Anne Dufourmantelle, filósofa francesa: “El mayor riesgo, lo hemos sabido siempre, es amar: salir del encierro, del vientre de la soledad, del refugio de lo familiar”

En “Elogio del riesgo”, su obra cumbre, la psicoanalista parisina nos invita a abandonar la anestesia de la seguridad para abrazar la incertidumbre del encuentro con el otro. La historia de una mujer que ponderaba el cuidado de los demás y murió intentando salvarle la vida a un niño

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Anne Dufourmantelle, filósofa francesa: “El mayor riesgo, lo hemos sabido siempre, es amar; salir del encierro, del vientre de la soledad, del refugio de lo familiar”
Anne Dufourmantelle, filósofa francesa: “El mayor riesgo, lo hemos sabido siempre, es amar; salir del encierro, del vientre de la soledad, del refugio de lo familiar”

Hay frases que funcionan como un bisturí, cortando la gruesa capa de protección que construimos a nuestro alrededor. Cuando Anne Dufourmantelle escribió en Elogio del riesgo que amar es la mayor de las amenazas estaba lanzando una invitación radical. “El mayor riesgo, lo hemos sabido siempre, es amar; salir del encierro, del vientre de la soledad, del refugio de lo familiar”, escribió. Para ella, el riesgo no es el peligro de los deportes extremos, sino la decisión consciente de suspender nuestras certezas.

El libro, publicado originalmente bajo el título Éloge du risque en 2011, se convirtió rápidamente en un texto de culto. En él, la autora cruza el psicoanálisis con la filosofía para cuestionar nuestra sociedad actual, obsesionada con el “riesgo cero” y la seguridad absoluta, donde todo está medido y controlado. Dufourmantelle sostiene que esa búsqueda de protección total nos termina encerrando en el “refugio de lo familiar”, una zona de confort que, lejos de darnos vida, nos la quita por goteo.

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Su escritura, cargada de una sensibilidad poética poco común en la academia, rescata la belleza de la vulnerabilidad humana frente a un mundo que nos exige ser implacables. La psicoanalista argentina Alexandra Kohan escribió en un artículo publicado en Polvo en el año 2020 que “el riesgo del que Dufourmantelle se ocupa es el de la posibilidad de ‘la irrupción de lo inédito’ (...) lo inédito que se suscita si se está dispuesto a dejar de pretender asir lo inasible, si se está dispuesto a vivir sin rechazar lo incierto”.

Anne Dufourmantelle
En “Elogio del riesgo”, su obra cumbre, la psicoanalista parisina nos invita a abandonar la anestesia de la seguridad para abrazar la incertidumbre del encuentro con el otro. La historia de una mujer que ponderaba el cuidado de los demás y murió intentando salvarle la vida a dos niños

Para la pensadora gala, amar implica “salir del vientre de la soledad”. Es la entrega de las armas: dejar de ser ese individuo autosuficiente y blindado para quedar expuesto. En su visión, el amor es el riesgo supremo porque no tiene garantías; es el acto de desobediencia más puro contra un sistema que nos quiere aislados y productivos. La idea central de su obra es que solo a través de esa exposición, de ese “salto al vacío” que es el deseo, logramos realmente habitar nuestro presente.

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¿Quién es Anne Dufourmantelle?

Filósofa, psicoanalista y una de las mentes más brillantes de la Francia contemporánea, Anne Dufourmantelle (París, 1964 – Saint-Tropez, 2017) se formó en la Universidad de Brown y en la Sorbona. Su obra es un cruce exquisito entre la clínica freudiana y la metafísica, plasmada en libros fundamentales como La hospitalidad (coescrito con Jacques Derrida), En caso de amor, Inteligencia de los sueños y, por supuesto, su consagratorio Elogio del riesgo, que traspasó geografías y circuló por todo el mundo.

Su final parece el epílogo trágico y coherente de su propia teoría. En 2017, mientras se encontraba en una playa de Ramatuelle, en la Costa Azul, vio que dos niños luchaban por salir del mar debido al fuerte oleaje. Sin dudarlo, Dufourmantelle se lanzó al agua para rescatarlos. Los niños sobrevivieron, pero ella fue arrastrada por la corriente y falleció de un paro cardíaco. Murió como vivió: asumiendo que el riesgo —especialmente aquel que se corre por el otro— es la forma más alta de la dignidad humana.

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