
La muerte de Jane Austen a los 41 años en 1817 sigue sin una causa médica concluyente, ya que su enfermedad fue descrita entonces con términos vagos como “consunción” o “declive” y la destrucción de gran parte de su correspondencia por parte de su hermana Cassandra dejó a los historiadores sin datos clínicos que hoy podrían haber aclarado el caso.
De las cerca de 3.000 cartas que se cree que escribió la novelista, solo sobreviven unas 160, muchas de ellas además editadas por Cassandra u otras personas, según HistoryExtra. Ese vacío documental alimentó durante décadas hipótesis que van desde un linfoma hasta lupus o intoxicación por arsénico.
PUBLICIDAD
La incertidumbre se explica también por el contexto médico de comienzos del siglo XIX. Durante la vida de Austen, las enfermedades eran frecuentes y a menudo mortales, el conocimiento anatómico era limitado y los tratamientos eficaces casi no existían.
Ir al médico era costoso y las opciones habituales incluían alcohol, opio y sangrías con sanguijuelas. Los gérmenes todavía no habían sido identificados, no existían antisépticos ni antibióticos y las cirugías se practicaban sin anestesia.

La enfermedad de Jane Austen nunca fue documentada con precisión
La familia de Austen y el médico que la atendió, el cirujano Giles King Lyford del hospital del condado de Winchester, dejaron constancia de una dolencia imprecisa. La escritora murió sin que se realizara una autopsia.
PUBLICIDAD
Las cartas conservadas muestran que en sus últimos años sufrió un deterioro grave de salud que la dejó postrada en su casa de Chawton, cerca de Alton, en Hampshire. En mayo de 1817 le escribió a su amiga Anne Sharp para describir un episodio reciente: “Mis principales sufrimientos fueron noches febriles, debilidad y languidez. Esta secreción estuvo conmigo durante más de una semana, y como nuestro boticario de Alton no pretendía ser capaz de afrontarla, se pidió mejor consejo”.
En esa misma carta añadió que el especialista más cercano estaba en Winchester y que uno de sus cirujanos la atendió hasta que sus aplicaciones fueron retirando el mal. Dos días después viajó a esa ciudad para ponerse bajo el cuidado de Lyford y ya no volvió a su casa.
PUBLICIDAD
Austen murió el 18 de julio de 1817 acompañada por su hermana Cassandra. La combinación de síntomas descritos por ella misma y la falta de un diagnóstico formal abrió el camino a interpretaciones posteriores muy distintas entre sí.

Las teorías fueron del arsénico al linfoma y el lupus
Una de las hipótesis más llamativas apareció en 2011, cuando la novelista policial Lindsay Ashford sostuvo que Austen pudo haber sido asesinada. Citada por The Guardian, Ashford relacionó una frase escrita poco antes de su muerte con un posible envenenamiento por arsénico.
La autora observó que Austen había dicho: “Ahora estoy considerablemente mejor y recupero un poco mi aspecto, que ha sido bastante malo, negro y blanco y de todos los colores equivocados”. Ashford vinculó esa descripción con alteraciones de la pigmentación cutánea compatibles con el arsénico y reforzó su idea después de que un mechón de cabello de la escritora diera positivo para esa sustancia.
PUBLICIDAD
La hipótesis fue rechazada por la profesora Janet Todd, editora de la edición de Cambridge de la obra de Austen. Todd señaló que muchos remedios del siglo XIX contenían arsénico, incluidos preparados que decían aliviar el reumatismo y que la autora pudo haber consumido.
Otra explicación propuesta fue la enfermedad de Addison, planteada en 1964 por el médico y escritor inglés Zachary Cope. Ese trastorno, asociado a insuficiencia suprarrenal, puede provocar fatiga, debilidad, pérdida de peso y manchas claras y oscuras en la piel.

