Victoria Ocampo y un esperado regreso: reeditan la autobiografía de una figura central de la literatura y la historia cultural argentina

Agotada durante décadas, en estos días llegarán a librerías los tres primeros tomos. Infobae habló con algunos de los responsables de esta nueva edición. Todos los detalles y por qué es importante la noticia

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Hace más de cuatro décadas que los libros no se reimprimían. Esta reedición llega en momento en que la escritura de Victoria Ocampo, y no solo su figura, podría hallar una mayor consagración.
Hace más de cuatro décadas que los libros no se reimprimían. Esta reedición llega en momento en que la escritura de Victoria Ocampo, y no solo su figura, podría hallar una mayor consagración.

Era tan exquisita y exigente que no le alcanzaba lo que hacía; no se consideraba una escritora aunque escribir le resultaba inevitable. “Yo no soy una escritora. Soy simplemente un ser humano en busca de expresión. Escribo porque no puedo impedírmelo, porque siento necesidad de ello y porque es mi única manera de comunicarme con algunos seres, conmigo misma. Mi única manera”, escribió Victoria Ocampo (1890-1979) en sus Testimonios, el conjunto de diez tomos que contienen sus artículos y ensayos. De eso hablaba hace tiempo, cuando dominaba el pudor incluso en ella, que supo saltar al vacío cada vez que fue necesario, y cuando la primera persona no dominaba la escena literaria. Hace varios años que el yo consiguió permear las murallas de todo canon y hoy la voz por escrito de Victoria vuelve para instalarse. Agotada desde hace mucho, reeditan su autobiografía que, a partir de ahora, podría convertirse en la puerta de entrada a una obra tan potente y singular como subestimada.

La reedición de los seis tomos que componen la Autobiografía de Victoria Ocampo –después de cuarenta y siete años de su primera versión– fue un trabajo conjunto entre la Asociación Amigos de Villa Ocampo y la Fundación SUR. Como resultado de un intenso trabajo que demandó doce meses de digitalización, diseño, revisión, corrección y actualización editorial, en una primera etapa saldrán a la venta los tres primeros volúmenes (El archipiélago, El imperio insular y La rama de Salzburgo) de esta obra fundamental de la cultura argentina y más adelante saldrán los otros tres. El precio de cada tomo será de $32.000 y los ejemplares se encontrarán pronto disponibles en las tiendas de Villa Ocampo (San Isidro), Villa Victoria (Mar del Plata) y en la mayoría de las librerías.

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Escritora, ensayista, traductora, editora y gestora cultural, Victoria Ocampo fue una figura central en el desarrollo de la vida intelectual argentina y latinoamericana. Fundadora de la legendaria revista SUR y luego de la Fundación y la editorial del mismo nombre, celebró y agitó en sus publicaciones las principales corrientes culturales de su tiempo y dejó como autora una obra autobiográfica de excepcional valor testimonial y literario que, recién en los últimos años, comenzó a hallar legitimación crítica.

Las anteriores ediciones de la Autobiografía fueron publicadas entre 1979 y 1984, luego de la muerte de Victoria Ocampo y estaban fuera de circulación desde hace décadas. Los seis tomos de aquellas ediciones se convirtieron en un tesoro para pocos, casi una contraseña de hojas amarillas de tiempo.

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El proyecto de reedición fue llevado adelante por personas e instituciones vinculadas al legado de Victoria. La Fundación Sur, titular de los derechos de la obra de la escritora, acompañó el proceso a través de su presidente, Javier Negri. Ernesto Montequín, director del Centro de Documentación de Unesco-Villa Ocampo, aportó material fotográfico del archivo y asesoró en cuestiones documentales y editoriales.

También participaron Patricia Pellegrini, miembro de la Asociación Amigos de Villa Ocampo, y Elisa Mayorga, de la Fundación SUR, quienes trabajaron en las tareas de digitalización, relectura, corrección y traducción de textos y también formó parte de este grupo Ubaldo Aguirre, presidente de la Editorial SUR.

Victoria Ocampo, en una foto de Ray Man
Victoria Ocampo, en una foto de Ray Man

La nueva edición incorpora criterios editoriales unificados, la identificación completa de personas hoy ya conocidas públicamente que en la versión original eran mencionadas mediante iniciales y notas aclaratorias de referencias históricas, culturales y bibliográficas que hoy podrían resultar menos accesibles para los lectores. Los ejemplares son más grandes que los originales y la tipografía tiene un cuerpo mayor, lo que permite una lectura más amable.

