
Los restos del poeta y novelista guatemalteco, premio Nobel de Literatura, Miguel Ángel Asturias serán repatriados de Francia a Guatemala a mediados de octubre próximo, anunció este martes el gobierno centroamericano.
El cuerpo de Asturias, nacido en 1899 y galardonado con el Premio Nobel en 1967, descansa en el cementerio Père Lachaise de París, en donde fue sepultado tras morir en España a causa de un cáncer el 9 de junio de 1974. “Esperamos se puedan solventar todos los temas que están pendientes para que en octubre de este año podamos tener una verdadera fiesta alrededor de la repatriación”, dijo el ministro de Cultura, Luis Méndez Salinas. El funcionario señaló que el “objetivo es que el 19 de octubre” se concrete la “inhumación” en un espacio del centro cultural que lleva el nombre del escritor en Ciudad de Guatemala.
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Asturias es reconocido por su compromiso con los indígenas y grupos marginados de Guatemala. “El retorno de Asturias no una cuestión meramente protocolaria, es algo mucho más profundo, que implica pensar, repensar, conversar, alrededor de su obra y alrededor de las conversaciones que el país no ha terminado de tener”, agregó Salinas en un homenaje al poeta al cumplirse 52 años de su fallecimiento.
Su libro más célebre es El Señor Presidente (1964), inspirada en la dictadura de José Manuel Estrada Cabrera (1898-1920). Además, destacan su obra Hombres de Maíz, considerada la primera novela hispanoamericana del “Realismo Mágico”, y Leyendas de Guatemala (1930), su primer libro publicado y donde narra cuentos de origen maya. Hace dos años, Miguel Ángel Asturias Amado, hijo del escritor, anunció durante un acto junto con el presidente guatemalteco Bernardo Arévalo la decisión de la familia de repatriar los restos al país centroamericano.
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Miguel Ángel Asturias, Nobel de Literatura en 1967
La Academia Sueca otorgó el Premio Nobel de Literatura de 1967 a Miguel Ángel Asturias, con la distinción de ser el primer escritor de su país y el segundo latinoamericano en recibir ese galardón, tras la poeta chilena Gabriela Mistral, laureada en 1945. La Academia fundamentó el reconocimiento en una fórmula precisa: su obra fue premiada “por su vívido logro literario, profundamente arraigado en los rasgos nacionales y las tradiciones de los pueblos indígenas de América Latina”. Asturias había sido nominado por primera vez en 1964, a propuesta de Erik Lindegren, miembro de la propia Academia, y recibió candidaturas consecutivas hasta que el galardón le fue concedido.
En la ceremonia de entrega celebrada el 10 de diciembre de 1967 en Estocolmo, Anders Österling, secretario permanente de la Academia Sueca, presentó al escritor guatemalteco ante el rey de Suecia con palabras que subrayaban el peso político y estético de su trayectoria. Österling describió El Señor Presidente como “una magnífica y trágica sátira que critica el prototipo del dictador latinoamericano”, y señaló que “el apasionado vigor con que Asturias evoca el terror y la desconfianza que envenenaron el ambiente social de la época hace de su obra un desafío y un gesto estético invaluable”. Al dirigirse directamente al laureado, el secretario de la Academia le dijo: “Usted viene de un país lejano, pero no deje que ese hecho lo haga sentir hoy como un extraño entre nosotros. Su obra es conocida y apreciada en Suecia. Nos complace recibirlo como mensajero de América Latina, su pueblo, su espíritu y su futuro”.
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En el banquete Nobel que siguió a la ceremonia, Asturias tomó la palabra para reflexionar sobre el significado del premio y sobre su propia obra. Con un discurso de tono poético, el escritor describió su incorporación a la familia Nobel como algo que trascendía los lazos civiles: “A los vínculos de sangre, a la relación civil, se añade una nueva consanguinidad, un parentesco más sutil, nacido del espíritu y de la tarea creadora”. Sobre su escritura y su América, señaló que las novelas latinoamericanas “aparecen a los europeos como ilógicas o aberrantes”, y explicó el porqué: “No son desconcertantes por el mero efecto de choque. Es simplemente que lo que nos sucedió fue desconcertante”. La conferencia Nobel que pronunció dos días después, el 12 de diciembre, llevó por título La novela latinoamericana: testimonio de una época y trazó un recorrido desde las literaturas mayas, aztecas e incas hasta la narrativa contemporánea del continente.
Con información de: AFP
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