
Alice Kellen ya cuenta con tres visitas a la Argentina y dos consecutivas a la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. La autora es tan querida en el país que en cada presentación agota localidades. 2026 no fue la excepción, la sala José Hernández se colmó de lectores apasionados.
En la previa del evento, la escritora española habló con Infobae sobre el lanzamiento de El club del olvido y la celebración del inminente estreno de dos adaptaciones audiovisuales: el lanzamiento de una película inspirada en su bilogía Deja que ocurra y una serie de El mapa de los anhelos en Netflix.
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Pero antes de hablar de libros y pantallas, había una pregunta inevitable. ¿Qué la trae de vuelta? “Pues a ver, de la Argentina me atrae todo”, respondió entre risas. “Hay lugares en los que te sentís muy acogida. A veces hay ciudades que te encantan, pero que tienen una parte hostil, por mucho que te guste. A mí eso siempre me pasa, por ejemplo, con Londres, que me apasiona, pero nunca me llego a sentir cómoda del todo. En cambio, en París o acá en Buenos Aires, esa sensación de ir por la calle y estar a gusto, que es tu lugar, que podrías vivir acá.”

Esa comodidad se extiende también al vínculo con quienes la leen. “Las lectoras y los lectores argentinos son tan maravillosos, como la mayoría, pero muy intensos, muy generosos. Siempre me siento muy conectada a este lugar”
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Cada visita tiene su propia lógica de exploración, acotada por un cronograma que casi no deja margen. “Cada vez que vine a Buenos Aires nos dejan muy poco ratito libre porque obviamente tenemos la agenda llena. La primera vez pude ir a la librería El Ateneo, dar una vuelta. El año pasado quería ir sí o sí al cementerio. Me empeñé. Teníamos la comida prevista en el hotel y dije: ‘Por favor, no, quiero ir al cementerio’”, comentó haciendo referencia al Cementerio de la Recoleta.
La escritora argentina Mariana Enríquez tiene algo que ver en todo esto. Kellen la citó para explicar su fascinación por los cementerios: “Me encanta su libro de los paseos por cementerio. Me parece que son superbonitos, un lugar de calma que te conecta con la muerte, con la vida, con la belleza, con lo efímero, con el paso del tiempo. Siempre que voy a una ciudad intento visitar también cementerios.”
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Esta tercera visita no fue la excepción en cuanto a la escasez de tiempo libre, pero sí en el tono. “Este año fue más improvisado porque tenía solo dos horas y me habían hablado de un café rosa que estaba acá al lado del hotel. ns fuimos para allá con un amigo y luego estuvimos yendo a unas galerías de arte. Me enamoré de un cuadro de un artista local que se llama Javier Talía y no sé cómo me lo voy a llevar a casa.”
“El club del olvido”: inspiración y nuevas búsquedas
La nueva novela de Kellen sigue a cuatro amigos de la infancia —Samuel, Abel, Max y Tristán— que abren un bar juntos y ven cómo sus viejos silencios se convierten en secretos capaces de destruirlo todo. La llegada de Dalia, una joven ajena a su mundo, es lo que los obliga a mirarse de frente por primera vez.
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Una peculiaridad de este libro es el lenguaje dialogado y casi teatral que usa la autora. “La novela se prestaba mucho a ello, porque es muy coreografiada, están en muchísimas escenas los cinco en un espacio pequeño”, explica. Para evitar acotaciones repetitivas y favorecer la fluidez, optó por diálogos ágiles y directos entre los personajes.

Reconoce que este recurso puede sorprender inicialmente, pero asegura que “una vez pasas las primeras páginas, te metes y casi no hace falta leer el nombre para saber quién está hablando”. Así, persigue “la sensación de estar allí con ellos en la conversación, de una manera más limpia, sin ruido alrededor”.
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La autora subraya que el centro de la novela es la amistad en la vida adulta: “Quería hablar de la amistad, de esas amistades que nos son dadas desde la infancia”. El club del olvido reflexiona sobre cómo los vínculos evolucionan con el tiempo y cómo el afecto se mantiene, incluso cuando las trayectorias personales divergen. La llegada de un personaje ajeno al grupo, Dalia, le brinda la oportunidad de explorar nuevas dimensiones en esos lazos antiguos.
Al preguntarle si esta obra representa una nueva etapa en su escritura, Kellen es clara: “Yo lo único que tengo claro es que tengo que ser fiel a mí misma”. Recalca que no se guía por las expectativas ajenas y prefiere dejarse llevar por las ideas que más le atraen. No descarta volver a la línea romántica más clásica —de hecho, adelantó que las próximas dos ideas que tiene en mente se parecen más a esa línea— pero advierte que nunca va a escribir algo solo porque encaje con lo que se espera de ella. “No me veo escribiendo una historia simplemente porque crea que va a funcionar o porque es lo que se espera de mí”, dijo.
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La presión, admite, siempre existe. Pero aprendió a procesarla sin dejar que dicte sus decisiones. “Cada novela tiene su público, no podés contentar a todo el mundo”, enfatiza. Y agrega algo que funciona casi como una advertencia para sí misma: “Lo que sí que tengo es la presión de estar tranquila conmigo misma, de satisfacerme a mí, de hacer cosas que me nutran y me motiven”.

