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Denise Groesman, entre la crisis social y la naturaleza salvaje

La exposición ‘Resaca de río’ en galería Moria reúne paisajes de Misiones con escenas urbanas en Buenos Aires, para indagar en la explotación laboral y el colapso ecológico

Estructura de madera, objetos trenzados suspendidos, pinturas, cuadros apoyados, piso de madera de parqué, paredes blancas, iluminación de galería
Denise Groesman presenta "Resaca de río", en la galería Moria
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En la sala principal, las pinturas habitan entre los despojos de una ciudad, entre piedras colgantes -que alguna vez fueron hogares- que el río erosionó, entre postes ajados que cercaron perímetros o como estructura para construir. La puesta, en sí un paisaje, es una invitación a recorrer rompiendo con la lógica del cubo blanco y busca una contorsión del cuerpo, la incomodidad como gesto y declaración.

En Resaca de río, en la galería Moria, Denise Groesman (CABA, 1989) regresa a la pintura, pero sin dejar de lado su búsqueda de que el visitante le ponga el cuerpo a la experiencia más allá de lo sitial, a partir de obras producidas en los últimos dos años, que ingresan en la relación entre explotación humana y el colapso ecológico.

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El regreso a su primer amor surgió después de una etapa en la que se la conoció más por instalaciones, materiales orgánicos y trabajos ligados a la arquitectura. Y para la creación pictórica, la artista hizo convivir su experiencia entre Misiones y Buenos Aires en una muestra en que la crisis social y el paisaje se combinan, con lo humano como eje más allá de lo territorial.

El proyecto que Groesman inició en una chacra ubicada a 3 kilómetros de Alba Posse, paraje misionero sobre el río Uruguay, fronterizo con Brasil y de entorno selvático, donde junto a sus colegas Manuel Abramovic, Julieta García Vazquez y Osías Yanov formaron Sinstrópolis, “un espacio de intercambio” con inclusión de las comunidades locales más que una residencia tradicional.

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Cuatro cuadros colgados en una pared violeta. Suelo de parquet de madera y un banco rectangular rojo en la sala
En la sala azul, se encuentran las obras "más esperanzadoras"

Allí, el trabajo, dijo en una recorrida con Infobae Cultura, buscó desde el comienzo articular arte, agricultura, chacreros y comunidades guaraníes en un territorio “muy complejo, muy rico, muy lleno de problemáticas”.

En ese devenir, se encontró con un modelo agrario “tramposo, dominado por pequeñas familias productoras que trabajan para el tabaco, el té y la yerba bajo un esquema que mantiene al campesinado en dependencia” de las empresas que entregan insumos para cultivar; el uso de “venenos para monocultivo”, el avance forestal del pino y la presión sobre las comunidades guaraníes.

Mudada a Misiones tras finalizar su proyecto en el Ecoparque hace tres años, la relación entre ambos territorios marcó el tono de la serie: “Cada vez que volvía a Buenos Aires había más gente en la calle durmiendo, los cuerpos de las personas, los zombis. Ese ir y venir, tomar distancia y regresar, me permitía ver el impacto de una realidad cada vez más obscena”.

Esos cuerpos callejeros se transformaron en una imagen central para las obras, cuerpos que “se transformaban en una especie como de escultura” y a partir de esa percepción, buscó construir “una serie de pinturas” como “una fábula de estos personajes” en un mundo donde “ya no queda nada más que el entorno natural”.

Galería de arte con paredes blancas y suelo de parqué. Una pintura de reloj con figura humana en primer plano. Al fondo, otra pintura y una instalación de madera
Dos obras que remiten a "Metrópilis", de Fritz Lang, en el ingreso a la sala principal

Groesman vinculó ese universo con una reflexión teórica que tomó del libro Estética fósil de Jaime Vindel, en especial el concepto de “crisis ecosocial”, que desplaza la idea de un colapso exclusivamente climático y la conecta con una forma histórica de organización del trabajo, del tiempo y de la producción.

Así, en Resaca de río, curada por Juan Tessi, la genealogía arranca con la era industrial, la fábrica, la figura del obrero y la aceleración del tiempo y por eso una de las primeras pinturas del recorrido remite a Tiempos modernos de Chaplin y a la imagen del cuerpo atrapado en la máquina, asi como en otras a la Metrópilis de Fritz Lang.