Con el tiempo, ese diagnóstico perdió fuerza. Uno de los problemas de esa teoría es que el Addison de origen tuberculoso suele ser rápidamente mortal, mientras que Austen estuvo enferma durante aproximadamente un año antes de morir.
PUBLICIDAD
La posibilidad de un linfoma de Hodgkin ganó más apoyo entre algunos especialistas y biógrafos. La periodista Claire Tomalin la defendió en 1997 en su libro Jane Austen: A Life, y la misma conclusión fue expuesta por Annette Upfal, profesora de literatura británica en la Universidad de Queensland, en un artículo de Medical Humanities de 2005.
Esa lectura se apoyó en varios elementos presentes en las cartas. Austen describió fiebres periódicas, un rasgo asociado al linfoma de Hodgkin, y el avance lento de la enfermedad también encaja con un deterioro prolongado como el que atravesó durante su último año.
PUBLICIDAD
Más recientemente, en 2022, el cirujano retirado Michael Sanders propuso que la escritora pudo haber muerto por lupus eritematoso sistémico. Tras revisar de forma exhaustiva las cartas conservadas, sostuvo que esa enfermedad autoinmune crónica también coincide con síntomas como fatiga, dolor articular, problemas cutáneos, daño orgánico y fiebres recurrentes.

La destrucción de cartas privó a los historiadores de detalles decisivos
La pregunta central sigue sin respuesta definitiva: nadie sabe con certeza de qué murió Jane Austen. Lo que sí se sabe es que la falta de registros médicos claros, la ausencia de autopsia y la desaparición de gran parte de su correspondencia impidieron establecer un diagnóstico concluyente.
La quema de cartas por parte de Cassandra probablemente eliminó referencias adicionales a síntomas o tratamientos. Según la publicación, apenas unos pocos detalles más podrían haber resuelto de manera concluyente un enigma médico que lleva más de dos siglos abierto.
PUBLICIDAD
Esa decisión, de todos modos, no necesariamente respondió a un intento de ocultar la causa de muerte. Es probable que Cassandra quisiera proteger la imagen pública de su hermana o evitar que circularan comentarios críticos o poco favorables sobre familiares y personas influyentes de la época.
También es posible que Austen, una persona reservada, no hubiera querido que su correspondencia se conservara. Cassandra tampoco tenía por qué prever el valor histórico de esos papeles ni imaginar que, más de 200 años después, su gesto seguiría condicionando lo que puede saberse sobre la enfermedad final de Jane Austen.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
John Connolly, escritor: “Soy como un cuervo, busco cosas brillantes para robarlas y usarlas, aunque sean terribles”
El autor irlandés presenta ‘Hijos de Eva’, la vigesimotercera entrega de la saga de Charlie Parker, y conversa sobre el mal, la memoria y los límites de la escritura. “Necesito la posibilidad de un fracaso”, dice

50 años de ‘Entrevista con el vampiro’: cómo el peor dolor de mi madre inspiró un clásico de culto de la literatura gótica
La primera novela de Anne Rice, maltratada por la crítica de la época y con la mayoría de sus ejemplares destruidos, contenía el secreto de una tragedia familiar. Así lo cuenta su hijo

Qué leer esta semana: 4 libros para viajar en el tiempo, de la Nueva York de Lorca al temible futuro cercano
El menú incluye: relato del alemán que vino con Pedro de Mendoza, el poeta español en la Gran Manzana, los ochenta desde una mirada infantil y una distopía que está a la vuelta de la esquina

Sergio Sabha escribió la guía que todo tesista necesita tener en cuenta para la era de la inteligencia artificial
El libro ‘Manual para la elaboración de una tesis’ ofrece una completa hoja de ruta para estudiantes y tutores, con herramientas digitales y un enfoque responsable sobre el uso de la tecnología

Guía de Arte y Cultura: semana del 2 al 9 de octubre de 2026
Una agenda completa con variadas propuestas: música, teatro, cine, ferias, muestras y cursos que componen un programa de imperdibles



