
Ewan McGregor, por un momento fugaz después del estreno de Trainspotting, se sintió como una estrella de rock. No era su primer proyecto importante; ni siquiera era su primera película con el director Danny Boyle. Y, según sus propias palabras, en ese entonces era bastante arrogante y seguro de sí mismo. Pero esa película vertiginosa sobre cuatro adictos a la heroína en la Escocia de finales de los años ochenta fue —y, treinta años después, sigue siendo— definitoria: en su carrera, en la cultura y en su comprensión de lo que puede significar la verdadera satisfacción artística.
“Es muy parte de esa etapa temprana de mi carrera y, por supuesto, incluso hoy, probablemente la obra más importante en la que participé, simplemente porque tuvo un efecto enorme en mi vida. No solo por lo que logró, sino por cómo se sintió hacerla”, dice McGregor. “Puso el listón muy alto sin saberlo, porque desde entonces ha sido difícil igualarlo”.
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Tanto McGregor como Boyle sienten cierta nostalgia por aquella época y por lo que crearon, justo antes del relanzamiento por el 30.º aniversario. A partir del viernes, una restauración digital en 4K estará en las salas de Estados Unidos y Europa. Aunque Trainspotting fue muy representativa de su momento, con su banda sonora britpop, el realismo de la era Thatcher, su tono de comedia negra y su aguda mezcla de euforia y tragedia, también ha resistido el paso del tiempo.

“Se te acercan chicos de 17 años que dicen que recién la vieron”, contó Boyle. “Podría ser su abuelo... y aun así les habla”.
Poner Hollywood en pausa
Danny Boyle era muy solicitado tras Tumbas al ras de la tierra, una comedia negra de 1994 sobre compañeros de piso en Edimburgo protagonizada por McGregor, y desde Hollywood lo llamaban. Literalmente. Sharon Stone, en el auge de su fama, lo llamó directamente para proponerle hacer una película juntos. Pero él tenía la vista puesta en la primera novela de Irvine Welsh, y volvió a trabajar con el guionista John Hodge y el productor Andrew Macdonald.
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El presupuesto sería pequeño, 1,5 millones de libras (unos 1,9 millones de dólares), y el rodaje sería rápido y local. No sabían lo que no sabían: Boyle recuerda haberle preguntado a su director de fotografía, el fallecido Brian Tufano, si podían usar una cámara de sonda anal para la escena del “peor baño de Escocia”. “Recuerdo que me dijo: ‘Bueno, Danny, sí, puedes conseguir eso. Pero no sé cómo se lo tomarán Ewan, su familia y su agente’”, relató Boyle entre risas. “Él moderaba mi manera extrema de abordar este material”.

Y de alguna manera, todo funcionó, impulsado por la energía juvenil, algo de arrogancia y un compromiso apasionado con la historia. “Hubiera sido un desastre si se hubiera hecho de otra forma”.
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“Trainspotting tenía que hacerse así”, reflexiona McGregor, que tenía 23 años en ese momento. “Hubiera sido un desastre si se hubiera hecho de otra forma”. Para él, parte de la vitalidad venía del hecho de que rodaban en celuloide; el dinero pasaba por la cámara en cada toma. “Ahora rodamos en estas tarjetas y ya no importa”, cuenta McGregor. “Ya no existe ese ritmo natural en el cine como antes. Pienso en Tumbas al ras de la tierra y Trainspotting y parece casi un trabajo diferente”. Boyle también ha buscado esa inocencia desde entonces. Dice que quizás estuvo cerca en su próxima película, Ink, con Jack O’Connell.
“Era liberador no tener suficiente dinero, porque no tenías la limitación de pensar: eso será demasiado extremo para el estudio o para el alcance de público que se espera”, explica Boyle. “Podías hacerlo de modo que, si no funcionaba, simplemente te retirabas cabizbajo y llamabas a Sharon Stone para decirle: ‘Me equivoqué’”.
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El momento de estrella de rock
Como toda película sobre drogas, hubo polémica en su estreno. El candidato presidencial estadounidense Bob Dole incluso la denunció, sin haberla visto, por supuestamente romantizar la heroína durante su campaña. Pero la película formaba parte de la conversación —y tenía un grupo envidiable de seguidores, incluidos Jarvis Cocker, de Pulp, y Damon Albarn, de Blur, quienes aportaron canciones para la banda sonora.
Después del éxito de Trainspotting, la vida de Ewan McGregor cambió profundamente. En Londres, según relata, “fue una locura”. Compartía piso con su coprotagonista Jonny Lee Miller, Jude Law y Sean Pertwee. Cuando salían a clubes nocturnos, se sentían como estrellas de rock. “Había una energía real alrededor”, cuenta el actor.
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“Éramos parte de esa movida... Blur, Oasis, Pulp, The Verve y toda esa música increíble que surgía entonces. Nosotros éramos como la versión cinematográfica, supongo, porque Danny sabía lo que hacía con la banda sonora y porque la novela era enorme y actual y... Tal vez porque era nuestra. Era británica y no intentaba agradar a Estados Unidos. No la hicimos para gustar en Estados Unidos”.
Boyle espera que el público se anime a ver Trainspotting en el cine, ya sea para revivirla o por primera vez. Dice que fue hecha con un amor absoluto por el cine. “Le debe mucho a Buenos muchachos, que también transmite esa sensación de: estás aquí para dejarte sacudir por una experiencia”, afirma. “Ya sabes, nos diste tu dinero y tu tiempo para estar aquí durante 90 minutos, dos horas, lo que sea, y prometemos, prometemos darte todo lo que podamos”.
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Fuente: AP
[Fotos: Liam Longman/Sony Pictures Classics vía AP; REUTERS/Daniel Cole]
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