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Gladys Florimonte contó cómo transformó el menosprecio de su padre: “Tengo el nombre de su amante”

La actriz y humorista confesó en Bondi Live cómo las heridas que le dejó su papá en su infancia las convirtió en una carrera consagrada en la actuación

La actriz y humorista confesó que su nombre proviene de la amante de su padre y cómo esa marca definió una infancia de descalificación (Video: Story time/ Bondi Live)

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En una entrevista a corazón abierto, Gladys Florimonte expuso el costado más íntimo y doloroso de su historia familiar. En diálogo con Story time —el ciclo conducido por Nazarena Vélez, Barbie Vélez y Alejandra Maglietti en Bondi Live— la actriz y comediante reveló que su nombre es el de la amante de su padre, un dato que atravesó su identidad desde la infancia y que marcó para siempre el vínculo con su familia.

La artista relató cómo ese legado, lejos de resignarse al silencio o la vergüenza, se transformó en un motor de superación y en la llave de su orgullo personal y profesional.

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Gladys Florimonte
“Tengo el nombre de la amante de mi padre, Gladys Julia”, contó Gladys Florimonte en el ciclo de Nazarena Vélez, Barbie Vélez y Gladys Florimonte

Durante la charla, la actriz no dudó en contar una de las historias más impactantes de su biografía. Explicó que su madre “era una santa”, pero que su padre tenía fama de “picaflor” y mantenía relaciones fuera del matrimonio. En uno de los viajes a Córdoba, el hombre conoció a Gladys Julia, una mujer con quien sostuvo un vínculo extramatrimonial.

La actriz recordó que, al nacer, su padre y su padrino propusieron ponerle el nombre de esa mujer. “Tengo el nombre de la amante, Gladys Julia”, confesó, resignificando en voz alta una marca biográfica que, según contó, le fue revelada muchos años después por su propio hermano: “Un día me dijo: ‘¿De qué hablás? Si vos tenés el nombre de la amante de papá’”.

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Ese dato, lejos de ser solo una anécdota, se convirtió en un nudo identitario. Florimonte remarcó que la relación de su familia con Córdoba no era casual: su hermano, camionero, también frecuentaba la provincia y llegó a conocer en persona a la mujer cuyo nombre lleva la actriz.

Gladys Florimonte en Carlos Paz
“A mi papá le llevé el Premio María Guerrero al cementerio y le dije: ‘¿Viste quién soy?’”, rememoró (Instagram)

El relato de Florimonte profundizó en el daño emocional que provocó el trato de su padre durante su niñez. Recordó que, desde muy chica, fue objeto de descalificaciones y frases que minaban su autoestima. “No estudia esta, no sabe hacer nada, esta es un desastre”, evocó sobre los juicios que escuchaba a los siete u ocho años.

La actriz confesó que esos comentarios la hacían llorar a escondidas en el primer piso de la casa familiar. La falta de reconocimiento y apoyo por parte de su padre marcó sus primeros años y condicionó su relación con el propio deseo de superarse.

“Cuando yo empecé a estudiar teatro dije: ‘Yo sí voy a ser, yo lo voy a lograr y tu nombre va a ser conocido’”, relató sobre el momento en que decidió transformar esa herida en un objetivo vital. La figura paterna, antes símbolo de límite, se volvió entonces el punto de partida de una promesa de revancha personal.

Gladys Florimonte con un Premio Carlos, galardón que destaca al teatro de Villa Carlos Paz
Gladys Florimonte con un Premio Carlos, galardón que destaca al teatro de Villa Carlos Paz

La consagración pública llegó muy temprano en su carrera cuando Gladys Florimonte obtuvo el Premio María Guerrero, el máximo reconocimiento del teatro argentino, a los 22 años. En un gesto cargado de significado, llevó el galardón al cementerio donde descansan los restos de su padre.

“Le dije: ‘Mirá, acá está. Mirá quién soy. Gladis Florimonte. ¿Viste que llegué? ¿Viste quién soy? Y hoy tengo tu apellido y tu apellido es un orgullo’”, narró. La escena funcionó como síntesis de una vida dedicada a revertir un mandato de descalificación.

El recorrido de Gladys Florimonte en el arte comenzó con una formación rigurosa junto a grandes maestros como Agustín Alezzo y Augusto Fernández. Su debut profesional se produjo en el Teatro San Martín con la obra Babilonia, y con ese papel recibió el Premio María Guerrero.

Desde esos primeros pasos, Florimonte consolidó una carrera versátil en la comedia popular y el teatro de humor, en cine, teatro y televisión, construyendo una identidad propia que resignificó el peso de su historia familiar.

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