
“Quería hacer una relación real y sana, pero incluso las relaciones sanas a veces tienen conductas que son juzgables”, comentó Tamara Molina a Infobae. La escritora española visitó Argentina para presentar Cuando te atrevas a sentir, su tercera novela, “la más personal” de su carrera y habló sobre el proceso de escritura, la construcción de sus personajes y el miedo a las emociones.
La novela sigue a Naila y Bruno, dos protagonistas que comparten una misma sensación de extravío pero la viven de maneras radicalmente distintas. Naila salta de trabajo en trabajo, no termina la carrera, no se encuentra. Bruno, en cambio, tiene todo lo que se supone que debía querer. “Personas perdidas como Bruno son mucho más silenciosas, porque cuando están en un buen lugar, nadie se para a pensar que esa persona puede estar infeliz”, explicó Molina durante la entrevista en el marco de la 50° edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
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Esa distinción entre dos formas de crisis fue el punto de partida narrativo. Molina quería retratar el vacio existencial que atraviesan muchas personas al entrar en los veinte o treinta años, pero sin reducirla a un solo modelo visible. Según cuenta la autora, el desafío mayor estuvo en construir la voz de Bruno. “Empecé a escribirlo y Bruno actuaba demasiado bien en todo momento. No hacía nada, actuaba según lo que Naila narraba o hacía. Me di cuenta de que yo misma le estaba cortando los pensamientos, así que le dejé hablar y salió solo”, relató.
Con Naila, el proceso fue diferente pero no menos exigente. La escritora reconoció que el personaje bebe directamente de su propia experiencia: “Naila es mi personaje más personal porque es con la que me he sentido durante mucho tiempo. Tuve que rascar mucho. Entonces, si bien fue fácil escribirla, también fue doloroso”. Aun así, impuso un límite claro: no quería que la protagonista cayera en la victimización. “Ella ya lo sabe, lo ha aceptado y ya está”.
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Por otro lado, el mayor reto técnico fue, precisamente, la construcción del vínculo entre ambos. Dos personas que no están bien consigo mismas no pueden ofrecerse mutuamente lo que aún no tienen, y esa premisa condicionó cada decisión narrativa. La dificultad no era solo estructural: Molina admitió que escribir una historia tan anclada en la realidad tuvo un costo emocional. “Es la novela que más me ha costado escribir porque es una novela muy realista y a veces la realidad no es bonita. Son dos personas que están perdidas, que no están bien, no pueden tener un romance idílico porque es imposible, no pueden dar el uno al otro lo que necesitan porque no se lo dan ni a ellos mismos”, explicó. El objetivo era sostener un romance creíble sin caer en lo tóxico ni en lo idílico.“Son personajes complejos, cambiantes”, resumió.
La elección del romance como género no es casual. Para Molina, el amor —romántico, de amistad, familiar— funciona como el hilo que sostiene una historia mientras los personajes atraviesan sus propias crisis. “¿Qué hay más universal que el amor y sobre todo qué hay más esperanzador?”, preguntó. En ese sentido, el romance opera como el rayito de esperanza al que se aferra el lector mientras los protagonistas resuelven lo que tienen pendiente consigo mismos.
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La autora ya tiene un próximo proyecto finalizado y con fecha de lanzamiento. Se trata de Saciar a la bestia, un romance paranormal que marca un giro respecto a su obra anterior: la historia de Rina, una humana que trabaja en una central de atención a criaturas sobrenaturales, y Velkan, un vampiro con centenares de crímenes a sus espaldas que la arrastra hacia una situación de peligro. Durante la entrevista, Molina anticipó es que se trata de algo muy diferente a lo anterior y que lo disfrutó “como hacía mucho que no disfrutaba escribiendo”. El libro sale en octubre en España.

Ese salto hacia un género completamente distinto no sorprende a quien la escucha hablar de su proceso creativo. Molina siempre se definió como alguien sin camino recto, y eso aplica tanto a su vida como a su escritura. Cuando se le preguntó si prefiere pensar en el futuro o vivir el presente, la respuesta fue directa: “Lo ignoro, creo. Nadie lo sabe, absolutamente nadie. Tomar un camino recto no te lleva a ese futuro que creés que vas a tener”.
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La misma lógica que atraviesa Cuando te atrevas a sentir y que, según admitió, aprendió escribiéndola. “Nadie tiene las cosas claras, los adultos solo son niños grandes intentando llevar la vida como buenamente pueden”, dijo. Para Molina, esa certeza no es resignación: es el punto de partida desde el cual, tanto sus personajes como ella misma, empiezan a encontrarse.
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