La reedición fue financiada por la Asociación Amigos de Villa Ocampo, que por estos días evalúa nuevas alternativas de financiamiento para completar la publicación de los tres tomos restantes de la obra: Viraje, Figuras simbólicas, Medida de Francia y SUR y Cía.

Dijimos que ella misma rehusaba a llamarse escritora. En el primer tomo de su autobiografía, explica que la habría “aliviado” escribir en tercera persona, pero que “es un instrumento que no he aprendido a manejar”. Dice también que así como le dio el título de Testimonios a sus artículos y ensayos, “tendría que darle a mi Autobiografía, a mis Memorias, un título prudente: Documento. Documento en la tercera acepción del vocablo (diccionario de la Academia Española): ‘Cualquier cosa que sirve para ilustrar o comprobar algo’”.

Victoria, cronista de su vida y la de los otros. Documentalista, conversadora oral y por escrito. Esnob, para las lecturas críticas durante décadas; tilinga, para las lecturas más ideologizadas que hegemonizaron la escena en determinado momento histórico. La literatura se le escapa, pero nada le interesa más. Lo explica así:

“Aborrezco eso que podría llamarse hacer literatura, fabricarla torpemente, sin capacidad para usar las palabras como instrumentos de precisión adecuados al fin que nos proponemos. Es decir, caer en la afectación, deficiencia mucho más lamentable que el uso de los borrosos lugares comunes. (...) Tampoco quiero hacer ”literatura" entre malévolas comillas. Y menos con recuerdos. Pero declaro que en lo que atañe a la buena literatura, no soy yo quien la evita, será ella quien se aparta de mí en todo caso. Pues una de las cosas que más he admirado es la cosa escrita".

Los tres primeros tomos de la nueva edición de la "Autobiografía" de Victoria Ocampo respetan la versión original aunque añade notas aclaratorias. Los ejemplares son más grandes y la tipografía es de mayor tamaño.
Los tres primeros tomos de la nueva edición de la "Autobiografía" de Victoria Ocampo respetan la versión original aunque añade notas aclaratorias. Los ejemplares son más grandes y la tipografía es de mayor tamaño.

El público lo pedía

Marta Álvarez Molindi es la presidenta de la Asociación de Amigos de Villa Ocampo. La reedición de estas memorias era para ella un proyecto importante desde lo personal y desde su lugar en la organización. “Leí los seis tomos de la Autobiografía a los veintipico, y charlábamos sobre eso con amigos, caminando por la playa en Pinamar. Yo vivía bastante cerca de Villa Ocampo”, recuerda a pedido de Infobae.

Y sigue así: “Pasaron unos años y entré a la Casa abrazada a esos libros. Estaba... deteriorada, los yuyos altos, sin gente. Tengo un recuerdo muy oscuro de eso. Años después volví y ya existía una asociación de amigos de la que me hice socia; poco después ingresé a su Comisión Directiva y años después tomé la presidencia, hasta hoy en dia. Por todo esto, esta reedición es muy importante para mí pero para la asociación es fundamental porque hace cuarenta y dos años (!) que no se reedita y lo que se lee allí es la voz de Victoria hablando sobre su vida, sin intermediarios. El público que visita la casa y pasa por la tienda pide siempre una Autobiografía y hasta ahora no existía una completa. Y una vez más, ¿cómo no va a estar la voz de Victoria en su casa, en Villa Victoria (Mar del Plata) y en las librerías para que pueda ser conocida?”

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La lectura de la obra de Victoria Ocampo estuvo siempre atravesada por prejuicios de clase e ideológicos. Además, era la única escritora de su grupo que no escribía ficción.

La escritora detrás de la figura

Investigador, traductor y ensayista, curador de varias exposiciones sobre Victoria Ocampo y la revista SUR, Ernesto Montequin es el director del Centro de Documentación UNESCO-Villa Ocampo. Desde esa función, fue uno de los asesores para esta nueva edición. Infobae conversó con él a propósito de la extraordinaria novedad literaria.

— ¿Por qué era necesario que volviera a estar accesible la autobiografía de Victoria?

