Hasta los 3 años: claves para elegir los libros correctos y leerlos según cada edad

Señalar imágenes y conectarlas con la vida cotidiana o usar voces distintas para cada personaje son algunas de las estrategias que favorecen el desarrollo del lenguaje. Cómo las técnicas cambian con el crecimiento

Feria del Libro 2022 - Niños
Leer en voz alta a bebés desde el nacimiento favorece el desarrollo del lenguaje, la lectoescritura y la cognición
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Leer en voz alta a los bebés desde el nacimiento les da ventajas en el desarrollo del lenguaje, la lectoescritura y la cognición, y una diferencia tan pequeña como un minuto al día puede tener consecuencias medibles: un estudio australiano encontró que los bebés a quienes se les leía 11 minutos o más al día tenían un vocabulario más amplio al inicio de la escolaridad que aquellos a quienes se les leía 10 minutos o menos. No hace falta reservar grandes bloques de tiempo en la agenda: la constancia cotidiana es lo que acumula el beneficio.

Para los bebés de entre 1 y 2 años, la hora del cuento funciona mejor cuando es individual y se centra en los intereses y las rutinas del niño. Los padres y cuidadores pueden captar la atención del bebé señalando una imagen y formulando una pregunta simple: “¿Qué es eso? ¡Es un cachorro!“; y luego conectar ese contenido con la vida cotidiana del pequeño: “¡Tú también tienes un cachorro!”. Esas conexiones entre el mundo del libro y el entorno conocido del bebé contribuyen a construir comprensión del mundo.

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Los bebés comunican que están involucrados de formas que no siempre parecen “leer”: se acercan al libro, lo palmean, sonríen, ríen o emiten sonidos de alegría. A los 6 meses ya intentan agarrar y hojear las páginas; a los 9 meses pueden intentar levantar solapas y señalar imágenes; y al año, muchos ya quieren llevar el libro de un lado a otro y piden que se les lea el mismo cuento repetidamente.

Esa repetición no es un capricho: es el mecanismo por el que el cerebro infantil consolida vocabulario y estructuras narrativas. Si un bebé se inquieta o se distrae durante la lectura, no hay problema en detenerse y pasar a otra actividad.

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Niños de tercer grado sentados en sus escritorios leyendo libros en una aula escolar iluminada.
Entre 1 y 2 años, la lectura en voz alta funciona mejor de forma individual y conectada con los intereses y las rutinas del niño - (Imagen Ilustrativa Infobae)

A la hora de elegir libros para bebés, los más efectivos son aquellos con rimas sencillas, ritmo regular y repetición, ya que estas características enfatizan los sonidos del lenguaje y favorecen su adquisición. Los libros con colores vivos o imágenes de alto contraste —como el blanco y negro— son fáciles de enfocar para los ojos de un bebé.

Los que incluyen diferentes texturas para tocar, solapas para levantar o páginas de cartón resistente también resultan atractivos porque convierten el libro en un objeto multisensorial. Los temas más cercanos a la vida cotidiana del bebé —el baño, la comida, el sueño, el juego con hermanos— generan mayor identificación que los relatos abstractos.

Con los niños pequeños de entre 2 y 3 años, la dinámica cambia. A esa edad, permanecer quietos durante una historia puede ser difícil, y los adultos tienen varias herramientas para mantener el interés: usar voces distintas para cada personaje, incorporar gestos y efectos sonoros, o apoyarse en títeres y peluches para dar vida a los personajes.

Los libros para bebés con rimas, ritmo, repetición, alto contraste, texturas y solapas favorecen la atención y la adquisición del lenguaje - (Imagen ilustrativa Infobae)
Los libros para bebés con rimas, ritmo, repetición, alto contraste, texturas y solapas favorecen la atención y la adquisición del lenguaje - (Imagen ilustrativa Infobae)

Explicar el significado de palabras o situaciones inusuales ayuda a los niños a comprender las emociones y acciones de los personajes, y los anima a involucrarse emocionalmente con la historia. Releer los libros favoritos una y otra vez no es un signo de falta de progreso: cada relectura permite que el niño capte nuevos detalles y amplíe su comprensión.

El libro ilustrado es también un punto de partida para el juego simbólico. Animar a los niños pequeños a recrear mundos imaginarios inspirados en un cuento que les guste —a través del juego de roles, los dibujos o la dramatización— ayuda a dar vida a las historias y profundiza la experiencia lectora más allá de la página.

Los mejores libros ilustrados para niños pequeños apelan tanto a los adultos como a los niños. Autores como Alison Lester, Rosemary Wells, Julia Donaldson, Helen Oxenbury, Martin Waddell y el dúo Janet y Allan Ahlberg ofrecen obras que combinan humor, ternura y una mirada aguda sobre la infancia.

La diversidad cultural en los libros también importa: elegir títulos que representen la propia cultura del niño y la de otras comunidades amplía su comprensión del mundo desde muy temprano. Las bibliotecas públicas son un punto de partida accesible: ofrecen una selección amplia de libros ilustrados para todas las edades y muchas organizan sesiones de cuentacuentos gratuitas para bebés y sus familias.

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