones de almacenamiento y exhibición de piezas de arte moderno en todo el mundo.
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Los resultados se presentarán en la reunión de otoño de la Sociedad Química Estadounidense (ACS), dentro del simposio “La química detrás del arte y la conservación del arte”, en el McCormick Place de Chicago.
El trabajo es fruto de una colaboración de una década entre Sarah Schmidtke Sobeck, profesora de química y decana de desarrollo docente en The College of Wooster, y un científico conservador sénior del Museo de Arte de Indianápolis en Newfields identificado como Smith en los materiales del congreso.
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Su investigación se inició con el análisis de la colección Stephen Sprouse del museo, que reúne piezas de moda de los años ochenta con colores fluorescentes llamativos. Con el tiempo, el foco se amplió a los pigmentos fosforescentes —los que brillan en la oscuridad— y sus mecanismos de degradación.
La distinción entre pigmentos convencionales y pigmentos emisivos es fundamental para entender el problema. Los pigmentos comunes son visibles porque reflejan la luz hacia los ojos del observador. Los pigmentos fluorescentes y fosforescentes, en cambio, absorben energía lumínica y la devuelven como emisión propia, lo que produce efectos visuales de alta intensidad imposibles de lograr con pigmentos ordinarios.
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“Los artistas siempre se han sentido atraídos por los colores brillantes y luminosos”, declaró Smith, según recogió la ACS. “Permiten crear obras fascinantes que simplemente no se pueden lograr con un pigmento común en la paleta del artista”.
Ese mismo mecanismo de emisión es el que los hace vulnerables al paso del tiempo. A medida que los compuestos responsables se degradan, los colores pierden intensidad y la obra pierde parte del impacto visual que el artista buscó deliberadamente. “Para los artistas, el efecto no es meramente estético, ya que utilizan estos colores intencionadamente por su impacto visual”, explicó Sobeck a la ACS.
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Para la presentación en el congreso ACS Fall 2026, Sobeck compartirá resultados de sus estudios sobre pigmentos fosforescentes. El equipo primero identificó la composición química de los materiales y luego examinó su fotofísica: cómo absorben, almacenan y emiten luz, y cómo esos procesos se modifican con el envejecimiento.
El hallazgo más inesperado es que la exposición prolongada a niveles altos de humedad puede tener un efecto igual o mayor que la luz ambiental en la descomposición de estos pigmentos, según informó la ACS. Esa información, señaló Sobeck, “permitirá mejorar las condiciones de almacenamiento y exhibición de las obras de arte que contienen este pigmento”.
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El equipo también encontró que muchos materiales fosforescentes contienen compuestos inorgánicos y pigmentos de base mineral, lo que los diferencia de los colorantes orgánicos que se usan habitualmente en los pigmentos fluorescentes. Esa diferencia de composición implica que cada tipo de material requiere estrategias de conservación distintas.
Eleanor Fleming, estudiante de química en el laboratorio de Sobeck, presentará nuevos estudios sobre el litopón —un pigmento blanco en polvo— utilizando fotografía para medir cuánto tiempo continúan brillando los materiales fosforescentes que lo contienen tras ser cargados con luz visible.
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Investigaciones previas del mismo laboratorio sobre pigmentos fluorescentes arrojaron otro resultado contraintuitivo: los abrillantadores ópticos, compuestos que amplifican el brillo de los pigmentos, se degradan más rápido que las propias moléculas de pigmento.
El efecto visible es que los colores parecen oscurecerse, aunque el pigmento en sí permanezca intacto. Ese descubrimiento fue posible gracias a la contribución de Georgia Hopps-Weber, exalumna de Wooster con doble titulación en química e historia del arte.
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Esos resultados complican la tarea de los restauradores. Quienes trabajan con obras fluorescentes deben igualar los colores tanto bajo luz visible como ultravioleta, mientras los pigmentos siguen cambiando con el tiempo. Esa doble variable hace que la restauración a largo plazo sea especialmente difícil.
Los hallazgos también tienen aplicaciones fuera del ámbito artístico: comprender cómo se degradan los materiales emisivos puede ayudar a fabricantes a desarrollar pinturas luminiscentes más duraderas para señalización de seguridad, como las que se usan en pistas de aterrizaje de aeropuertos.
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