— Lo que pasó con Victoria en los últimos años es que se la recuperó como figura pero no siempre la gente recuerda que, además de todo lo que hizo, fue escritora, con una obra propia como los Testimonios –también hay un proyecto de reedición de los Testimonios, que son los volúmenes en los que ella misma incluía artículos, ensayos, notas que iba publicando en revistas y diarios, que son diez volúmenes y la Autobiografía, que son sus dos obras mayores en materia de escritura. La Autobiografía es fundamental porque es la propia construcción de su vida, con todo lo que eso implica, porque fue una obra que le costó mucho escribir, sobre la que tuvo muchas dudas, muchas vueltas, se la dio a leer a mucha gente. Pensá que ella empezó a escribirla en los años 50, es decir a los 60 años, y fue publicando algún que otro fragmento y después, bueno, hasta su muerte siguió, digamos, trabajando en esa autobiografía. Es una obra que de alguna manera cuenta ciertas cosas que no se conocían hasta entonces: cuestiones de su vida amorosa, de su vida personal, no solamente su vida pública.

— Tal vez lo que voy a preguntar puede ser un lugar común, pero ¿pensás que la fuerza que tomó la obra de Silvina Ocampo o incluso la de Bioy en su momento, y la potencia de la obra de todos aquellos que la rodearon familiar y profesionalmente, opacó ese costado de escritura de Victoria, y la arrojó para siempre al lugar de la gestora cultural, por llamarlo de algún modo?

— Y, en cierto modo sí, porque hay que tener en cuenta que Victoria no escribió ficción.

— Claro.

— De este grupo, más allá de las disidencias o de las afinidades que tenía con todos ellos, ella era la única que no escribía ficción ni poesía, salvo algunos poemas de juventud. Entonces eso ya la dejó en una categoría diríamos menor.

— Claro, inferior para la época en términos de cómo se conceptualizaba la literatura.

— Exacto. Pero, al mismo tiempo, con toda la valorización de la crónica como género literario de los últimos años, se la tiene que situar ahí, en una línea que con Mansilla. Y en ese sentido sí me parece que se la puede recuperar literariamente porque es una cronista. Y, en ese momento, la crónica era un género casi periodístico, no literario. Entonces ahora creo que sí están dadas las condiciones para recuperarla como la gran cronista que fue.

— El otro día en la presentación de la nueva novela de Alan Pauls en el Malba, él hablaba de la recuperación en formato literatura de lo que antes se consideraba menor como podían ser los diarios o las cartas de un escritor.

— Sí, absolutamente. Es que, bueno, por razones que serían muy largas de explicar, en todo el ámbito hispanoamericano, las autobiografías, los diarios, los epistolarios, nunca tuvieron estatuto de género literario por derecho propio.

— Así es.

— Ya sea por la influencia de la religión, por otras cuestiones culturales, no solo literarias, nunca se les dio estatuto de obra literaria. Y eso pasa también con las biografías. La biografía para nosotros es un género periodístico, no es un género literario. Es decir, tené en cuenta que para escribir una biografía, además de ser investigador, hay que ser un escritor o una escritora. Entonces, no hay tradición en ese sentido. Y ahora creo que en los últimos años sí se está descubriendo que los epistolarios, los diarios, las autobiografías también son literatura. Más allá de que, como decía (Guillermo) Cabrera Infante, literatura es todo lo que se lea como tal. Pero como género, como conciencia, que es lo que pasa con Bioy, con Victoria misma, era gente que leía mucha autobiografía porque conocía muy bien la tradición inglesa, la tradición francesa, en las que entre las grandes obras hay autografías, epistolarios, diarios. Entonces, cultivaban esos géneros sabiendo perfectamente que estaban escribiendo una obra literaria, no un género meramente documental. Y creo que recién ahora, por lo menos entre nosotros, se está valorando, se está descubriendo eso también... No me refiero a la autoficción o cualquiera de esos artilugios que son muy discutibles sino a la verdadera tradición de la literatura del yo como los epistolarios, diarios, todo lo que decíamos recién. Es decir, que eso puede tener un estatuto plenamente literario.

Adolfo Bioy Casares, Victoria Ocampo y Jorge Luis Borges en la Rambla de Mar del Plata, en 1935.
Adolfo Bioy Casares, Victoria Ocampo y Jorge Luis Borges en la Rambla de Mar del Plata, en 1935.