Esa misma honestidad la llevó a enfrentarse a uno de los ejercicios más exigentes para cualquier escritor: releer y reescribir su propio pasado. Kellen presentó una reedición de Sigue lloviendo, su segunda novela, y describió el proceso como “duro”. No por la historia en sí, que sigue considerando válida, sino por la distancia entre la escritora que la concibió y la que es hoy. “La historia me gusta, me parece interesante, pero tenía como once o doce años. La manera en la que está escrita es lo que cambia”, explicó.
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La intervención fue quirúrgica: corrigió, reescribió y añadió la historia del pasado de los personajes, pero con un límite claro. Cambiarla por completo hubiera sido, en sus propias palabras, casi más fácil que reescribirla. “Para eso es casi más fácil escribirla de cero y ponerle otro título”, reconoció. Lo que buscaba era preservar la esencia de aquella novela sin traicionarla.
La reedición también le permitió cerrar un círculo. Muchos lectores no sabían que Sigue lloviendo era su segunda novela y la percibían como un giro inesperado en su carrera. Para Kellen, en cambio, era la prueba de que siempre había alternado registros. “Desde el principio, de vez en cuando metía historias más sentimentales”, aclaró. Esperó el momento justo para abordarla: “Durante unos años no me veía muy capaz de reescribirla. Necesité que llegase el momento ideal”.
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Ese momento ideal parece haberse extendido también hacia adelante. Sobre sus próximos proyectos fue reservada, pero dejó una pista que alcanza para generar expectativa. “Creo que el 2027 va a ser un año... el público se va a sorprender y va a ser muy interesante y muy divertido”, anticipó con una sonrisa. Las ideas ya están, las ganas también. Solo falta el tiempo para que todo tome su forma.
De la novela a la pantalla: adaptaciones audiovisuales próximas al estreno
Dos de sus historias más queridas están a punto de tener una segunda vida. Deja que ocurra, la bilogía que narra el vínculo prohibido entre Leah —una joven rota tras perder a sus padres en un accidente— y Axel, el mejor amigo de su hermano mayor, llega al cine la primera parte: Todo lo que nunca fuimos.
Por otro lado, El mapa de los anhelos, la historia de Grace Peterson, una chica que nunca salió de Nebraska y encuentra en un juego el mapa hacia su propia identidad, se convierte en serie para Netflix.
Kellen explicó que ambos proyectos se trabajaron con años de antelación y que su coincidencia en el tiempo fue imprevista. La película demandó alrededor de cinco años de desarrollo, en gran parte porque la productora que adquirió los derechos debió buscar financiamiento y apoyo para sacarla adelante. La serie, en cambio, tuvo un proceso más acotado: “aproximadamente dos años desde los primeros pasos hasta la producción”.
Su rol en ambos proyectos fue deliberadamente acotado. “Lo único que yo quería era leer los guiones”, dijo. “En el resto creo que tenés que ser generosa y confiar en que son profesionales y hacen su trabajo.” Visitó ambos sets durante el rodaje y lo que más la sorprendió no fue la maquinaria técnica sino la cantidad de personas involucradas. “Es increíble. Son incontables”, describió.
Lo que sí la entusiasmó de lleno fue el trabajo sobre los guiones, que conecta directamente con lo que más le interesa del proceso creativo. Contar una historia en otro código, con otras reglas, le abre posibilidades que la novela no siempre permite. “Hay cosas que no funcionan en un libro y a la inversa”, señaló. “Contar una historia en otro código, mucho más directo, rápido, conciso, te da otras posibilidades. Es tentador porque viene a ser lo mismo: el hecho de imaginar, de narrar una historia, pero desde otro ángulo.”
De cara al futuro, Kellen no cierra la puerta a nuevas adaptaciones, aunque por ahora prefiere esperar. “Vamos a ver qué tal estas dos y ojalá la película vaya bien y se pueda hacer la segunda parte”, dijo. Hay muchas novelas escritas a lo largo de su carrera que podrían recorrer el mismo camino, pero el presente, por ahora, le alcanza.
La Kellen de este año no es exactamente la misma que pisó Buenos Aires en 2025. Ella misma trazó la diferencia: el año pasado fue “una de esas épocas en las que tenés que armar otra vez todas las piezas para que te encaje la vida”. Este año, dijo, vuelve con más calma.
Esa calma no es indiferencia ni distancia. Es más bien la de alguien que encontró su lugar, que sabe lo que quiere escribir y por qué, que puede sentarse frente a dos mil lectores con gratitud genuina en lugar de con angustia. La de alguien que, cuando tiene dos horas libres en medio de una gira, las usa para perderse en una galería de arte y enamorarse de un cuadro de un artista porteño desconocido para ella hasta ayer.
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