“En realidad es eso, la explotación, el extractivismo, el combustible fósil, el petróleo y sobre todo la aceleración del tiempo y la formación de esta humanidad”, sostuvo.

Así, la muestra no nació solo como una serie de pinturas, sino como una lectura visual de una tensión más amplia entre devastación ecológica, pobreza urbana y economías rurales extractivas. La consecuencia es una mirada donde los personajes aparecen como restos, cuerpos desplazados o caídos, absorbidos por un entorno que ya no funciona como fondo sino como fuerza activa.

Interior de galería con paredes blancas y suelo de madera. Una red con piedras y hilos de cuentas cuelga del techo. Dos pinturas en la pared y una en el suelo
Los cuadros dialogan con esculturas-péndulo, que cuelgan del techo, entre maderas abandonadas, invitando a un recorrido que obliga a forzar el cuerpo y la mirada

Esa construcción también retoma preguntas que la artista ya venía trabajando a partir de sus instalaciones: las “ideas de culpa, reparación y retroceso frente al daño producido sobre animales, territorios y cuerpos”, en una línea donde lo humano y lo natural dejan de presentarse como esferas separadas.

Parte de las pinturas fue realizada en Misiones y otra, en Buenos Aires. Groesman contó que en la chacra trabajó en “un quincho sin paredes”, bajo humedad, calor y sol, con la tierra roja y un paisaje de contrastes intensos que incidieron de forma directa en los colores y en las decisiones materiales de la serie.

Por ejemplo, relató que los primeros 10 días de una de sus estadías transcurrieron casi enteramente bajo la lluvia, lo que la obligó a endurecer soportes con látex e impermeabilizarlos, aunque aun así aparecieron hongos y desgastes que decidió conservar.

En algunos casos, el rastro de los hongos quedaron incorporados a la superficie luego de ser tratados para que no siguieran avanzando y, en otros, el deterioro del material generó una apariencia que le interesó conservar porque volvía a las pinturas “medio antiguas”, casi como si fueran recuperadas.

En algunos casos, el rastro de los hongos quedaron incorporados a la superficie
En algunos casos, el rastro de los hongos quedaron incorporados a la superficie

Esa aceptación de lo vivo como parte de la obra no fue un episodio aislado dentro de su trayectoria. En trabajos ya había utilizado látex, madre del vinagre, plantas y otros materiales sometidos a procesos de transformación con el paso del tiempo.

El título, Resaca de río, remite a una expresión de uso corriente en el litoral: “Es el nombre de todo aquello que el agua arrastra y deja acumulado en la orilla”. La también actriz definió ese conjunto como “una especie de compost del río” y dijo que le interesó tanto por esa materialidad de resto como por la resonancia con la idea de borrachera y caída. Esa lógica aparece en varias de las figuras que describió como “bailarines caídos o borrachines tumbados”, así como en la disposición general del recorrido.

La sala azul, donde empieza la muestra, concentra las pinturas “un poquito más esperanzadas”, mientras que en la más grande, la exhibición se vuelve más terrestre, más densa y más ligada al peso de piedras, conchas y lavas que cuelgan como esculturas-péndulos, marcando el recorrido y sacando al cuerpo de una contemplación inmóvil, museística, para forzar el desplazamiento dentro del espacio.

Las piedras utilizadas, en ese sentido, provienen de la orilla del río a la altura de Vicente López. Restos de demoliciones urbanas que la ciudad arroja en su avance sobre el agua y que el tiempo erosiona.

Finalmente, en la Sala de la Colección se presenta una selección de piezas de distintos períodos y geografías
Finalmente, en la Sala de la Colección se presenta una selección de piezas de distintos períodos y geografías

Finalmente, en la ya clásica Sala de la Colección, que acompaña cada muestra, se presenta una selección de piezas, curada por Groesman y Tessi, de distintos períodos y geografías para explorar la representación del cuerpo como territorio de identidad, memoria, deseo y poder.

El recorrido abarca desde figuras mesoamericanas hasta obras contemporáneas de artistas como Tracey Emin, Nan Goldin, Cindy Sherman y Guerrilla Girls, abordando temas como género, vulnerabilidad, exilio, infancia, maternidad, sexualidad y resistencia.

*Resaca de río, de Denise Groesman, se exhibe en la galería Moria (Bolívar 430 2do piso), de jueves a sábado de 16 a 20hs. Entrada gratuita.

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