— Lo que estaría pasando ahí en términos de procedimiento es cómo los hechos reales pasan por el trabajo del estilo y el lenguaje. Una vez que atraviesan eso, ahí se puede determinar si es o no es literatura. Algo así sería.

— Algo así, en el sentido de que hay también una conciencia de estilo.

— A eso voy, sí.

— Absolutamente. Es decir, no sólo qué escribir sino cómo escribirlo.

— Por eso pienso en lo que mencionabas antes en relación a los textos que ella publicaba en diarios o revistas. También hay periodistas que son escritores y hay periodistas que no lo son, aunque escriban.

— Exactamente. Sí. Y hay periodistas que hacen literatura a pesar de sí mismos.

— También.

— Pero son mucho menos los que quieren hacer literatura, siendo periodistas. Pero en el caso de Victoria, ella siempre decía que sólo podía escribir sobre algo inmediato. Es decir, su escritura respondía siempre a un estímulo externo, ¿no? Un libro, una situación, una persona, un momento histórico. Entonces había una relación con el presente que la situaba en un contexto de una lectura muy inmediata.

— Sin haberla conocido, aunque habiéndola leído, siempre imaginé que su literatura, su escritura, estaba bastante vinculada al modo en que ella seguramente hablaba. A su relato oral, ¿no?

— Por supuesto, pero es la tradición de la prosa de Mansilla.

— Sí, la causerie.

— La causerie y el tono llano, digamos, de conversación.

— Exacto.

— Absolutamente, sí. Es decir, eso es notable, no quería hacer literatura. Y, bueno, también por una cuestión si querés de clase, de crianza, el horror a toda afectación, ¿no?

— Claro, pero es que ella misma no debía considerar lo suyo como literatura.

— No, obviamente que no. Es decir, ella escribía casi como una necesidad más vital. Y también le daba más valor a lo testimonial. O sea, por algo le puso Testimonios al conjunto de esos textos. Es decir, ella misma se sustraía a esa valoración. No trataba de hacer pasar por literatura aquello que escribía. Aunque sí lo pensaba como testimonios.

Victoria Ocampo, pintada en 1922 por Anselmo Miguel Nieto
Victoria Ocampo, pintada en 1922 por Anselmo Miguel Nieto

Prejuicios que impedían leerla

— La reedición de su autobiografía podría permitir que conozca su obra gente que hasta hoy sigue afectada, además, por un prejuicio de clase y por sus ideas políticas. Pienso en la revista Contorno, en la década del 50, y en la hostilidad manifiesta contra Victoria y el proyecto Sur, por considerarla a ella elitista, de derecha y sin compromiso intelectual.

— Sí, porque ahí tenemos el prejuicio con Victoria, que es algo que impidió leerla hace mucho tiempo. Y la Autobiografía es interesante en ese sentido, por ejemplo cuando cuenta el background de donde salió ella. Es decir, cuando vos pensás que los tatarabuelos de Victoria por parte materna, que eran Manuel Aguirre, y por parte paterna, Manuel Ocampo, son firmantes de las actas de la Revolución de Mayo.

— Cierto.

— Entendés, todas las acusaciones de extranjerizante, etcétera… Lo que pasa es que es un concepto distinto el patriciado, que tiene muy poco que ver con esa idea esquemática de lo que era la oligarquía. Patriciado es otra cosa, son como los founding fathers, gente que tenía otra mentalidad, otros valores, otros criterios. Son miembros del grupo que decidió la ruptura con España, entonces, ahí ya las cosas cambian. Y creo que la autobiografía ayuda un poco a poner eso en perspectiva, a tenerlo en cuenta. Era rarísimo porque había argentinos de primera generación que la cuestionaban a Victoria, por ejemplo. Se daban esas paradojas o ese pensamiento esquemático acerca de Sur como tan extranjerizante porque toda la gente relacionada con ese grupo social leía en francés, en inglés. Pero ellos no tenían necesidad de leer traducciones. Entonces, ¿para quiénes hacían esas traducciones? ¿A quiénes estaban destinadas?

— Bueno, tenían presente la idea de la divulgación como un proyecto de educación, también.

— Y te diría que como misión cívica. Con la conciencia, digamos, de esa pertenencia del patriciado que ponía sus propios bienes al servicio del país, la generación del 80, por ahí. Es toda una una mentalidad, ¿no?

— Es muy interesante pensar eso. Hay tanto que se pierde en términos de los prejuicios. Hacia un lado y hacia el otro.

— Exacto. Porque yo también a veces digo que a Victoria le hicieron más daño los admiradores incondicionales que los detractores.

— ¿Cómo sería eso?

— Y, porque la llevaron a un bronce que no la favorecía y la usaron como una especie de bastión, digamos, de resistencia contra el peronismo, contra la izquierda, con tantas cosas... Es decir, le quitaron todos los matices, ¿no? Y toda la complejidad que tiene el personaje.

victoria ocampo
Victoria Ocampo fundó la revista SUR y la fundación y la editorial del mismo nombre. La reedición de su autobiografía es una gran oportunidad para conocer su escritura y también para leer sobre historia argentina.

— Sí, yo pensé mucho en ella durante los años de la pelea por el aborto legal. Pensaba muchísimo en ella, en las cosas que ella escribió a propósito de los derechos de las mujeres.

— Sí, claro. Esto no se sabe mucho, pero, por ejemplo, ella cuenta sobre su relación con Julián Martínez (N. de la R. Julián era primo de Mónaco Estrada, el marido de Victoria y fue su amante durante 13 años. Toda esta historia se cuenta en el tercer tomo de su autobiografía). Bueno, él era un hijo ilegítimo. Entonces, cuando Perón, en el 54, en su contienda contra la Iglesia promueve una ley que equipara a los hijos nacidos fuera del matrimonio con los nacidos dentro del matrimonio, Victoria saca un artículo en Sur diciendo algo así como que “a pesar de que no le debo nada a este régimen que me metió presa, tengo que saludar esto”.

— Cuánto más abierta que la mayoría de las personas.

— Claro, claro. Es que con ella pasa ecomo con SUR. Hay como una mirada muy cristalizada o, la hubo hasta hace un tiempo, ahora esto está cambiando por suerte, y un pensamiento esquemático que la reducía a una especie de figura unidimensional.

Victoria y Silvina Ocampo, su hermana menor, una de las grandes narradoras argentinas.
Victoria y Silvina Ocampo, su hermana menor, una de las grandes narradoras argentinas.

— Sí, y también está la idea de la tilinguería, de su lugar de admiradora profesional de grandes personajes como con Virginia Woolf y la leyenda alrededor de ese vínculo.

— Es cierto que había una admiración por parte de Victoria y también es cierto que Virginia Woolf la veía como un objeto un poco exótico y que además le servía para darle celos a Vita Sackville-West. Pero si uno sale un poco de las relaciones obvias de Victoria, empieza a descubrir con el tiempo que otras figuras que recién se están valorando ahora Victoria las conoció y tuvo en su momento con ellos una relación muy interesante. Por ejemplo, Benjamin Fondane, que era un poeta y cineasta que Victoria trajo a la Argentina en el 29 para que proyectara películas de vanguardia. El trajo acá Un perro andaluz, de Buñuel.

— Qué genial.

— Y después ella tuvo trato con él. En el 39 él le da sus manuscritos porque sabía que venía la guerra y Victoria los trajo a Buenos Aires, para protegerlos. Él se queda escondido durante toda la ocupación en París hasta que, al final, un mes antes de la liberación de París, lo delata la portera de su edificio y él termina en un campo de concentración. Y por eso Victoria, cuando es el juicio de Eichmann y se desata la polémica acerca de si se había vulnerado la soberanía argentina por parte de Israel (N. de la R.: agentes del Mossad, el servicio secreto israelí, secuestraron al criminal de guerra Adolf Eichmann en Buenos Aires en 1960 y lo trasladaron a Jerusalén para juzgarlo. Fue condenado a muerte por crímenes de guerra y de lesa humanidad y ejecutado en la horca en 1962), ella dice bueno, no me importa, yo por estos amigos, y cita a Fondane y a otros, apoyo lo que hizo Israel. Entonces, es muy interesante si uno empieza a mirar a Victoria en su contexto, con cosas que no se saben y que la muestran como alguien con muchas más facetas y nada previsible.

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